
AMLO EN SALTILLO
ven, eschucha y sé historia
Mañana miércoles 26 de enero
4:30 de la tarde
Plaza de Armas
Álvaro Delgado
PROCESO
Otros seis muchachos fueron abatidos por al menos 180 balas disparadas por sujetos desconocidos que huyeron en tres vehículos y se perdieron en las calles de Ciudad Juárez, Chihuahua, donde hace casi un año, el 30 de enero, tuvo lugar la matanza de 15 jóvenes en Villas de Salvárcar, a los que Calderón tildó de pandilleros.
El asesinato de los siete muchachos se produjo ayer, domingo 23, en la víspera de la visita de la secretaria de Estado, Hillary Clinton, a México, para tratar de sepultar las imputaciones de ineptitud y corrupción del gobierno de México en la guerra contra el crimen organizado, atribuidas por el embajador Carlos Pascual.
Son dos expresiones de esta guerra vergonzante: La imbatible violencia que cada vez cobra la vida de más inocentes --que anima la legítima demanda social de “no más sangre”-- y el intervencionismo creciente de Estados Unidos por la debilidad de Calderón.
Lo de menos es que Clinton venga a México a decirle a Calderón que lo admira, porque todos saben que eso es falso y forma parte de la parafernalia diplomática, porque seguramente vino a darle instrucciones de cómo proceder contra la violencia, que amenaza la seguridad nacional de Estados Unidos, como lo declaró su propio vocero, Philip Crowley.
“No creo que el tema acá sea si la estabilidad de nuestra sociedad está en riesgo, pero ciertamente es una amenaza a la seguridad nacional”, dijo Crowley en rueda de prensa, el pasado viernes 21, tres días antes de la visita de su jefa a México, una declaración semejante a la que hizo la propia Clinton, en octubre pasado, sobre el narcoterrorismo.
¿Qué pactaron Calderón y Clinton en su reunión de este lunes? Muy probablemente no lo sabremos tan rápido, como los arreglos que quedaron por escrito en informes enviados a Washington y que dio a conocer el portal Wikileaks y cuyo contenido, no desmentido, exhibe el vasallaje de Calderón ante Estados Unidos.
Apenas ayer supimos, gracias también a la difusión de cables estadounidenses difundidos por Wikileaks y publicados en el diario El País, que México permite a agentes del FBI interrogar a indocumentados retenidos en instalaciones del Instituto Nacional de Migración (INM) para detectar supuestos terroristas.
No es admisible que Cecilia Romero, excomisionada del INM y secretaria general del Partido Acción Nacional (PAN), eluda su responsabilidad en este asunto que vulnera la soberanía nacional –que en general a los panistas les importa nada--, y que Calderón evada, por su parte, la solicitud que hizo a Estados Unidos de actuar justamente en Ciudad Juárez.
Según un documento, en febrero del año pasado Calderón solicitó a la secretaria de Seguridad Interior de Estados Unidos, Janet Napolitano, la participación del Centro de Inteligencia de El Paso (EPIC, por sus siglas en inglés) para pacificar Juárez y dar una respuesta a la exigencia de disminuir la violencia en esa localidad.
Parece una solicitud desesperada ante la violencia que unos días antes había cobrado la vida de los 15 jóvenes, pero el entreguismo es inaceptable.
Vaya, hasta el programa “Todos somos Juárez”, la respuesta a la matanza de Salvárcar, ha sido un fracaso, como documenta Proceso en la edición de esta semana, que lamentablemente coincide con la tragedia de los siete adolescentes abatidos a balazos en una de las canchas de futbol rápido…
Apuntes
Pesar por la muerte del obispo emérito Samuel Ruiz García, cuya obra social y pastoral ahora sí será desmantelada por Felipe Arismendi, obviamente por instrucciones de El Vaticano.
Comentarios: delgado@proceso.com.mx
La salud del presidente de la República es un asunto de seguridad nacional. Sus decisiones afectan, para bien o para mal, la vida de los mexicanos, y determinan las relaciones políticas, económicas y sociales con otros países. Por ello, el gabinete de seguridad nacional debe preocuparse y ocuparse de lo ocurrido hace unos días a su jefe Felipe Calderón, quien, ante un clima de terror y presión por la amenaza del narcotráfico, ha llegado a un punto mental de negar dichos y hechos que antes repetía con insistencia.
Hace dos semanas, Calderón afirmó, en un diálogo con organizaciones civiles, que nunca había calificado como una “guerra” el combate que el gobierno federal sostiene en contra de la delincuencia organizada. De inmediato, los medios de comunicación desmintieron al presidente y exhibieron –con grabaciones de imagen y voz– cómo desde que llegó a Los Pinos ha repetido una y otra vez que se trata de una “guerra” (sic) del Estado en contra de los cárteles de la droga.
Esta contradicción en el pensamiento del mandatario mexicano no es cosa menor y debe ser analizada por un cuerpo médico de especialistas, quienes deben determinar su estado de salud física y mental para que el Congreso considere si el jefe del Ejecutivo está en condiciones de gobernar. Sobre todo porque el tema de la delincuencia organizada y la violencia que asola el país –con un saldo de más de 34 mil ejecutados en sus cuatro años de gobierno, de los cuales más de 15 mil fueron asesinados en 2010– lo ha sometido a duras críticas y presiones.
Recordamos que hace algunos años, cuando arrancó su campaña a la Presidencia, Calderón se refirió al candidato opositor Andrés Manuel López Obrador como “un peligro para México”, y hace apenas unos meses, en una entrevista radiofónica, al explicar el motivo de aquella dura declaración, el mandatario argumentó que el odio y la rabia social del excandidato presidencial habían contaminado a un importante sector de la sociedad.
Ahora, desesperado, contradictorio y bipolar en su forma de gobernar, Calderón es quien debe someterse a un tratamiento clínico para determinar si está en condiciones de salud adecuadas para seguir tomando decisiones sobre el rumbo del país y que sean las mejores para los mexicanos, o aclarar si él es quien se ha convertido en “un peligro para México”.
En Estados Unidos, el Departamento de Estado coincide en la urgencia de revisar si Calderón está en condiciones de gobernar. Así lo hizo saber la secretaria de Estado, Hillary Clinton, quien, según las filtraciones de Wikileaks sobre México, solicitó en uno de los cables fechado en diciembre de 2009 se le informara cómo están afectando en la personalidad del presidente Felipe Calderón y en su forma de gobernar las noticias adversas de la “guerra” contra el narcotráfico y la crisis económica en México. También el gobierno de Obama considera que el mandatario mexicano puede ser un peligro para la seguridad nacional de Estados Unidos.
Como referencia, en Wikipedia se explica que la enfermedad de trastorno afectivo bipolar, también conocido como trastorno bipolar y, antiguamente, como psicosis maniaco-depresiva, es el diagnóstico siquiátrico que describe un trastorno del estado de ánimo caracterizado por la presencia de uno o más episodios con niveles anormalmente elevados de energía, cognición y del estado de ánimo.
