lunes, 15 de febrero de 2010

Saltillo en llamas

Quitzé Fernández
15-Febrero-2010

Alguien le está prendiendo fuego a Saltillo desde hace más de un año y no hay pistas. Ni los 762 policías municipales ni la Fiscalía General del Estado tienen una línea clara de investigación. Esto le ha quitado el sueño a los ciudadanos, quienes ya no descansan igual ante la sensación de que su automóvil sea uno más de los 77 incendiados. Las cifras rebasaron toda corporación y ya se habla de una recompensa...

Cuando una ciudad del norte del país se encuentra bajo fuego, cualquiera pensaría que se trata de una disputa a muerte por el control de territorio entre grupos antagónicos del narcotráfico. Pero Saltillo vive una situación distinta por una banda, o persona que ha incendiado la noche quemando autos estacionados y uno que otro negocio, sin que las autoridades tengan una pista clara, o principales sospechosos.
“No son fantasmas, son gente real, alguien los debe conocer”, piensa el General Marco Antonio Delgado Talavera, director de la Policía Municipal Preventiva, quien considera que la labor de la corporación ha sido buena, pese a contar con poco personal en las calles.

- ¿Qué conocimiento tiene de ellos? ¿Es uno, una pandilla? ¿Un grupo anárquico?
- Yo no puedo darte esos datos porque la Fiscalía ha empezado la investigación. Si yo hablara de lo que no sé, porque en verdad no sé, echaría a perder la investigación de la Fiscalía.

De los ataques, llevados a cabo regularmente en el centro de la ciudad, la Fiscalía General del Estado tiene registrados 3 en diciembre de 2008, 34 en 2009 y 2 en 2010, de los cuales sólo se han presentado 14 denuncias, informó Claudia Brondo Morales, delegada regional.
Estos registros, explicó la funcionaria, han sido documentados de acuerdo a recortes de prensa, ignorando los hechos que suceden fuera del centro de Saltillo.
“Tengo el listado de acuerdo a lo que sacan en los medios. Lo tomo para llevar un control. Hemos acudido con algunos de los afectados y no hemos tenido respuestas”.
Pero si de recortes de periódicos se trata, la Fiscalía General del Estado no cuenta dentro de su historial lo ocurrido en negocios, casa habitación o lotes de autos.
Si el caos tuviese un principio, fue en diciembre de 2008 cuando tres autos fueron incendiados; después, en enero de 2009 dos casas fueron atacadas aparentemente por pandilleros, en total 5 en el año: un taller mecánico y tres negocios; además 20 autos de un lote en mayo, 12 más en un corralón de grúas en julio y 6 tráileres en una empresa de Arteaga en noviembre.
Es decir, 2009 cerró con 72 pérdidas materiales de autos y camiones, además de 9 incendios urbanos en propiedades. Todos ellos sin resolver por autoridades Estatales y Municipales.
“Me decían que levantara una denuncia, ¿Pero a quién demando?”, cuenta Benito Gutiérrez Saucedo, de 81 años, a quien la noche del 8 de diciembre de 2009, a eso de las 11:30 horas, le incendiaron su auto Volkswagen modelo 76 en la calle Jesús Nuncio, en la colonia Simón Bolívar.
Benito estaba en el segundo piso de casa viendo por televisión “El Doctorcito” de Cantinflas; empezó a oler a corto y pensó que su hija Claudia había dejado encendidas las luces del pino de Navidad; un taxista a bordo de un carro de sitio que pasaba por el lugar gritó que su coche se estaba incendiando.
“Los vecinos se levantaron para ayudar, yo fui por un bote de agua a la cocina. Vinieron bomberos y acabaron de apagarlo”.
Ese Volkswagen lo había comprado hace dos años para arreglarlo, tenía poco que sus familiares le habían regalado las llantas y el motor: “Quedó bonito y todo, me dedicaba al enderezado y pintura. Trabajo en eso desde hace mucho, recuerdo que me pagaban 2.50 pesos por semana. ¿Sería a los once años?”.
Ante la pérdida, no le quedó otra más que guardar los restos del coche en su taller. para trabajar otra vez en él y salvarlo de otro atentado, porque 11 días antes, el 26 de noviembre, cuatro autos fueron incendiados a pocas cuadras de su casa, en un ataque que empezó a las 11:30 de la noche para culminar a las 03:00 de la madrugada.

