Gerardo Fernández Casanova (especial para ARGENPRESS.info)
“Que el fraude electoral jamás se olvide”
Confieso que me está costando mucho trabajo escribir este artículo; estuve tentado a evadir el compromiso que me he impuesto, argumentando un hipotético período vacacional.
La verdad es que me es imposible soslayar el convencionalismo del cambio de año; el consabido recuento de lo sucedido en el que termina para hacer propósitos para el año que comienza, pero no deja de ser doloroso reconocer que, en el 2009, los mexicanos registramos el peor año de nuestra historia, si acaso superado por los que se vivieron con las guerras de intervención, las yanquis y la francesa; hablo de las yanquis para incluir, además de la de 1847 que nos robó la mitad del territorio, la de 1913 que implicó el cuartelazo que asesinó al presidente Madero, gestado en y por la embajada de los Estados Unidos y que provocó la fase más cruenta de la Revolución Mexicana, necesaria para derrocar al sátrapa Huerta, impuesto por el embajador Henry Lane Wilson. También incluyo la que se practica de manera continua con las armas de la economía.
En este año que termina se vivió la peor crisis económica desde la etapa armada de la revolución, sumando a la doméstica, que ya dura más de veinte años, la del mundo capitalista, con sus secuelas de desempleo y recrudecimiento de la carestía y la pobreza. Nuestras ciudades están tomadas por las fuerzas beligerantes del crimen organizado y del gobierno; la población es presa de una violencia inusitada y, de hecho, se vive un no declarado estado de sitio. La gripa AH1N1 amenazó al país y puso de manifiesto el efecto del desmantelamiento del estado, inerme ante el riesgo, así como la impericia del gobierno gerencial que, además de provocar pánico en la población, paralizó innecesariamente la actividad económica, con especial daño a la del turismo. No contento con los fracasos acumulados, el régimen la emprende contra los trabajadores y, con argumentos falaces y medidas ilegales, cierra Luz y Fuerza del Centro y deja en la calle a más de 40 mil jefes de familia. El proceso electoral de mitad de sexenio mostró la debacle de la izquierda electoral y la entronización del zopilote bicéfalo, bajo los auspicios del poder de la televisión. El clero católico arremete contra un ya lánguido laicismo y pretende regresar el reloj de la historia para convertir el catecismo en ley. El rechinar de dientes se escucha por doquier.
Trato de escudriñar en la memoria alguna noticia grata, más allá de las de orden personal, y no la encuentro. Corrijo. Es buena noticia la sobrevivencia y el fortalecimiento de la movilización popular encabezada por AMLO, su presencia hasta en el más recóndito municipio, su pertinaz estructuración, el emblemático triunfo en Iztapalapa, su conexión con otros movimientos sociales. Todo ello en resistencia al más agresivo embate político y mediático jamás visto. Bueno, viéndolo bien, esta es una gran noticia: estamos vivos y tenemos la esperanza. Vale.
Comienza el emblemático 2010 de las conmemoraciones centenarias y de las premoniciones cíclicas. En tratándose de años, los del número diez han marcado los inicios de luchas tan importantes como la de la independencia y la de la revolución, que cambiaron profundamente la realidad nacional. No comparto el fatalismo de las fechas, no obstante hay quienes se esfuerzan por hacerlo valer, principalmente quienes, desde el poder, se obstinan en crear las mismas condiciones que dieron lugar a los acontecimientos que se conmemoran. Ni la corona española ni la dictadura porfirista fueron tan obstinados en desoír las advertencias de la realidad, como lo es el actual régimen espurio que, obcecado en las recetas políticas y económicas de sus patrones, insiste en mantener los privilegios de unos cuantos y en acrecentar la pobreza de la mayoría.
Para el año que comienza no puedo desear felicidades; se avizoran tiempos de enorme sacrificio y lucha. En todo caso, mi mayor deseo es que los sepamos afrontar con la plena decisión de salvar al país. El mayor esfuerzo tendremos que enfocarlo a la educación política, a la formación de la conciencia de la gente común para vencer los efectos nefastos de la propaganda oficial, de la desinformación mediática y de la manipulación clerical, verdaderos instrumentos de lo que los curas llaman “el maligno”.