Agrega que clínicamente se refleja en estados de manía o, en casos más leves, hipomanía junto con episodios concomitantes o alternantes de depresión, de tal manera que el afectado suele oscilar entre la alegría y la tristeza de una manera mucho más marcada que las personas que no padecen esta patología.
Por lo general, dice Wikipedia, tiene expresión por un desequilibrio electroquímico en los neurotransmisores cerebrales. Adicionalmente, debido a las características del trastorno bipolar, los individuos tienen más riesgo de mortalidad por accidentes y por causas naturales, como las enfermedades cardiovasculares. A pesar de ser considerado un trastorno crónico y con una alta morbilidad y mortalidad, una atención integral que aborde todos los aspectos implicados, biológicos, sicológicos y sociales, puede conseguir la remisión total de las crisis, de ahí la gran importancia de que el diagnóstico del afectado sea correcto.
El elemento básico para el tratamiento del trastorno bipolar es la toma de conciencia del problema, su conocimiento por parte del afectado y sus allegados mediante una sicoeducación adecuada que les permita hacer frente a las crisis, sin temores infundados y con las herramientas más válidas; así como prevenir las recaídas.
La terapia farmacológica personalizada, especialmente durante las fases de desequilibrio, es otra de las claves. Benzodiazepinas, antisicóticos y estabilizadores del ánimo son los fármacos más utilizados. Los patrones de cambios del estado de ánimo pueden ser cíclicos, comenzando a menudo con una manía que termina en una depresión profunda. En ocasiones, pueden predominar los episodios maniacos o los depresivos. Algunos de estos trastornos se denominan “de ciclado rápido”, porque el estado de ánimo puede cambiar varias veces en un periodo muy breve de tiempo. Otras veces se presenta el llamado “estado mixto”, en el que los pensamientos depresivos pueden aparecer en un episodio de manía o viceversa.
Faltan todavía dos años para que el actual gabinete pase al retiro. Si en 2010 hubo más de 15 mil muertes, para 2011 y 2012 el nivel de violencia podría aún ser peor. Por eso es importante que todas las decisiones que tome Felipe Calderón sean las mejores y, sobre todo, se tomen con la mejor capacidad mental posible.
*Periodista
que capacidad mental puede tener este sicótico, mániaco-depresivo?!!!... y además alcohólico!!!
2. El año de 2010 la Clinton tuvo un año triunfal porque se reunió con la mayoría de los presidentes de Sur y Centroamérica con el fin de atar compromisos respecto a las políticas yanquis contra el terrorismo y pedir sanciones contra Irán. En los hechos, de febrero hasta junio no descansó en sus giras y de la elaboración propuestas adecuadas a los intereses yanquis. Sus visitas se iniciaron en Uruguay para asistir el 1 de marzo a la toma de posesión presidencial del exguerrillero tupamaro Mujica; su segunda visita la realizó a Chile para saludar a Bachelet, pero sobre todo para ponerse de acuerdo con el derechista Piñera, ya presidente electo, que debe continuar jugando un importante papel en beneficio de los EEUU. Luego se trasladó a Brasil para reunirse con Lula quien, con una política “de apertura”, la recibió con honores buscando analizar con profundidad la posición de Brasil, como parte del BRIC, en el contexto mundial.
3. Después de visitar la Clinton tres importantes países de Suramérica, viajó a la América Central entrando por su siempre incondicional Costa Rica donde fue recibida por Óscar Arias y por Laura Chinchilla quien sería su incondicional sucesora. Y el día 5 de marzo visitó a Álvaro Colom, presidente de Guatemala; pero no podían faltar los otros presidentes de Centroamérica que viajaron presurosos a recibir a la Clinton que en esos momentos estaba representando la voz del imperialismo. De hecho, Colom confirmó este miércoles que se reunirá con Clinton el viernes 5 de marzo, el último día de la gira de la jefa de la diplomacia estadounidense por Latinoamérica. Minutos antes de la llegada de Clinton, habían arribado los presidentes de Honduras, Porfirio Lobo; El Salvador, Mauricio Funes; Costa Rica, Óscar Arias, y República Dominicana, Leonel Fernández, así como el primer ministro de Belice, Dean Barrow, quienes participarán en una reunió de trabajo con Clinton.
4. Encada uno de los países visitados hubo manifestaciones de repudio contra la Clinton, pero fueron reprimidas y silenciadas por los medios de información; sin embargo las protestas en Ecuador en el mes de junio, durante la visita de la Clinton, en Quito en particular, trascendieron; la nota de ese día fue muy clara: “Quito, Ecuador (07/JUN/2010).- La secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, llegó el martes a esta capital y se reunió de inmediato con el presidente Rafael Correa mientras fuera del palacio de gobierno grupos de manifestantes quemaron dos banderas de Estados Unidos y lanzaron consignas contra los EEUU”. Recibí vía internet muchas fotografías que demuestran que la Clinton posee mejores argumentos en sus coqueterías con el presidente Correa que las que pudiera expresar con palabras. ¿Será que el curita de Paraguay podrá resistir esos permanentes argumentos de la Clinton?
5. La realidad es que la violencia de los cárteles de la droga mexicanos es una amenaza para la seguridad nacional de EEUU, afirmó el portavoz del Departamento de Estado, Philip Crowley. Nuestra estabilidad no está en riesgo, pero ciertamente es una amenaza a la seguridad nacional”. El gobierno de Obama ha manifestado su creciente preocupación por la violencia de los cárteles de la droga mexicanos, que han dejado más de 34 mil muertos en cuatro años. “El nivel de violencia que han traído a México y otros sitios es un reto que no es exclusivo para México y Estados Unidos”. La ciudad de Guanajuato será la sede del encuentro por ser uno de los estados de mayor control empresarial y político del PAN; sin embargo, a pesar del casi Estado de sitio que ha comenzado a establecerse desde ayer viernes se hizo pública la visita, se esperan protestas en repudio a la presencia de la Clinton en México.
6. Seguramente esa bella ciudad seleccionada para la reunión del lunes, será acordonada desde el domingo con miles de rejas de acero a más de un radio de dos cuadras y en todos los techos de los edificios que rodean el centro de reunión colocarán a soldados con ametralladoras. Ya sabemos cómo se las gastan en México, incluso en el pequeño estado de Yucatán, donde nadie está armado y todos son absolutamente pacíficos, cuando se firmó en marzo de 2007 la llamada Iniciativa Mérida entre Bush y Calderón, 48 jóvenes yucatecos fueron brutalmente reprimidos y encarcelados por protestar. Esta forma de gobierno se aplica en el país desde que Calderón tomó posesión y ordenó al ejército un semi Estado de sitio en el país. Imaginen nada más que un comando bien organizado y sincronizado secuestrara a la Clinton en este viaje: los yanquis invadirían en los siguientes minutos México y la represión y los asesinatos contra los antiyanquis estarían de a peso.
