lunes, 24 de enero de 2011

"NI MÁS SANGRE" VS. "NOMÁS SANGRE" (UNIVERSOS PARALELOS)

por Rius, El Fisgón, Helguera, Hernández y Patricio



A mediados del siglo XX, apoyado en la física cuántica, el científico norteamericano Hugh Everett desarrolló la hipótesis de los universos paralelos; según esta idea, podrían existir varios universos más o menos independientes pero simultáneos.

Hasta ahora, esto se consideraba una mera teoría científica, pero el debate que se da hoy en torno a la guerra contra el crimen organizado, iniciada por Calderón, parece confirmar que sí pueden existir y hasta coexistir universos paralelos y simultáneos.

En un primer universo viven funcionarios del gobierno calderonista, locutores de radio y televisión, algunos columnistas de prensa, uno que otro escritor y un puñado de grandes empresarios. Para ellos, México es un país democrático, próspero, de instituciones sólidas y el presidente es un hombre valiente que asumió el reto de combatir a la delincuencia organizada; la violencia que enluta y aterra al país es culpa de los delincuentes -de nadie más- y el que ésta se haya recrudecido en los últimos años sólo prueba que hay que redoblar esfuerzos para combatirla.

En este universo, en la guerra contra el narco, prácticamente todos los muertos son delincuentes y todos los asesinatos son cometidos por las bandas criminales; para los habitantes de ese mundo, cuestionar las políticas de seguridad pública del gobierno es justificar las acciones delincuenciales y el reclamo de “¡No más sangre!” sólo puede ir dirigido a los criminales, a nadie más. En especial, les resulta inadmisible que una exigencia de este tipo se le haga al gobierno porque, según ellos, no hay cómo demostrar que éste tenga que ver con el derramamiento de sangre, y están convencidos que detrás de la campaña “No más sangre” no hay una intención humanista, sino intereses políticos inconfesables.

En un segundo universo estamos una bola de ciudadanos indefensos, sin guaruras. En este mundo paralelo, México es un país en demolición. Aquí, el modelo económico ha contribuido al crecimiento del narco, el pacto democrático se rompió de manera unilateral en 2006, el presidente tiene problemas de legitimidad y echó a andar -con torpeza y descuido- una guerra que ha desatado la violencia a niveles de escalofrío.

En este planeta bizarro hay una clara relación entre las decisiones del gobierno en materia de seguridad pública y el incremento de la violencia. Antes de que Calderón declarara su guerra, los asesinatos relacionados con el narco estaban muy por debajo de las cifras alcanzadas en este sexenio: en 2007 hubo 2 mil 673 muertes ligadas al crimen organizado; 5 mil 630 en 2008; 7 mil 724 en 2009 y 15 mil 273 en 2010.

En este universo, decenas de analistas advirtieron de los riesgos de declararle una guerra así al crimen organizado y han señalado, una y otra vez, fallas importantes en la estrategia; las más evidentes: que no se persigue el lavado de dinero ni las redes de protección política.

Aquí hay periodistas que denuncian el enriquecimiento inexplicable de policías y funcionarios y documentan su posible colusión con el crimen organizado, pero el gobierno hace caso omiso de estos señalamientos; hay un sesgo en la lucha contra los cárteles, pues mientras uno maneja el 70% de la droga que se mueve en el país, sólo el 12% de los narcos detenidos pertenecen a ese bando.

En este universo hay un retroceso de 20 años en materia de libertades civiles, han aumentado las violaciones a los derechos humanos por parte del ejército y la marina, las fuerzas armadas desechan las recomendaciones de la CNDH, han sido asesinados importantes activistas de derechos humanos –entre ellos, Josefina Reyes, Marisela Escobedo y Susana Chávez- y se ha denunciado que muchos levantones atribuidos al narco son, en realidad, desapariciones políticas.

En este universo, nadie -pero nadie- defiende a los delincuentes, ni los exime de culpas, ni culpa al gobierno de crímenes ajenos. En este universo, el lema “No más sangre” sirve para exigirle al gobierno que cumpla con el deber fundamental de todo Estado: darle seguridad a sus ciudadanos; que haga lo que está en sus manos para evitar que el baño de sangre siga y se profundice; recordarle que las fallas, desaciertos y errores que comete en este terreno cuestan vidas y causan dolor.

Los que vivimos en este universo esperamos que Hugh Everett tenga razón, que sí existan universos paralelos y que podamos aspirar a un país mejor, menos cruel y violento. Deseamos estar viviendo en el universo equivocado y les deseamos a quienes viven en el mundo paralelo que el horror del nuestro no los alcance.

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