Son muchos frentes para una misma lucha; desde la promoción de un referéndum para revocar el mandato de Calderón, que no por simbólico deja de tener eficacia, hasta la consecución del paro nacional que obligue al régimen a la retirada, para dar lugar a la fuerza popular en la conducción del país conforme a sus legítimos intereses. Es hora de vernos todos a la cara y de reconocernos en calidad de Patria. Es mi mejor deseo para el 2010. Enhorabuena que así sea.
miércoles, 30 de diciembre de 2009
CARDENALES Y OBISPOS, PROTEGIDOS POR EL PAPA Y CALDERÓN, BUSCAN RECUPERAR PRIVILEGIOS EN MÉXICO
Pedro Echeverria (especial para ARGENPRESS.info)1. Ayer, en su homilía dominical, el cardenal Rivera Carrera aseguró que “la cultura moderna, además de atacar a la familia con la poligamia y el adulterio, hoy la agrede en su esencia por la equiparación de las uniones homosexuales con el matrimonio entre el hombre y la mujer, hasta el punto de permitir la adopción de niños y niñas en el seno de esas uniones.
La Iglesia enseña que el respeto hacia las personas homosexuales no puede, en modo alguno, llevar a la legalización de las uniones homosexuales. El bien común exige que las leyes reconozcan, favorezcan y protejan la unión matrimonial como base de la familia, célula primaria de la sociedad”. El arzobispo de México, cardenal con una enorme presencia, está a la cabeza del alto clero mexicano que ha sido acusado de protector de pederastas, de estar aliado al gobierno panista y a poderosos empresarios.
2. Desde que el presidente Carlos Salinas le otorgó todos los derechos al clero en 1992 y estableció totales relaciones con el Estado Vaticano, la poderosa jerarquía eclesiástica no ha descansado en la búsqueda de la recuperación de su dominación arrebatada a mediados del siglo XIX por las fuerzas liberales juaristas. El clero, los militares y los sectores de derecha impulsaron una guerra contra la Reforma liberal (1858/60), luego aprovecharon los privilegios de los 35 años (1876/1911) de la dictadura porfirista y en 1926 lanzó una Guerra Cristera contra el gobierno de la revolución y la Constitución de la República. Es por esa terrible historia, en la que el clero ha estado siempre aliado a las clases explotadoras y opresoras, por la que hay que tener mucho cuidado en sus intervenciones y su fortalecimiento. El PAN y el PRI neoliberales han apoyado su fortalecimiento.
3. No me metería a discutir el significado ideológico o filosófico de las religiones porque pienso como Marx que es simplemente “el opio del pueblo”. La palabra “opio” no es despectiva ni agresiva, pues el opio sólo es una droga analgésica narcótica que “se extrae de las cabezas verdes de la adormilera” (planta similar a la amapola). Parecería que la religión sólo adormece, da protección y descanso a la gente humilde en esta putrefacta sociedad capitalista que mata de hambre, enloquece a la persona y la arrincona negándole todas las salidas. ¿Cómo los humildes pueden huir de la opresión y sus penalidades si no cuentan con otras propuestas, con ideas liberadoras que las ayuden a despertar? Por eso el alto clero, a través de los siglos, se ha aprovechado de esa bondad y desesperación humana, para prometerles el cielo como salvación ante sus sufrimientos en la tierra.
4. ¿Qué pueden hacer los millones de familias que durante días y semanas no han tenido que comer, no les ha salido un trabajo, han visto enfermarse gravemente a sus hijos, etcétera y de pronto, sin poderse explicar racionalmente el por qué de las cosas, “como un milagro”, obtienen un ingreso económico, comen y sus hijos moribundos salvan su vida? ¿Cuántas millones de promesas se hacen a cualquier santo, a cualquier Dios, en los momentos de mayor desesperación que sirven de alivio, de descanso, de “colchón”, para que la gente más pobre y más honesta no tenga que darse con la pared? Por eso pienso que mientras exista el capitalismo, la explotación, la opresión y la miseria, la gran mayoría de la población tendrá que encontrar un lugar para desahogar sus penas y sus sufrimientos. Parece que la religión ayuda es fundamental para dormir el alma. El pueblo parece necesitarla.