7. El estado de Guanajuato es controlado por la ultraderecha encabezada por Fox, Medina, Hiks y otros ultraderechistas que llevan 20 años dominando la economía y la política del lugar. Son tan cerrados que ni al propio panista Manuel Espino permitieron que presentara su libro, quizá por eso se dice que “cuando el perro es bravo hasta a los de casa muerte”. Lo que sucede es que ya lo desconocieron. Pero a partir del lunes todos ellos estarán moviéndose al ritmo de los militares yanquis que acompañarán a la Clinton y los señalamientos del Estado Mayor Presidencial. Yo no podré estar en esa ciudad, pero prevengo a todos los grupos que por convicción acudan a ese lugar a protestar contra la intervención yanqui, que tengan mucho cuidado porque el Calderón está enfilado para joder a quien se deje. El nuevo secretario de Gobernación fue designado para cumplir órdenes militares, policiacas y de represión, no para pensar o reflexionar acerca de cómo resolver los problemas del país. Así que ¿Mucho cuidado!
México ha sido calificado recientemente como uno de los cinco países más peligrosos del mundo, y es por eso que la Asociación Internacional de Cartógrafos (AICA) acordó trasladar a nuestro país a una zona que vaya más de acuerdo a nuestra conflictiva realidad.
Siendo Irak y Afganistán, algunos de nuestros competidores más cercanos en la lista de los más violentos del orbe, los integrantes de la AICA decidieron de forma unánime reubicar a México en Oriente Medio.
Al hacerse oficial la noticia, la cancillería mexicana emitió una enérgica protesta; sin embargo, llamó la atención que el reclamo no fuera por la reubicación del territorio nacional, sino por el hecho de que en el mapa oficial que presentó la AICA, nuestro país no aparece.
“Está bien que estemos temporalmente metidos en un hoyo”, dijo la canciller Patricia Espinoza, “Pero éstas son chingaderas, francamente”.
Voceros de la AICA aseguraron que el nuevo mapa no tenía la intención de ofender a nadie, sino simplemente hacerlo atractivo visualmente y más divertido, para despertar el interés de las nuevas generaciones.
Apatzinganistán, Michoacán. Con el objetivo de dar una batalla frontal contra los enemigos de México que, entre otras cosas, buscan envenenar a nuestra juventud, dio inicio el Operativo Súper Dúper Archi Especial 2011.
La acción inaugural del operativo estuvo a cargo de un comando de élite de la policía de Apatzinganistán, que logró la captura de una amiga de una hija de la Tuta.
A unas horas de capturada la mujer, sin embargo, fue liberada por la tía del temido narcotraficante por falta de pruebas y porque también era tía del juez octavo de lo penal de aquél circuito judicial.
El siempre polémico ex presidente de México, Vicente Fox, aseguró al enviado del Ocservador que es un hombre completamente feliz.
Entrevistado en el marco del primer Hencuentro (sic) de Hortográfia (sic) del Vajío (sic), organizado por el Centro Fox, el ex primer mandatario comentó que, a pesar de que mucha gente le reclama “tonteras”, muchas otras personas me detienen en la calle y me saludan con gran afecto.
“La mayoría son personas que trabajan para mí en el Rancho”, se sincera, “pero pues son personas y también tienen derecho a etspresarse (sic)”.
Dijo que, a pesar de muchas ofensas recibidas y de la incomprensión generalizada, no piensa cancelar su cuenta en Twitter, pero que en adelante escribirá en inglés para no tener que ocuparse de “los engórrosos ácentos que no sirvén para nada (sic)”.
Por último, dijo vivir muy feliz al lado de la señora Marta, quien lo cuida y mima, le da rico de comer y le agrega esas vitaminas a la sopita que lo hacen sentir siempre alegre y con muchas energías para trabajar por su maravilloso México.
Apenas en marzo de 2001, el entonces gobernador del estado, Fernando Canales, declaró: “A mí el narco me hace los mandados”. Y en 2008, Luis Carlos Treviño Berchelmann, entonces procurador general de Justicia, y Aldo Fasci, a la sazón secretario de Seguridad Pública, le respondían a un enviado de un diario texano que Nuevo León estaba blindado, que jamás padecería la inseguridad y el clima de violencia que se vivían en Tamaulipas.
Todo eso se derrumbó en muy pocos meses, particularmente en 2010: En un informe, la Secretaría de la Defensa Nacional –según difundió en noviembre el diario regiomontano El Norte– identificó a Monterrey y a otros ocho municipios del estado entre los 19 de mayor riesgo para los militares (los otros 10 se encuentran en Tamaulipas). El hecho es que en esos 19 municipios las fuerzas castrenses recibieron 91 de los 128 ataques que sufrieron de enero a octubre de 2010.
En 2010, conforme a los datos de la Procuraduría de Justicia estatal, se cometieron 828 homicidios dolosos. El vocero estatal en materia de seguridad, Jorge Domene, declaró que 361 de ellos estuvieron vinculados a las luchas entre los distintos grupos del crimen organizado y que en los enfrentamientos habrían muerto 30 personas inocentes. Una estadística dada a conocer por El Norte estableció que en los tres años previos (de 2007 a 2009) se habrían cometido 813 homicidios, es decir, que el promedio anual durante ese trienio fue de 271 homicidios, mientras que en 2010 ese número se triplicó.
El vuelco es dramático, y eso se percibe en la ciudad. La vida nocturna ha disminuido notablemente. Zonas completas –como el denominado Barrio Antiguo, equivalente al centro histórico en otras ciudades– están desoladas, lo que contrasta con el continuo e intenso ajetreo que se observaba hace apenas unos meses, en los que la vida no se detenía un minuto del jueves por la noche al domingo por la mañana.
El 11 de abril de 2010, el rector del Sistema Tecnológico de Monterrey, Rafael Rangel Sostman, aventuraba algunas explicaciones a la comunidad congregada en el Estadio Tecnológico tras el asesinato de los dos estudiantes que cayeron abatidos dentro de las mismas instalaciones universitarias. Decía que Monterrey, como muchas otras ciudades a nivel mundial, había “logrado su desarrollo con base en valores y principios tales como el respeto a las personas y a los derechos humanos, la cultura del esfuerzo y la honestidad, la justicia, la integridad, la equidad, la cultura del trabajo y el ahorro, la superación de la persona a través de la educación, y la educación como camino para crecer y desarrollar una sociedad más equitativa, solidaria y democrática.
“Pero –contrastaba– hoy nos encontramos ante una sociedad en que, lamentablemente, se promueven y viven valores muy distintos a los anteriores: consideramos el éxito individual como única meta en la vida, queremos lograr nuestros objetivos a través del mínimo esfuerzo, tenemos los hábitos del dispendio y del consumismo, buscamos la riqueza como único fin, vemos la educación como vehícu lo para satisfacer exclusivamente necesidades personales, como lograr mayores ingresos monetarios.”
Y puntualizaba: “Nos hemos vuelto ciegos, sordos e indiferentes ante la pobreza, la injusticia, la falta de oportunidades, la desigualdad y el desempleo, y vemos todas estas anomalías como algo natural y normal en nuestra sociedad: nos hemos puesto un velo en los ojos”.
