sábado, 13 de febrero de 2010

MOURIÑO Y REYES HEROLES; DUELO DE AMBICIONES

Ana Lilia Pérez
MÉXICO, D.F., 13 de febrero (Proceso).- Quien fuera el colaborador más cercano del presidente Felipe Calderón, y sobre quien pesaron acusaciones documentadas de que se benefició con jugosos contratos de Pemex cuando era funcionario público, Juan Camilo Mouriño mantuvo una guerra de poder con el director de Pemex, Jesús Reyes Heroles. El motivo: cada cual buscaba el control de la petrolera para beneficio de los intereses que representaba –en el caso de Mouriño, el de su propia familia. La historia de este conflicto entre dos hombres ambiciosos es contada en el libro Camisas azules, manos negras, de la periodista Ana Lilia Pérez, que la próxima semana pondrá en circulación el sello Grijalbo. Con autorización de la autora y de la editorial, reproducimos extractos del capítulo alusivo a esa pugna palaciega.
Enero de 2007. Parecía como si sobre su espalda cargase una pesada lápida. Dirigir la empresa más importante del país sin duda potenciaría el estrés de cualquier ejecutivo, aunque no era la res­ponsabilidad lo que le angustiaba, sino los golpes bajos que en cada oportunidad le daba Juan Camilo Mouriño, jefe de la ofi­cina de la Presidencia de la República y contratista de Pemex. Su carácter introvertido e inseguro se convirtió en el talón de Aqui­les del recién nombrado director de la petrolera, Jesús Federico Reyes Heroles González Garza. Un pequeño pez en un océano de tiburones.
Entre los dos nació una profunda rivalidad al representar inte­reses opuestos: Juan camilo Mouriño Terrazo a las trasnacionales europeas y al consorcio que formó con su familia, que luchaba a toda costa por tener una gran tajada de la paraestatal. Jesús Reyes Heroles González Garza, cabildero de las texanas. La pugna era entre los dos grandes grupos económicos que, a partir de que Felipe Calderón prometió que en su gobierno sí habría reforma energética, se disputaban el tesoro petrolero mexicano.
(…)
Una de las mayores diferencias entre Mouriño y Reyes Heroles se dio por la Dirección Corporativa de Administración, que desde 2005 ocupaba Rosendo Villarreal, y donde, infructuosa­mente, Mouriño intentó colocar a Yolanda Valladares, y Reyes Heroles a Roberto Ortega Lomelín, su coordinador ejecutivo en la Dirección General.
De extracción priista como Reyes Heroles, Ortega Lomelín fue su mano derecha mientras dirigió Pemex. Como anecdota­rio, Lomelín fue uno de los dos sobrevivientes (el otro, Heriberto Galindo) del atentado en el que fue asesinado el secretario general del PRI, José Francisco Ruiz Massieu, cuñado del entonces pre­sidente Carlos Salinas de Gortari, la mañana del miércoles 28 de septiembre de 1994.
Estructuralmente Villarreal era jefe de Yolanda Valladares, gerente de Desarrollo Social, aunque la funcionaria respondía sólo a las indicaciones de Mouriño, quien daba la ordenanza de a quién dar o no los donativos y donaciones de Pemex. Durante 2007 esta situación fue otro de los motivos de disputa entre Juan Camilo y el director de la petrolera, que los llevó a francas dis­cusiones que terminaban siempre con la amenaza de Mouriño de que pediría a Calderón su destitución.
Para aprender a contener a Juan Camilo y cumplir también con la instrucción presidencial de preparar Pemex para la reforma energética, Reyes Heroles se reunió en varias ocasiones con Luis Ramírez Corzo, radicado en Estados Unidos, donde ahora tra­baja como asesor de compañías petroleras.
Su último encuentro fue en agosto de 2007. Un privado del Champs Élysées, restaurante francés ubicado en el número 316 de la avenida Paseo de la Reforma, fue confesionario de los pesares provocados por el voraz Mouriño. (…) Hacia la una de la madrugada, Reyes Heroles bebía las últimas gotas de la sexta botella. Ni una pinta de aquel tinto de Burdeos humedeció los labios de Ramírez Corzo, quien optó por tomar agua mineral y conservar la sobriedad. Todo ello es relatado por uno de los asistentes a este encuentro, un alto fun­cionario en la gestión de Ramírez.
–Luis lo vio tan agobiado que le recomendó comentarlo con el presidente. ¡Beberse seis botellas, imagínate, qué forma de gastar el dinero! –comenta el funcionario.
Si hay una característica que hizo popular a Reyes Heroles en Marina Nacional es su afición por el alcohol. Su bebida favo­rita es la que se produce en Pomerol: el Château Pétrus, consi­derada por los enólogos la joya de los vinos. Más que un gusto personal, la relevancia es que lo sufragaba con la tarjeta ejecu­tiva que la petrolera da a sus directivos y que se paga con recursos públicos. En el Champs Élysées cada botella costó 50 mil pesos.
(…)
Durante 2007 presentó su renuncia a Calderón en tres ocasio­nes, las mismas que éste rechazó. Conocedor de las debilidades de los suyos, Calderón se resistía a soltarle las riendas de Pemex a Mouriño, empecinado en escoger un director y administrador, según fuentes de los Pinos.
Cuando las bravatas de Mouriño subieron de tono, Reyes Heroles optó por comentárselo al presidente --como le reco­mendó Ramírez Corzo-- durante una cena que en su casa orga­nizó para la pareja presidencial. Al término de la velada, de nuevo, Calderón le dio el espaldarazo. Reyes Heroles abonó a la sospe­cha. Tras despedirse del anfitrión, Margarita Zavala conminó a su esposo a amarrarle las manos a Juan Camilo, como cuatro años atrás le recomendara el secretario Gil Díaz al presidente Fox res­pecto de sus hijastros Manuel y Jorge Bribiesca.

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