5. El problema no es la religión como ideología porque en última instancia hay una enorme cantidad de ideologías y religiones en el mundo y cada quien puede adoptar la que quiera. El problema surge cuando las personas o grupos las interpretan para beneficio de sus intereses personales y se aprovechan de la gente honesta que los siguen. Todavía se puede hablar en México de alto clero o gran jerarquía eclesiástica que forma parte de la clase dominante y de los sectores minoritarios que determinan acerca de las políticas de Estado; pero también de clero bajo que es la gran masa de sacerdotes o curas de pueblos y pequeñas ciudades ligados directamente a los problemas de la población tales como miseria y pobreza, defensa de derechos indígenas, campesinos y sectores marginados. Sus ideologías suelen oponerse en los momentos en que la población se manifiesta.
6. La alta jerarquía católica en México, formada por los delegados papales, cardenales y arzobispos de casi todas las grandes capitales de los estados de la República, mantiene un papel determinante en las políticas de cada entidad. Todos los políticos de alto nivel deben lograr “la bendición” de esos jerarcas para obtener algún cargo de elección, de lo contrario su partido será castigado desde el púlpito y las sacristías de la iglesias. El clero –como los fuertes partidos y organizaciones empresariales hace alta política desde la cúspide del poder para conservar los privilegios que durante siglos ha tenido. Cuando desde el púlpito condena el aborto o su legalización, cuando combate a los homosexuales prohibiendo que pudieran formar una propia familia con hijos adoptados o cuando llama a sus feligreses a no votar por partidos no religiosos, están interviniendo directamente en política.
7. En los dos últimos años el alto clero, mediante un arreglo o acuerdo con el gobierno del PAN y los líderes del PRI han logrado echar abajo en 18 estados -de los 32 en que se divide el país- de las medidas avanzadas que años antes se habían logrado en materia de aborto y sociedades de convivencia. No se han podido imponer en la Ciudad de México donde desde hace 12 años gobierno el PRD. Es el motivo por el cual el Cardenal Norberto Rivera va ahora con toda su fuerza después de varios ensayos provocadores que ha preparado contra los gobiernos del PRD y López Obrador. Lo que el clero busca es recuperar el mayor poder posible en estos momentos en que el gobierno de la derecha panista, apuntalado por el ejército, demuestra tener fuerza. La pregunta sería: ¿Tendrán los ciudadanos del DF la fuerza para confrontar a los mercaderes de la iglesia?
La Iglesia enseña que el respeto hacia las personas homosexuales no puede, en modo alguno, llevar a la legalización de las uniones homosexuales. El bien común exige que las leyes reconozcan, favorezcan y protejan la unión matrimonial como base de la familia, célula primaria de la sociedad”. El arzobispo de México, cardenal con una enorme presencia, está a la cabeza del alto clero mexicano que ha sido acusado de protector de pederastas, de estar aliado al gobierno panista y a poderosos empresarios.
2. Desde que el presidente Carlos Salinas le otorgó todos los derechos al clero en 1992 y estableció totales relaciones con el Estado Vaticano, la poderosa jerarquía eclesiástica no ha descansado en la búsqueda de la recuperación de su dominación arrebatada a mediados del siglo XIX por las fuerzas liberales juaristas. El clero, los militares y los sectores de derecha impulsaron una guerra contra la Reforma liberal (1858/60), luego aprovecharon los privilegios de los 35 años (1876/1911) de la dictadura porfirista y en 1926 lanzó una Guerra Cristera contra el gobierno de la revolución y la Constitución de la República. Es por esa terrible historia, en la que el clero ha estado siempre aliado a las clases explotadoras y opresoras, por la que hay que tener mucho cuidado en sus intervenciones y su fortalecimiento. El PAN y el PRI neoliberales han apoyado su fortalecimiento.