La autocrítica también pasó por las universidades, al señalar que los esfuerzos se centraron en “preparar a nuestros alumnos exclusivamente para que tengan una alta empleabilidad con fines monetarios y de éxito profesional, y muchas veces ni eso lo hacemos bien; pero lo más importante es que damos muy poca relevancia a nuestra misión de formar verdaderos ciudadanos que asuman su responsabilidad social y política para cambiar este país”.
Para concluir: “En otras palabras, la inseguridad que padecemos es el resultado de que hemos degradado nuestros valores y principios, y hemos aceptado esta degradación como algo natural”.
Se puede coincidir o no con su diagnóstico, pero lo cierto es que la inseguridad que asuela a la ciudad se gestó en transformaciones que iniciaron desde hace varias décadas. A finales de los años sesenta y principios de los setenta, Monterrey –como muchas ciudades en el mundo– vivió las turbulencias marcadas por las protestas estudiantiles que exigían cambios drásticos (la autonomía de la universidad estatal y los incidentes en el Tecnológico de Monterrey) y por la insurgencia de la guerrilla urbana, que incluyó el intento de secuestro y homicidio del empresario Eugenio Garza Sada.
Pero el giro fue drástico en la década de los ochenta –coincidente con la llegada del neoliberalismo–, pues no sólo se sofocaron esos movimientos, sino que se impuso la homogeneidad en el pensamiento citadino: Las pocas voces discordantes presentes en los movimientos sindicales de Cristalería, Fundidora Monterrey, Gamesa y la Universidad Autónoma de Nuevo León, entre otros, o en algunas de las facultades de la misma casa de estudios, fueron silenciadas por muy diversas vías, incluso el cierre de algunos centros de trabajo, como fue el caso de Fundidora.
Los otrora orgullosos empresarios regiomontanos empezaron a recurrir a los favores gubernamentales (el préstamo de 12 mil millones de pesos de Banobras al grupo Alfa) para sobrevivir en la crisis económica, o a vender sus empresas a los grupos trasnacionales (la familia Santos vendió Gamesa, la galletera, al grupo Pepsico).
En paralelo, la ciudad empezó a modificar su mezcla de actividades productivas: tras haber sido predominantemente industrial, comenzó a albergar a los grandes corporativos financieros –los grupos empresariales regiomontanos adquirieron seis de los bancos privatizados en los años noventa– y los grandes edificios de oficinas iniciaron su proliferación para albergar a los ejecutivos de las nuevas empresas de servicios y comercio que se asentaban en la localidad.
La transformación llegó inclusive a los centros de esparcimiento. Hasta hace muy pocos años, Monterrey era reconocida como una urbe dedicada al trabajo; poco tiempo había allí para las diversiones, y hasta la primera mitad de la década de los ochenta escaseaban los lugares de esparcimiento. Hoy Nuevo León es la entidad mexicana con mayor cantidad de casinos y, según otra información divulgada en agosto del año pasado por El Norte, dicho crecimiento explosivo es muy similar al de los índices delictivos, pues si en 2004 había 10 casas de juegos, en 2007 ya eran 23 y en 2010 llegaron a 49. En números absolutos de casinos, el Distrito Federal le sigue con 42, y en términos de casinos per capita, Nuevo León ocupa el segundo lugar, únicamente superado por Baja California.
La inmigración, particularmente de los estados circunvecinos –Zacatecas y San Luis Potosí–, se incrementó para satisfacer la demanda de mano de obra de las empresas, que exhibían por doquier mantas y carteles que solicitaban operadores, despachadores, etcétera.
La inmigración también incluyó a las familias de los capos de la droga, que a mediados de los noventa empezaron a establecerse en la ciudad. Ellos huían de la violencia desatada por sus disputas en Sinaloa y Jalisco (el coche-bomba en el estacionamiento de un reputado hotel y el asesinato del cardenal Posadas Ocampo en el aeropuerto de Guadalajara fueron dos de los episodios), pero además buscaban que sus hijos accedieran a buenos colegios y universidades. Particularmente los comercios regiomontanos se beneficiaron con su llegada, pues la derrama económica en la compra de bienes y servicios de inmediato se sintió. Quizá por ello la ciudad no padeció tan drásticamente la crisis del 95.
También aparecieron los primeros síntomas de la presencia de los capos: el 26 de febrero de 1995 detuvieron a Francisco Payán Quintero, tío de Rafael Caro Quintero, y el 14 de enero de 1996, a Juan García Ábrego, en una finca ubicada en el municipio conurbado de Juárez. Algunas balaceras sacudieron la apacible vida regiomontana, como la sucedida a mediados de 2000, cuando 10 sicarios irrumpieron en el Palenque de la Expo Guadalupe, en busca de los delatores de Gilberto García Mena, El June. Parecían hechos aislados y todavía controlados; los gobernantes los minimizaban.
Los empresarios regiomontanos, que tradicionalmente influían en las decisiones políticas a través del ejercicio de su poder económico, también decidieron incursionar activamente en la vida política estatal y nacional: primero ocuparon curules legislativas (como ejemplos: Alberto Santos y Benjamín Clariond, por el PRI, y Fernando Canales y Antonio Elosúa, por el PAN) y, posteriormente, puestos ejecutivos: Benjamín Clariond gobernó el estado de 1995 a 1997, y lo sucedió su primo Fernando Canales Clariond, de 1997 a 2003.
Y la desigualdad económica –esa que el entonces joven académico Jesús Puente Leyva mostró a través de un estudio realizado desde el Centro de Investigaciones Económicas de la Facultad de Economía de la UANL a principios de los setenta y que le costó su destierro de la ciudad– se ensanchó: conforme se enriquecían unos cuantos, otros muchos empobrecían; la ciudad mostraba dichos contrastes y nada o muy poco se hacía para enfrentar esas deficiencias estructurales.
Las primeras manifestaciones de los riesgos que tal fenómeno implicaba se materializaron en 2008, cuando encapuchados, contratados explícitamente para ello, bloquearon algunas de las principales avenidas de la ciudad y trastocaron el tráfico; hoy muchos jóvenes provenientes de esos barrios marginados manejan lujosas camionetas robadas y portan armas de grueso calibre.
Junto a estos cambios se mantuvieron algunas constantes: la corrupción e ineficacia policiacas y la impunidad que ha caracterizado al régimen mexicano.
Tal mezcla era letal y se conjugó con importantes modificaciones de los contex tos nacional e internacional: el cambio de estrategia de combate al narcotráfico en México, que condujo a la pulverización y enfrentamiento de los cárteles mexicanos –sobre todo del cártel del Golfo y Los Zetas, su otrora brazo armado, que aunque surgió en Tamaulipas, ya incluyó a Monterrey–; el cierre de las rutas marítimas de ingreso de droga a Estados Unidos, lo que desplazó su trasiego a los estados fronterizos mexicanos (no es ninguna casualidad que los seis estados mexicanos que conforman la frontera norte sean los que mayores índices de criminalidad presentan); y, desde luego, el empoderamiento de los cárteles mexicanos en la escena internacional.
En todo esto (y seguramente en algunos otros aspectos que escapan a este recuento) hay que hurgar para tratar de entender por qué Monterrey, otrora ciudad segura y apacible, es hoy un polvorín del que huyen los estudiantes nacionales y al que los ejecutivos extranjeros no quieren acudir.