Sin pistas, sin nada
Un automóvil, por sus características y los materiales de los que está hecho, tarda alrededor de 5 minutos en consumirse por el fuego, explica Marco Antonio Hernández Mireles, Capitán de la Delegación Sureste de Bomberos.
Hernández Míreles ahonda que ellos tardan alrededor de tres minutos para llegar a un siniestro, al que califica como incendio urbano, el cual puede ir desde un tejabán hasta una industria.
Con 28 años dentro de la corporación, dice que es complicado determinar las causas de un incendio: “Si los vidrios fueron rotos antes o después del incendio, es difícil saber si se quebraron porque lo provocaron o debido al calor. También es difícil encontrar en el interior algún tipo de residuo, por la rapidez con que se genera el fuego”.
Hernández Mireles dice que en los últimos meses han atendido reportes de incendio a autos, pero que a ellos no les toca determinar si han sido ataques, porque su función es controlar la situación.
“Nosotros tratamos de determinar la posible causa del incendio con el propietario. Si no le satisface la posible causa que podamos determinar de manera conjunta Policía y Bomberos, se solicitan los servicios periciales para que la Fiscalía determine a través de los sistemas de laboratorio e investigación la causa”.
Claudia Brondo Morales, aclara que los agentes de la Fiscalía General del Estado que han trabajado en recabar pruebas, han coincidido en que la mayoría de los ataques ocurren de manera similar: siempre de noche o madrugada, con gasolina, pero no han determinado si es con bomba molotov. No dejan rastro, nadie los ve. O sea que en realidad no tienen nada.

“No sabemos si sean una o más personas. Utilizan sólo gasolina, al menos en los que tenemos denunciados”.
- ¿Se trata de un grupo vandálico?
- No lo podemos determinar, porque en la mayoría de los casos estas personas aprovechan la noche para cometerlo. No puedo hablar de una banda hasta no tener otro indicio.
- ¿Los testigos coinciden en algo?
- No hay testigos. Los afectados en lo que coinciden es que llegan, estacionan sus vehículos, ingresan a sus domicilios a descansar y es cuando alguien les avisa, o escuchan ruido y salen y ya se está incendiando el vehículo.

Pero, eso sí, tienen registrado el caso de una persona confesa, quien alegó haber tenido problemas con el papá de su novia: incendió su auto. “Se le ha ido investigando, se le ha citado a declarar, pero no se le ha acreditado que haya intervenido en los otros casos”.
Brondo Morales confía que le llama la atención la poca participación de la gente a la hora de denunciar, después de todo, agrega, hay un malestar hondo porque se trata de la pérdida del patrimonio, la inseguridad de dejar un vehículo en el exterior.
Claudia Brondo Morales agrega sobre las labores de investigación: “Específicamente no hay un grupo especial asignado para estas investigaciones, pero sí estamos tratando de localizar a estas personas. Queremos evitar que se siga cometiendo esto. No tenemos datos fuertes, hay algunas líneas”.