3. No me metería a discutir el significado ideológico o filosófico de las religiones porque pienso como Marx que es simplemente “el opio del pueblo”. La palabra “opio” no es despectiva ni agresiva, pues el opio sólo es una droga analgésica narcótica que “se extrae de las cabezas verdes de la adormilera” (planta similar a la amapola). Parecería que la religión sólo adormece, da protección y descanso a la gente humilde en esta putrefacta sociedad capitalista que mata de hambre, enloquece a la persona y la arrincona negándole todas las salidas. ¿Cómo los humildes pueden huir de la opresión y sus penalidades si no cuentan con otras propuestas, con ideas liberadoras que las ayuden a despertar? Por eso el alto clero, a través de los siglos, se ha aprovechado de esa bondad y desesperación humana, para prometerles el cielo como salvación ante sus sufrimientos en la tierra.
4. ¿Qué pueden hacer los millones de familias que durante días y semanas no han tenido que comer, no les ha salido un trabajo, han visto enfermarse gravemente a sus hijos, etcétera y de pronto, sin poderse explicar racionalmente el por qué de las cosas, “como un milagro”, obtienen un ingreso económico, comen y sus hijos moribundos salvan su vida? ¿Cuántas millones de promesas se hacen a cualquier santo, a cualquier Dios, en los momentos de mayor desesperación que sirven de alivio, de descanso, de “colchón”, para que la gente más pobre y más honesta no tenga que darse con la pared? Por eso pienso que mientras exista el capitalismo, la explotación, la opresión y la miseria, la gran mayoría de la población tendrá que encontrar un lugar para desahogar sus penas y sus sufrimientos. Parece que la religión ayuda es fundamental para dormir el alma. El pueblo parece necesitarla.
5. El problema no es la religión como ideología porque en última instancia hay una enorme cantidad de ideologías y religiones en el mundo y cada quien puede adoptar la que quiera. El problema surge cuando las personas o grupos las interpretan para beneficio de sus intereses personales y se aprovechan de la gente honesta que los siguen. Todavía se puede hablar en México de alto clero o gran jerarquía eclesiástica que forma parte de la clase dominante y de los sectores minoritarios que determinan acerca de las políticas de Estado; pero también de clero bajo que es la gran masa de sacerdotes o curas de pueblos y pequeñas ciudades ligados directamente a los problemas de la población tales como miseria y pobreza, defensa de derechos indígenas, campesinos y sectores marginados. Sus ideologías suelen oponerse en los momentos en que la población se manifiesta.
6. La alta jerarquía católica en México, formada por los delegados papales, cardenales y arzobispos de casi todas las grandes capitales de los estados de la República, mantiene un papel determinante en las políticas de cada entidad. Todos los políticos de alto nivel deben lograr “la bendición” de esos jerarcas para obtener algún cargo de elección, de lo contrario su partido será castigado desde el púlpito y las sacristías de la iglesias. El clero –como los fuertes partidos y organizaciones empresariales hace alta política desde la cúspide del poder para conservar los privilegios que durante siglos ha tenido. Cuando desde el púlpito condena el aborto o su legalización, cuando combate a los homosexuales prohibiendo que pudieran formar una propia familia con hijos adoptados o cuando llama a sus feligreses a no votar por partidos no religiosos, están interviniendo directamente en política.
7. En los dos últimos años el alto clero, mediante un arreglo o acuerdo con el gobierno del PAN y los líderes del PRI han logrado echar abajo en 18 estados -de los 32 en que se divide el país- de las medidas avanzadas que años antes se habían logrado en materia de aborto y sociedades de convivencia. No se han podido imponer en la Ciudad de México donde desde hace 12 años gobierno el PRD. Es el motivo por el cual el Cardenal Norberto Rivera va ahora con toda su fuerza después de varios ensayos provocadores que ha preparado contra los gobiernos del PRD y López Obrador. Lo que el clero busca es recuperar el mayor poder posible en estos momentos en que el gobierno de la derecha panista, apuntalado por el ejército, demuestra tener fuerza. La pregunta sería: ¿Tendrán los ciudadanos del DF la fuerza para confrontar a los mercaderes de la iglesia?