Desde que regresó de Europa, en 2008, Luisa María Calderón, alias Cocoa, se hizo nombrar responsable de elecciones del Partido Acción Nacional (PAN) en Michoacán, para usarlo de plataforma de su candidatura a gobernadora, y como una virreina dispone desde entonces de todos los recursos federales, incluidos los funcionarios federales en calidad de sirvientes, para conseguirla.
Y hay que tener memoria: El 7 de diciembre de 2006, en una conferencia que impartió en Veracruz tras inaugurar las oficinas municipales del PAN en Xalapa, y que representó su último acto público antes de irse de “hippie” a España, hizo público su compromiso y el de su familia de no participar en política durante todo el sexenio para no ser tildados de “hermanos incómodos” por traficar con el poder presidencial.
“El presidente es uno solo y acordamos que estaríamos fuera del espacio político y público”, declaró Cocoa, y reveló que los hermanos Calderón Hinojosa hicieron ese pacto desde 2003, cuando Felipe decidió buscar la candidatura presidencial, en el contexto del escándalo de los hijos de Marta Sahagún, la mujer de Vicente Fox.
“El hoy presidente --añadió-- estaba pensando y trabajando en su proyecto como precandidato. Platicamos de este daño que estaba pasándole al presidente (Fox) y de que el Poder Ejecutivo es de una sola persona, y entonces acordamos los hermanos que estaríamos fuera del espacio político y público”.
Pero la incongruencia no es sólo de ella, sino del propio Felipe Calderón, quien no únicamente solapa el activismo de su hermana --que de suyo es tan repugnante como el propósito del gobernador con licencia Humberto Moreira, presidente electo priista, de dejar en la gubernatura de Coahuila a su hermano Rubén--, sino que se diseña desde el gobierno la estrategia para entronizarla.
Y no es sólo incongruencia, sino cinismo, porque a Felipe Calderón le parecía “muy sucio” el nepotismo en el sexenio de Fox por alentar las ambiciones presidenciales de Marta Sahagún y encubrir los negocios de los hijos de ésta, tal como está ocurriendo ahora con el propio clan michoacano.
En la edición 1702, correspondiente a noviembre de 2006, el semanario Zeta de Tijuana publicó una entrevista con Luisa María en la que citó a su hermano sobre el pacto entre hermanos de 2003:
“Estábamos delineando el camino a la presidencia y estaba en su auge el tema de Martha, porque ella quería ser presidenta. Entonces Felipe dijo: ‘Oigan, está como muy sucio el tema del nepotismo, a mí me gustaría que estuviéramos claros que si voy yo, ustedes no van a ningún lado.”
Dos meses antes, el 24 de septiembre de 2006, en el diario Reforma, Cocoa dio más detalles de ese pacto mediante el cual los hermanos Calderón decidieron apartarse de la esfera pública durante el sexenio. “Si yo voy a la presidencia, ¿tú qué onda?”, le preguntó Felipe a Luisa María, quien le respondió: “Si tú vas a la Presidencia, yo estoy fuera”.
A su vez, Juan Luis Calderón, otro hermano de Felipe dedicado a la política, declaró: “En términos personales estaremos ocupándonos, primero, de no influir de ninguna manera, de no tener nunca el mote de hermanos incómodos.”
Juan Luis, en efecto, ha sido muy discreto en su participación en la política y se ha dedicado sobre todo a los negocios --negocios, no tonterías, en materia de obras hidráulicas--, pero Luisa María está encaprichada en ser gobernadora de Michoacán, con la complicidad plena de su hermano desde Los Pinos.
Hay quienes dicen que los Calderón, ante el repudio de la candidatura de Cocoa, recapacitarán, que puede caber pudor. No, están encaprichados.
Por eso la “cabeza” ideada por los editores del semanario Proceso para el reportaje sobre este asunto, en el que el senador panista Marko Cortés censura la incongruencia de la familia Calderón, es precisa: “Cocoa, el otro michoacanazo”.
Pero, igual que el embate contra autoridades del estado, se perfila el fracaso. Porque, salvo la presidencia del PAN, Felipe Calderón nunca ha ganado nada...
Apuntes
Sólo la arrogancia y la estupidez pueden atribuir a la campaña “No más sangre” la censura al gobierno a combatir a los criminales, como es su obligación. No, sólo se le exige que lo haga de manera eficaz y sin incurrir en el asesinato de inocentes, incluidos niños, como justifican voces como las del porro Javier Lozano, el expriista que ahora habla de “mover almas”… Del mismo talante es su amiga Mariana Gómez del Campo, que agrede con telefonemas a deshoras en domicilios particulares para anunciar su informe de labores en su infecunda gestión como diputada local, igual como lo hizo en su campaña César Nava, el corrupto expresidentes del PAN... Joaquín El Chapo Guzmán festeja una década de haberse fugado del penal de Puente Grande y ser el capo del panismo...
Comentarios: delgado@proceso.com.mx
Se percibe ya, por esa anticipación, una mudanza en el estilo de dirección del partido. Beatriz Paredes no era precisamente silenciosa y cuando había que expresarse con rotundidad y aun dureza sobre el gobierno o el propio presidente Calderón, no vacilaba en hacerlo. Pero educada en la vieja política sabía contenerse, moderarse, quizá más de la cuenta en algunos momentos. En contraste, Moreira está imponiendo una locuacidad impregnada de bravuconería, ese estilo de habla populachera que confunde la sencillez y el lenguaje claro con la chabacanería y la insolencia. Se parece tanto en eso a Vicente Fox, que ha reproducido su anuncio sobre el exterminio de las tepocatas y las víboras prietas: filosofía política del más alambicado estilo, la más elevada alcurnia, la más profunda raíz.
Cada quien su habla, y cada partido su dirigente. Pero es de preguntarse si el estilo provocador de Moreira, al que los secretarios de estado carentes de obra que realizar contestan como si entablaran un debate y no protagonizaran simplemente una reyerta tabernaria, es el que conviene al partido que gobernó a México desde la Presidencia de la República durante siete décadas cuando está en aparente posibilidad de retornar a Los Pinos. Los ciudadanos que ven ese regreso como algo inexorable esperan, supongo, que vuelva al Poder Ejecutivo federal no el PRI de antaño, sino un nuevo partido, capaz de organizar el esfuerzo colectivo en un ambiente de competitividad electoral y legislativa, al que no estuvo acostumbrado durante esos setenta años.
Me inclino a pensar que no. Moreira representa el PRI autoritario del pasado, el habituado a imponer decisiones, el que no rendía cuentas porque no era permitido que nadie las demandara. No ha hecho más que política de campanario y ahora estará situado en un mirador más alto, desde el que contemplará horizontes más dilatados y en cuyo entorno deberá sostener diálogo con dirigentes de partidos no tan poderosos como el PRI de antaño o el de hoy (20 gubernaturas y la mayoría en la Cámara de Diputados, así como miles de ayuntamientos) pero no tan débiles como ayer.
