domingo, 13 de diciembre de 2009

LO QUE ESTA EN JUEGO EN COPENHAGUE

La marcha internacional convocada ayer en Copenhague para denunciar la falta de legitimidad de los gobiernos que buscan soluciones falsas al cambio climático superó las expectativas, ya que acudieron más de 100 mil personas Foto Reuters
12/13/2009
Lo que está en juego en Copenhague
Leonardo Boff
En Copenhague, los 192 representantes de los pueblos se enfrentan a algo irreversible: la Tierra ya se ha calentado, en exceso, por causade nuestro estilo de producir, de consumir y de tratar la naturaleza.
Sólo nos cabe adaptarnos a los cambios y mitigar sus efectos perversos.
Lo normal sería que la humanidad se preguntase como un médico pregunta
a su paciente: ¿por qué hemos llegado a esta situación?
Importa considerar los síntomas e identificar la causa. Seria un error tratarlos síntomas dejando sin tratar la causa, que seguiría amenazando la
salud del paciente.
Es exactamente lo que parece estar ocurriendo en Copenhague. Se buscan medios para tratar los síntomas pero no se va a la causa fundamental.
El cambio climático con eventos extremos es un síntoma producido por gases de efecto invernadero que tienen la huella digital humana.
Las soluciones sugeridas son: disminuir los porcentajes de gases, más altos para los países industrializados y más bajos para aquellos en desarrollo; crear fondos financieros para socorrer a los países pobres y transferir tecnologías para los atrasados. Todo esto en el marco de incontables discusiones que dificultan los consensos mínimos.
Estas medidas atacan solamente los síntomas. Hay que ir más al fondo,a las causas que producen tales gases perjudiciales para la salud detodos los vivientes y de la propia Tierra.
Copenhague sería la ocasión de echarle valor y hacer un balance de nuestras prácticas en relacióncon la naturaleza, reconocer con humildad nuestra responsabilidad y con sabiduría recetar el remedio adecuado. Pero no es esto lo que está previsto. La estrategia dominante es como recetar aspirina a quien tiene una grave enfermedad cardiaca en vez de hacerle un trasplante.
Tiene razón la Carta de la Tierra cuando reza: «Como nunca antes en la historia, el destino común nos convoca a buscar un nuevo comienzo...Esto requiere un cambio en la mente y el corazón». Es exactamente esto: no bastan los remiendos, necesitamos recomenzar, es decir,encontrar una forma diferente de habitar la Tierra, de producir y de consumir con una mente cooperativa y un corazón compasivo.
De entrada urge reconocer que el problema no en sí la Tierra sino nuestra relación con la Tierra. Ella ha vivido más de cuatro mil millones de años sin nosotros y puede continuar tranquilamente sin nosotros. Nosotros no podemos vivir sin la Tierra, sin sus recursos y servicios. Tenemos que cambiar. La alternativa al cambio es aceptar el riesgo de nuestra propia destrucción y de una terrible extinción de la biodiversidad.
¿Cuál es la causa?
El sueño de buscar la felicidad a través de la acumulación material y del progreso sin fin, usando para eso la ciencia y la técnica con las cuales se puede explotar de forma ilimitada todos los recursos de la Tierra. Esa felicidad es buscada individualmente, entrando en competición unos con otros, favoreciendo así el egoísmo, la ambición y la falta de solidaridad.
En esta competición, los débiles son víctimas de aquello que Darwin llama selección natural. Sólo los que mejor se adaptan, merecen sobrevivir, los demás son, naturalmente, seleccionados y condenados adesaparecer. Durante siglos predominó este sueño ilusorio, haciendo pocos ricos por un lado y muchos pobres por el otro, a costa de una espantosa devastación de la naturaleza. Raramente se plantea la pregunta: ¿puede una Tierra finita soportar un proyecto infinito? La respuesta nos viene siendo dada por la propiaTierra. Ella sola no consigue reponer lo que se le ha extraído. Perdió su equilibrio interno por causa del caos que hemos creado en su base físico-química y por la contaminación atmosférica que la hizo cambiarde estado.
De continuar por este camino comprometeremos nuestro futuro.
¿Qué podríamos esperar de Copenhague?
Apenas esta sencilla confesión: así como estamos no podemos continuar.
Y un propósito simple: Vamos acambiar de rumbo.
En vez de la competición, la cooperación.
En vez de progreso sin fin, armonía con los ritmos de la Tierra.
En lugar del individualismo, la solidaridad generacional.
¿Utopía? Si, pero una utopía necesaria para garantizar un porvenir.

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