2012, NAUFRAGIO PANISTA
José Gil Olmos
MÉXICO, D.F., 30 de diciembre (apro).- Sin haber creado una institución que funcione en una década al frente del país, el PAN ha confirmado lo que alguna vez dijo uno de sus principales fundadores, Manuel Gómez Morín, que este partido nació para oponerse y proponer, no para gobernar. Todo parece indicar que así pasará a la historia en estas fechas memorables.
Emblemático, el año entrante el país celebra dos fechas claves para la historia nacional: el centenario de la Revolución y el bicentenario de la Independencia. Pero para la posteridad el 2010 podría pasar como el fracaso de la transición democrática mexicana.
Lamentablemente para el país la llegada del PAN al poder no significó ninguna transformación social, política o económica como se anhelaba tras 70 años de régimen autoritario del PRI, sino todo lo contrario, una profunda decepción.
De esta manera y aunque no ha transcurrido mucho tiempo, apenas tres años, el gobierno de Vicente Fox ya es recordado como el de la desilusión pues muchos de los que votaron por él veían la real posibilidad del cambio político e incluso se llegó a pensar en una transición radical del país mediante un gran pacto político entre todas las fuerzas y poderes.
Pero nada de esto sucedió, Fox dejó pasar una oportunidad histórica y no hubo acuerdos políticos con los poderes emergidos del PRI para cambiar el sistema sino que se reafirmaron las viejas alianzas sindicales, económicas y hasta de corrupción dando lugar a una enorme decepción entre los mexicanos.
Lo mismo ha ocurrido con Felipe Calderón quien, si no da un giro completo a su gobierno, será invocado como el presidente del fracaso pues sus principales propuestas han resultado ser eso, un enorme chasco pues no ha generado el empleo que prometió, ni establecido la paz ni la tranquilidad anhelada por millones de ciudadanos sometidos diariamente al terror del narcotráfico y la delincuencia organizada.
Metido cómodamente en el papel de oposición el PAN nunca se preparó para gobernar el país. Sin cuadros políticos suficientemente capacitados, carentes de preparación y de visión para toma decisiones de largo plazo, Fox y Calderón se sentaron en la silla presidencial sólo para intentar administrar el presente.
Y con ello echaron por la borda la esperanza representada en muchos de los votos que recibieron para ganar dos veces seguidas las elecciones presidenciales. Su fracaso viene a confirmar la teoría de que llegaron al poder no por el crecimiento del su partido el PAN sino por el hartazgo de la ciudadanía o por el miedo de los grupos de poder (empresarios, iglesia católica, sindicatos, etc.) de la llegada de un presidente ajeno y opositor a sus intereses.
Los gobiernos panistas vinieron a confirmar una triste realidad para los mexicanos: que las prácticas de impunidad, corrupción, mentira y traiciones que tanto criticaban del PRI, en realidad forman parte de la cultura política nacional. O sea, que no hay diferencias entre derecha, izquierda y centro en la geometría política del país.
Confirmada esta sospecha el regreso del PRI como “un partido que si sabe gobernar” parece lo más natural para los próximos años. Ahora no importa lo que digan y critiquen de los priistas, total todos los políticos son iguales o peores porque no saben gobernar.
Bajo esta idea de “nosotros si sabemos gobernar” si el PRI gana es probable que se vean cambios en el estilo o en la forma de hacer las cosas. Una de ellas, el combate al narcotráfico.
Es posible que al recobrar el PRI el poder presidencial veamos que los niveles de violencia y las formas en que se ha expresado el poder del crimen organizado sean menos graves o evidentes que las que experimentamos actualmente. Pero no es porque los priistas vayan a acabar con el narcotráfico pues saben que es imposible ya que se trata de un problema internacional con intereses profundos en los Estados Unidos, sino que le apostaran a controlarlo y para ello no duden que lleguen a acuerdos con algunos grupos como ya lo hicieron en el pasado.
2010 plantea entonces para el país muchos retos, pero el principal sacarlo del hoyo en que se encuentra, de la crisis económica, política y social al que ha sido llevado por los gobernantes panistas en quienes se fincó la enorme ilusión del cambio o el reto de la transición pero que sólo mostraron incapacidad para gobernar.