El PRI requería un dirigente capaz de ejercer la fuerza que ha mantenido o recobrado pero con apego a reglas democráticas modernas. Un político que combinara capacidades para el pensamiento y para la acción. De lo contrario, se convertirá en un lastre de los empeños necesarios para el cambio o en un aval del conservadurismo partidario que niega la necesidad del cambio porque así como está el partido le va muy bien.
Pero quizá Moreira es ya el presidente del PRI, con sus bártulos localistas precisamente porque el grupo de poder que notoriamente maneja al partido lo necesita así, en apariencia autónomo pero en el fondo manejable, susceptible de ir de un lado a otro según convenga a los poderosos que, a falta de un presidente priista (por lo menos de aquí a diciembre de 2012), está tomando las decisiones en ese partido.
Según las apariencias, un día Moreira amaneció con la idea de ser presidente del PRI. Era un objetivo peregrino tomando en cuenta que la designación de la dirección nacional estaba ya resuelta, y que correspondería a Emilio Gamboa suceder a Paredes. Para ello se le había hecho volver de su breve ausencia, que no exilio, y detenerse en una estación de paso, la Confederación Nacional de Organizaciones Populares, esa CNOP que fue pilar del PRI junto con los sectores campesino y obrero. Como si ignorara ese designio, o le hubieran brotado aptitudes para desafiarlo, Moreira se presentó en el centro del escenario y se proclamó precandidato a la presidencia priista. Como por ensalmo, como antaño, cuando existía un poder que imponía la disciplina sin resquicios, todo el mundo se inclinó ante el propósito de Moreira. Nadie tomó a chunga su ocurrencia, nadie osó compararlo con Everardo Moreno, que pretendió contender con Roberto Madrazo por la candidatura presidencial una vez que el tabasqueño destrozó las aspiraciones de Arturo Montiel.
Sin oposición, sin siquiera extrañeza o curiosidad por la fuente de sus pretensiones, Moreira cubrió los trámites legales. Se inscribió junto con Cristina Díaz, diputada de Nuevo León; recibieron ambos su constancia de candidatos únicos y en unas horas se convirtieron en presidente y secretaria general electos. Él no ha esperado a quitarse el adjetivo y ejerce ya funciones, y está arreglando su entorno personal conforme a sus propósitos.
Tras pedir licencia para separarse del gobierno de Coahuila, hizo que la dócil legislatura que lo obedece sin chistar nombrara al valido que él designó como gobernador sustituto. Jorge Torres ocupa ese lugar, después de haber sido secretario de Finanzas y de Desarrollo Social del ahora líder nacional del PRI. No sólo cubrirá las espaldas de su antecesor, sino que contribuirá a que otro designio de Moreira se convierta en realidad como por arte de magia: que su hermano Rubén sea elegido en julio próximo gobernador constitucional. En una suerte de reelección, la historia coahuilense registrará 12 años de gobernantes del mismo apellido, de la misma índole, de la misma familia.
¿Cómo explicar esta facilidad de Moreira para sacar avante proyectos en apariencia extravagantes, por lo menos insólitos? Quizá la clave está en su amistad, o sometimiento, a dos personajes clave en la política priista de este momento. Una es Elba Esther Gordillo. No me equivoco al situarla dentro de la política priista. A pesar de su expulsión de ese partido, la lideresa magisterial es pieza infaltable en multitud de combinaciones del tricolor, a pesar de que con su partido, el Panal, juega a veces en contra de algunos intereses particulares priístas. Moreira es un delegado predilecto de la maestra, que le ha permitido ejercer otro rasgo de favoritismo apto para la construcción de un clan familiar dominante: Carlos Moreira, hermano menor de los gobernadores pretérito y futuro, ha sido, insólita y sucesivamente, líder de las dos secciones del sindicato magisterial en Coahuila.
La otra piedra miliar sobre la que descansa la súbita proyección nacional de Moreira es el grupo que ha elegido a Peña Nieto como próximo presidente de la República. Un vigoroso núcleo de poder que busca combinar las atildadas formas de su candidato presidencial con la bravuconería rústica del líder partidario. A éste habría que llamarlo Beto el regañón, en recuerdo de otro norteño, ese presente en la radio de los años cincuenta. El actor Vidal Alcocer, en su papel de Pepe el regañón, empleaba como rúbrica de su programa de consejos, precursor de las fórmulas de autoayuda, una excusa falsa: Yo no critico, yo digo y nada más.
1. “Para qué preocuparse por los 40 mil muertos –dice en voz baja la clase dominante- si en México tenemos alrededor de 100 millones de pobres, que muchos ni estudian ni trabajan, que sólo desestabilizan a nuestro país y lo desprestigian ante el mundo. La muerte de 100 mil o 200 mil, es nada. Ya somos muchos, ya no cabemos; el gobierno de Calderón debe abrir de par en par las puertas de nuestro país al ejército de EEUU para que sus soldados nos enseñen cómo se gobierna y cómo se acaba con la delincuencia. Nosotros pusimos en el gobierno a Calderón, lo hemos apoyado, pero nos disgusta su tibieza al no querer decirle guerra a la guerra ni se decida a llevarla hasta acabar con los delincuentes que tanto nos aterrorizan. Y preguntamos: ¿No somos acaso los empresarios, los dueños de las fábricas, de los bancos, de todas las empresas los que hemos creado los empleos, los que hacemos posible que todo México tenga qué comer?”
2. Al decir la derecha que “ya somos muchos, ya no cabemos”, me recuerda a aquel economista de finales del XVIII, Malthus, que en su Ensayo planteaba que en la medida que se multiplicaba la población se hacían insuficientes los productos alimenticios y no alcanzarían la gran demanda. Por eso planteaba el teórico que había que crear más tierras productivas para garantizar que la población tuviera que comer o por el contrario había que evitar que siguiera creciendo. Malthus no pensó en eliminar a las gentes con las guerras pero las conclusiones de sus teorías sobre la población llevaban a pensar en ello. ¿Por qué atribuir al Darwin, en su teoría sobre la selección de las especies que también se parece a la de los burgueses modernos? Él tampoco sostuvo que “ya somos muchos o que ya no cabemos”, sino que entre los animales sólo viven los que mejor se adaptan y los que no, quedan eliminados. Los guerreristas de hoy piensan distinto.
3. “México era antes una patria ordenada y generosa –conversan dirigentes destacados del PAN y del PRI más derechizado- porque los indios y los campesinos estaban en sus pueblos y nosotros en las ciudades más civilizadas. Gobernaba el PRI del “nacionalismo revolucionario” que no queremos recordar, sin embargo hasta 1970 se podía vivir bien en las ciudades porque a los indios y a los campesinos se les mantenía en sus pueblos con subsidios y un poco de trabajo; pero a partir de ese sexenio –según vemos en los censos- las ciudades fueron invadidas por los buscatrabajo que las hicieron cada vez más imposibles de vivirlas. Hoy las ciudades son un infierno infestado de droga, secuestros, desempleo, delincuencia, que ya nuestras familias no pueden soportar. Por eso el gobierno de Calderón se ha visto obligado en mantener al ejército en las calles y se busca que su sucesor continúe con esta política. No se ve otra salida”.