Hacen falta policías
Siempre de noche son los ataques, cobijados por la oscuridad. Marco Antonio Delgado Talavera explica que Saltillo, como toda ciudad, tiene sus problemas de delincuencia. Pero con 702, 568 habitantes según el último censo de población y apenas 8 asesinatos relacionados con el crimen organizado registrados en 2009 por la Fiscalía General del Estado, dista mucho de las más de 400 muertes ocurridas en la región Laguna.
El dolor de cabeza de la Policía Municipal parece centrarse en los más de 70 autos incendiados, y es que la población ha comenzado a crear leyendas urbanas acerca del origen de los incendiarios. Delgado Talavera piensa que las acciones realizadas por la corporación han sido buenas: 130 detenciones sólo en el mes de febrero en el centro de la ciudad por diversos motivos, que van desde el robo común hasta robo con lesiones ¿Y de ellos?: Nada.
Según Delgado Talavera se tiene un especial cuidado en el centro de la ciudad, donde hay asignados aproximadamente 70 policías por las noches y 50 durante las mañanas, apoyados las 24 horas del día por directivos de la Dirección de Seguridad Pública: 5 militares de alto rango.
“Participamos en operativos también. Le ponemos especial atención al centro, nosotros estamos sobre el centro. Si la gente no denuncia a tiempo, no llegamos a tiempo obviamente. Con cinco minutos que nos avisen tarde ya es difícil capturar a los delincuentes”.
Marco Antonio Delgado explica que todo mundo en la ciudad sabe que el número de policías en la corporación no es el adecuado, actualmente cuentan con 686 en activo, más 76 que están por egresar de la Academia de Policía: 762, considera que un número idóneo sería de 1000 a 1200. “Tenemos la instrucción del Alcalde de implementar la nueva academia, de lanzar la nueva convocatoria para que aumente el efectivo de personal”.
- ¿Por qué todos estos elementos que usted tiene asignados en el centro no han capturado a el o los presuntos incendiarios?
- En ese aspecto nosotros estamos poniendo especial interés en encontrarlos, pero ellos considero que tienen bien conocida el área, conocen el centro. Tienen su refugio muy bien definido. Conocen bien los movimientos de la Policía, los tiempos. Yo tengo la plena convicción de que viven por ahí y se refugian rápidamente en un domicilio.

Los escurridizos Pirómanos
La vox populi los ha bautizado como Los Pirómanos, se han vuelto tema en las charlas cotidianas, hasta en el café de la mañana. A juicio de Guillermo Solís Perales, director del Centro Estatal de Salud Mental de Coahuila, se trata de delincuentes.
En caso de que fuera piromanía, explica Solís Perales, manía clasificada por el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, editado por primera vez en 1952 en los Estados Unidos, se trata de un trastorno que pertenece a un problema del control de los impulsos, donde se clasifica la ludopatía.
“En la piromanía el individuo suele experimentar un problema intenso de ansiedad, un impulso por ejecutar una acción determinada. Es un impulso que genera mucha angustia y que al realizarlo esta sensación suele aminorarse”.
Guillermo Solís explica que la piromanía se trata de una enfermedad rara que afecta al uno por ciento de los pacientes con problemas mentales: “Creo que lo que está pasando en la ciudad obedece a un problema de estructura de personalidad. Estamos hablando de conductas que no específicamente se refieren a conductas piromaniacas, sino más bien entrarían componentes de conductas delictivas antisociales”.
Solís Perales piensa que los posibles pirómanos tienen una falta de conciencia moral, o falta de sentimiento de culpabilidad hacia los eventos que están cometiendo:
“Es una situación que está afectando la salud mental del individuo y está causando un impacto social muy denigrante”.
Ahonda que la adrenalina que produce un incendio para una persona enferma está en ver el fuego, por lo que lo interpreta como un acto vandálico, además que el piromaniaco no espera una determinada hora del día para llevar a cabo el acto.
Para empezar el año, la ciudad registró un ataque más la noche del lunes 11 de enero, en el centro de la ciudad, el jeep propiedad de Aarón Omar Martínez fue incendiado por desconocidos; Aarón sólo logró recuperar las llantas del carro, lo demás fue pérdida total. Aseguró que se trató de una banda callejera que iba pasando por el lugar.
Mientras que el 6 de febrero fue incendiada una camioneta en la colonia Topo Chico; hasta el momento no se ha podido determinar quién fue el culpable.
Marco Antonio Delgado Talavera considera que para capturarlos se necesita que sus elementos anden de civil para realizar una labor de investigación:
“Para nosotros es mucho más difícil, te lo digo sinceramente, porque ellos pueden moverse en motocicletas, en bicicletas, a pie. Se necesita una tarea de investigación, de poner elementos que se confundan con la gente, nuestra desventaja es el uniforme”.
Y ya en tren, encaminados sobre la existencia de leyendas urbanas:

- ¿Es cierto que el alcalde ofreció una compensación económica a quien logre capturarlos?
- Eso sí no te lo puedo decir, a lo mejor sí porque a una buena acción corresponde un estímulo.

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