MÉXICO, D.F., 30 de diciembre (apro).- Sin haber creado una institución que funcione en una década al frente del país, el PAN ha confirmado lo que alguna vez dijo uno de sus principales fundadores, Manuel Gómez Morín, que este partido nació para oponerse y proponer, no para gobernar. Todo parece indicar que así pasará a la historia en estas fechas memorables.
Emblemático, el año entrante el país celebra dos fechas claves para la historia nacional: el centenario de la Revolución y el bicentenario de la Independencia. Pero para la posteridad el 2010 podría pasar como el fracaso de la transición democrática mexicana.
Lamentablemente para el país la llegada del PAN al poder no significó ninguna transformación social, política o económica como se anhelaba tras 70 años de régimen autoritario del PRI, sino todo lo contrario, una profunda decepción.
De esta manera y aunque no ha transcurrido mucho tiempo, apenas tres años, el gobierno de Vicente Fox ya es recordado como el de la desilusión pues muchos de los que votaron por él veían la real posibilidad del cambio político e incluso se llegó a pensar en una transición radical del país mediante un gran pacto político entre todas las fuerzas y poderes.
Pero nada de esto sucedió, Fox dejó pasar una oportunidad histórica y no hubo acuerdos políticos con los poderes emergidos del PRI para cambiar el sistema sino que se reafirmaron las viejas alianzas sindicales, económicas y hasta de corrupción dando lugar a una enorme decepción entre los mexicanos.
Lo mismo ha ocurrido con Felipe Calderón quien, si no da un giro completo a su gobierno, será invocado como el presidente del fracaso pues sus principales propuestas han resultado ser eso, un enorme chasco pues no ha generado el empleo que prometió, ni establecido la paz ni la tranquilidad anhelada por millones de ciudadanos sometidos diariamente al terror del narcotráfico y la delincuencia organizada.
Metido cómodamente en el papel de oposición el PAN nunca se preparó para gobernar el país. Sin cuadros políticos suficientemente capacitados, carentes de preparación y de visión para toma decisiones de largo plazo, Fox y Calderón se sentaron en la silla presidencial sólo para intentar administrar el presente.
Y con ello echaron por la borda la esperanza representada en muchos de los votos que recibieron para ganar dos veces seguidas las elecciones presidenciales. Su fracaso viene a confirmar la teoría de que llegaron al poder no por el crecimiento del su partido el PAN sino por el hartazgo de la ciudadanía o por el miedo de los grupos de poder (empresarios, iglesia católica, sindicatos, etc.) de la llegada de un presidente ajeno y opositor a sus intereses.
Los gobiernos panistas vinieron a confirmar una triste realidad para los mexicanos: que las prácticas de impunidad, corrupción, mentira y traiciones que tanto criticaban del PRI, en realidad forman parte de la cultura política nacional. O sea, que no hay diferencias entre derecha, izquierda y centro en la geometría política del país.
Confirmada esta sospecha el regreso del PRI como “un partido que si sabe gobernar” parece lo más natural para los próximos años. Ahora no importa lo que digan y critiquen de los priistas, total todos los políticos son iguales o peores porque no saben gobernar.
Bajo esta idea de “nosotros si sabemos gobernar” si el PRI gana es probable que se vean cambios en el estilo o en la forma de hacer las cosas. Una de ellas, el combate al narcotráfico.
Es posible que al recobrar el PRI el poder presidencial veamos que los niveles de violencia y las formas en que se ha expresado el poder del crimen organizado sean menos graves o evidentes que las que experimentamos actualmente. Pero no es porque los priistas vayan a acabar con el narcotráfico pues saben que es imposible ya que se trata de un problema internacional con intereses profundos en los Estados Unidos, sino que le apostaran a controlarlo y para ello no duden que lleguen a acuerdos con algunos grupos como ya lo hicieron en el pasado.
2010 plantea entonces para el país muchos retos, pero el principal sacarlo del hoyo en que se encuentra, de la crisis económica, política y social al que ha sido llevado por los gobernantes panistas en quienes se fincó la enorme ilusión del cambio o el reto de la transición pero que sólo mostraron incapacidad para gobernar.