4. “Ha sido tan grande la delincuencia en los últimos 15 años que ya no podemos ir al cine, al teatro, a las conferencias y demás eventos culturales, se escucha en algunos cafés de “intelectuales” en la ciudad de México. ¿Estaremos condenados a encerrarnos en nuestras casas y sólo comunicarnos por teléfono? Ya incluso los mismos teléfonos están intervenidos por la policía y, como ésta es cómplice de los narcotraficantes, estamos condenados a aislarnos. También a “los creadores” no están obligando a rodearnos de “guaruras”, es decir, escoltas. ¿Cuándo se había visto algo así en México? Quizá la única salida se encuentre en la legalización de la droga, o en la firma de acuerdos entre las partes con el fin de frenar tanto asesinato que está desprestigiando más al país en el extranjero. ¿Si esto sucede con la cultura, qué tipo de país se está apuntando para el futuro? ¿Será la cultura de los de abajo, la de los sótanos?”
5. Entre tanto preguntamos en algunos mercados públicos a venteros de verduras, frutas y dulces, así como a compradores, si sabían quienes son el Chapo Guzmán, Peña Nieto y el presidente de la República, recibiendo sólo del uno por ciento en respuesta acertada. Preguntamos si sabía cuántos miles de muertos se habían registrado en el país en la guerra contra la delincuencia y si había oído hablar de secuestros; la respuesta fue similar. La realidad es que alrededor del la mitad de la población no tiene interés en saber nada de “política” y cuando ve los medios de información sólo se entera de los deportes, de sexo, de sucesos de policía y un poco de artistas. En Yucatán hay un diario especializado en estos temas que vende más o por lo menos igual –según mis investigaciones- que todos los otros periódicos juntos. Así que basta con ello para catalogar el tipo de información impresa que gusta a la gente. Pero Televisa sigue en primer lugar.
6. Sin embargo, aunque las gentes de izquierda nos consideremos críticos, pensemos que tenemos la razón y queramos transformar de raíz las cosas, Calderón –con el absoluto apoyo de los medios de información- es aplaudido por empresarios, clase política, intelectuales y amas de casa. Por eso acaba de repetir: “el ejército seguirá en las calles hasta el fin de mi gobierno”; sólo le faltó decir: La colaboración militar y el apoyo económico de los EEUU continuará siendo aceptado y podrá incrementarse lo más que quieran, hasta el fin de mi gobierno. Por cierto ha sido silenciado la llamada “Familia Michoacana” y el grupo –al parecer inexistente”- de “los misteriosos” secuestradores del delincuente Diego. ¿O es que de verdad fue un autosecuestro teatral? Pareciera que los 16 mil muertos sólo en 2010 y la promesa de Calderón de continuar con esta misma política de muertes en los siguientes dos años vale un carajo. ¿O no?
7. ¿Por qué Calderón no quiere hablar de guerra cuando es una guerra que ha producido casi 40 mil muertes? ¿Quiere esconder acaso que él, el ejército y la policía no están en guerra para decir que ellos lo único que han hecho es perseguir a “la delincuencia organizada” cumpliendo la ley? Lo que sea; Calderón no podrá esconder su desgobierno porque en todo el país surgen descontentos y protestas que, si tuvieran organización, hace mucho que lo hubieran obligado a renunciar y a ponerlo en la cárcel. 40 mil muertos, 16 mil sólo en 2010 es mucha gente, equivalen a los muertos de una guerra entre naciones o los que son muertos en una gran revolución. Pero la mayoría de los mexicanos parece ni siquiera enterarse. Los grandes medios de información esconden lo que se puede y deforman a su favor las noticias que dan a conocer. La guerra no ha terminado a pesar de los EEUU están interviniendo con el apoyo de la clase política.
Querido Stig:
Ojalá seamos dignos de tu desesperada esperanza.
Ojalá podamos tener el coraje de estar solos y la valentía de arriesgarnos a estar juntos, porque de nada sirve un diente fuera de la boca, ni un dedo fuera de la mano.
Ojalá podamos ser desobedientes, cada vez que recibimos órdenes que humillan nuestra conciencia o violan nuestro sentido común.
Ojalá podamos merecer que nos llamen locos, como han sido llamadas locas las Madres de Plaza de Mayo, por cometer la locura de negarnos a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria.
Ojalá podamos ser tan porfiados para seguir creyendo, contra toda evidencia, que la condición humana vale la pena, porque hemos sido mal hechos, pero no estamos terminados.
Ojalá podamos ser capaces de seguir caminando los caminos del viento, a pesar de las caídas y las traiciones y las derrotas, porque la historia continúa, más allá de nosotros, y cuando ella dice adiós, está diciendo: hasta luego.
Ojalá podamos mantener viva la certeza de que es posible ser compatriota y contemporáneo de todo aquel que viva animado por la voluntad de justicia y la voluntad de belleza, nazca donde nazca y viva cuando viva, porque no tienen fronteras los mapas del alma ni del tiempo.
En diez años, el país ha sufrido su peor crisis de violencia, con más de mil enfrentamientos (uno diario), cerca de 40 mil muertos (9 mil con Vicente Fox y el resto con Felipe Calderón), 62 periodistas asesinados y 11 desaparecidos.
Ello sin contar que la Comisión Nacional de Derechos Humanos tiene registradas 5 mil 397 personas desaparecidas en sólo siete estados, más de 8 mil muertos sin identificar, más de 10 mil huérfanos y 3 mil 326 menores que han perdido la vida en la llamada guerra contra el crimen organizado.
La cuota de sangre que el país ha pagado sin deberla ha sido muy alta. De acuerdo con estimaciones de historiadores, en esta última década la guerra contra el narcotráfico ha costado más vidas que en las guerras de Independencia, de la Reforma y la invasión de Estados Unidos en 1847.
Los efectos sociales del desangramiento aún están por verse en el tiempo, porque si aún no cierra la herida social de la matanza de Tlatelolco en 1968, la de Aguas Blancas en 1996 y la de Acteal en 1997, la provocada por los miles de inocentes que han muerto en esta guerra contra el narcotráfico tardará mucho más, dejando secuelas en la sociedad mexicana.
Durante estos años ha habido expresiones de inconformidad social, entre ellas un par de marchas en las que miles de personas exigieron al gobierno federal mayor seguridad. Sin embargo, en ninguna de ellas se expresó el grito de inconformidad y de demanda para detener las matanzas que hoy vivimos, y la violencia cotidiana que se expande imparable por todo el país.
A diferencia de otros países como Italia y Colombia, donde la sociedad no sólo ha demandado parar la violencia, sino que participa en la lucha contra el crimen organizado, en México los ciudadanos hemos sido incapaces de expresar nuestra molestia, nuestro enojo y nuestro rechazo a las políticas oficiales en las calles, en las plazas o en los lugares públicos.
La desmovilización social de los últimos años, quizá desde 1994, cuando miles salieron a la calle a detener la guerra en Chiapas, ha sido un grave problema, porque la política gubernamental se ha instrumentado de manera impune sin que haya una oposición de ningún grupo.
Así hemos visto pasar ante nuestros ojos la aplicación de políticas públicas que lastiman nuestros salarios, decisiones de cierre de empresas sociales que por años prestaron servicios invaluables, acciones que merman nuestra economía y nuestros derechos más sagrados como la justicia, el bienestar y la libertad de expresión. Muchas cosas que nos conciernen han sido impuestas sin que digamos algo.
La sociedad civil mexicana se ha pulverizado y atomizado con el paso de los años, y las organizaciones de derechos humanos que sobreviven son atacadas por autoridades, políticos, gobernantes y ahora por el crimen organizado, situándolas en una situación tan precaria que organismos internacionales como la ONU ha solicitado al gobierno federal medidas de protección.
Frente a tal desamparo es necesario reaccionar, dejar de ver como algo cotidiano que mueran decenas de personas en las múltiples batallas que hay en el país, o que haya bombazos y ejecuciones producto de decapitaciones, mutilaciones o personas quemadas en ácido.
Hay que dejar de tomar como natural la impunidad y la incapacidad de quienes están a cargo de las instituciones de justicia y de seguridad pública. Debemos rechazar como una verdad absoluta lo que nos dicen los conductores de las televisoras que están al servicio de sus propios intereses o de los intereses de unos cuantos.
Y al mismo tiempo actuar porque tal vez hoy, más que nunca, necesitamos expresar nuestro sentir frente a esta guerra que no tiene sentido, ante esta violencia que está generando más violencia y muertes. Exigir, pues, de manera organizada, que los gobiernos federal, estatales y municipales asuman sus funciones y no las dejen en manos del crimen organizado, que tiene en su poder tres cuartas partes de los municipios de todo el país.
Pero para ello primero hay que vencer el miedo, la apatía y recuperar la capacidad de asombro, además de transformar la inconformidad en acciones sociales organizadas.
La iniciativa de un buen grupo de moneros, cartonistas políticos de diversos medios, en el sentido de convocar a la gente, a otros medios y a las organizaciones sociales a sumarse a la protesta denominada “¡Basta de Sangre!” o “No + sangre” puede ser el primer paso que necesitamos para empezar a caminar el camino de la acción ciudadana, de recuperar los espacios perdidos en esta guerra y de mostrar que es en la sociedad organizada donde puede haber una esperanza de un cambio y un mejor futuro.
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Cada vez que se acerca el proceso electoral esta maquinaria se pone en marcha para exaltar el fetiche del poder. Allí está Peña Nieto, prototipo del look y del show político: la sonrisa afable y seductora, el traje impecable, el peinado exquisito, la palabra exacta –siempre una promesa– y la mirada lejana, dominadora que, al igual que las bailarinas del table-dance, no se posa sobre nada, como una afirmación encubierta de la castración del espectador al mismo tiempo que ofrenda amorosa del hombre que domina todo: una mirada vacía de Medusa que quiere seducir sin mirar a nadie y sin abrirse sobre nada, y que se exalta con su propia fascinación y con la seducción de su onanismo: el hombre perfecto cuya fuerza fálica, que ha conquistado a una estrella de TV, quiere mostrarse desprovista de terror y capaz de llenar el profundo hueco de nuestro deseo de completud, de nuestra profunda castración social.
Sin embargo, la reciente aparición de Diego Fernández de Cevallos –de la que todos nos alegramos: siempre hay que alegrarse de una vida salvada por más siniestra que sea y condenar en todos los sentidos el secuestro– ha impuesto en medio del desastre que vivimos un nuevo look político, acorde con la miseria de los tiempos y poblado de todas las suspicacias que un PAN en plena debacle y necesitado de una imagen puede provocar: Diego, el bronco, el atrabiliario, el violentador de las leyes para su provecho, secuestrado el viernes 14 de mayo por un grupo de izquierda radical, reaparece frente a los medios de comunicación unos días antes de Navidad y unas horas después de ser liberado.
Su look no ha cambiado; se ha dinamizado. El hombre que días antes de su secuestro parecía, con su barba recortada, un encomendero moderno, resurge repentinamente de entre las densas sombras del país como un profeta que, llevado contra su voluntad –como todo profeta– al desierto, se ha enfrentado con los demonios más terribles del país –cierta izquierda radical que, en el uso del secuestro, se acerca al crimen organizado– y ha vuelto, vencedor, para traer una buena nueva: “Sólo quiero decirles que me encuentro bien, gracias a Dios, y que estoy fuerte (…) Uno de los temas que será capital, y lo hablé con mis plagiarios (en las muchas y fuertes discusiones que dijo haber sostenido con ellos), está el compromiso con ellos de pensar y de luchar por grandes causas que reclama México, su pobreza, su injusticia y su impunidad. Creo que tenemos que hacer de México un país de leyes, de instituciones, no de secuestradores, de asesinos, de ningún nivel, ni de ricos ni de pobres (…) Como hombre de fe, ya perdoné; y como ciudadano creo que las autoridades tienen una tarea pendiente, pero sin abuso, sin atropello, sin flagelaciones” (Proceso 1782).
Sus palabras son conmovedoras –quien, atacado por el alzheimer social, olvidó al anterior Diego, sucumbe–, también su look, la barba larga de profeta pero –acorde con el show mediático que lo preserva del terror bíblico– bien peinada y con el cabello recortado, la mirada severa, dominante, una chamarra y unos pants luidos, zarrapastrosos –ropa que le dieron sus plagiarios y que recuerda el atuendo de piel de camello del precursor de Cristo–. No lleva báculo. Trae, en cambio, un signo moderno de la realeza que lo sostiene, un Mercedes. Todo en el “nuevo” Diego, trabajado por los poderes del Espíritu en el desierto aciago que rodea al país, respira una humilde grandeza. Los fetiches de su nuevo look nos hablan de una perfección moral acrisolada bajo siete meses de sufrimiento. Un hombre fuerte que ha cargado con los pecados de su pueblo y ha vuelto triunfante del mal.
Con su aparición, el show de la política ha tomado un nuevo giro. Hay que crear nuevos looks y nuevos espectáculos, un gigantesco trabajo de simulación fálica que permita levantar el deseo castrado del país. Contra el look hollywoodense de Peña Nieto, contra el de hombre de izquierda europeo de Ebrard, contra el juarista de AMLO, contra el de Mario Puzzo del crimen organizado, contra el indefinido de la izquierda radical, surge el del profeta hebreo trasplantado a tierras mexicas que, habiendo cargado el sufrimiento del pueblo, ha vuelto del desierto y sus demonios para señalarnos el camino; y tras ellos, una vez más, la puesta en escena de la castración y la inmadurez de nuestra sociedad.
Además opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, liberar a todos los zapatistas presos, derruir el Costco-CM del Casino de la Selva, esclarecer los crímenes de las asesinadas de Juárez, sacar a la Minera San Xavier del Cerro de San Pedro, liberar todos los presos de la APPO y hacerle juicio político a Ulises Ruiz.