MÉXICO: EL MAPA HUMANO
Arnoldo Kraus
Todo lo que han hecho –y lo que no han hecho– los gobiernos mexicanos para fabricar la sociedad del desencuentro ha sido exitoso. El fracaso de sus políticas y la mediocridad de nuestros dirigentes han sembrado discordia, creado distancias, generado desconfianza, sepultado inocentes y expulsado connacionales. La sociedad mexicana vive inmersa en la desconfianza; trágico presente y escabroso futuro son realidades que cohabitan en nuestro ambiente.
El año que finaliza sembró más discordia que el previo. El año que sigue será peor que 2009. Perdón por el escepticismo. Perdón por la crudeza. La realidad no pide perdón: habla a partir de lo que retrata. El mapa humano del México contemporáneo es desolador. Expongo dos retratos. El primero: la sociedad del desencuentro se ha instalado entre nosotros. No hay elementos para destejer la espiral de desconfianza. El segundo: la oferta política es magra. No hay en quién depositarse, en quién confiar. Cuando la confianza en las instituciones es mínima, o nula, el desencuentro comunitario se multiplica sin parar. Ese es el mapa humano del México 2009. ¿En quién confiar?
La mayoría de la población no confía en la mayoría de sus gobernantes. La mayoría de los políticos no confía en sus pares, muchas veces, incluso, en los que militan en sus propios partidos. La mayoría de los políticos que confiaban en los pactos que tenían con sus narcotraficantes se han retirado y la mayoría de los narcotraficantes guardan malas relaciones con sus homólogos. La desalmada lucha entre narcotraficantes y el Ejército ha matado a muchos inocentes y ha cuestionado la transparencia de la milicia. Ésta no sólo no ha logrado frenar el narcotráfico, sino se ha convertido en blanco de críticas por algunas de sus actitudes en la comunidad.
La añeja falta de confianza de la sociedad en la policía y ahora en la milicia se ha incrementado conforme los índices de violencia aumentan: muchos habitantes sienten miedo cuando algún policía o patrulla se acerca; muchos le temen menos a los ladrones. No es infrecuente que la muta quiera linchar policías para buscar la justicia que nunca se les ha dado. Tampoco es la serendipia la que hace que las comunidades busquen arreglar cuentas por su propia mano: es la anemia moral de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos la que ha fomentado la desconfianza y el desprecio de la sociedad civil hacia muchas de sus instituciones.
La sociedad quisiera depositarse en algo o en alguien. Imposible: la corrupción y la impunidad despellejan todo. Los connacionales que quieren trabajar tienen que emigrar a Estados Unidos; los desterrados de Salinas, de Zedillo, de Fox y de Calderón son nuestros héroes: sin sus remesas el presente sería, para muchos, irrespirable. Muchos de los connacionales que estudiaron en el extranjero, con frecuencia a costa del erario, optan por no regresar: al Estado mexicano poco le interesa invertir en ciencia o en conocimiento. Mejor invierte y desinvierte en otros rubros.
Aunque sean otros los actores, mucha tinta y dinero corrieron con la intención, desconocida, por supuesto, de crear un Golem mexicano: Juanito. El famoso Juanito expuso la altura de muchos de los rincones de nuestra política e incrementó la desazón de la población. Juanito no logró transformarse en un Golem mexicano, pero sí consiguió sumirnos en la realidad y en los tejes y manejes de nuestra clase política (son muchas las versiones acerca del Golem. Se sabe que es una invención del folclor medieval y de la mitología judía. El Golem es un ser animado fabricado usualmente de barro u otras materias inanimadas. Proteger por medio de sus acciones o de palabras mágicas o religiosas son sus principales atributos).
El último reducto podría ser la religión. Podría ser, pero no lo es. Aunque no lo he indagado ni lo he leído, aventuro las ideas siguientes. La pobreza, la extrema pobreza, erosiona todo. La idea del mundo venidero ya ni es suficiente ni es consuelo. Todo tiene un límite. La pobreza mexicana lo rebasó hace mucho. Lo rebasó con creces y lo sepultaron las posturas de Norberto Rivera y de Onésimo Cepeda. Escucharlos un momentito, no más de un minuto, es suficiente para descreer.
La espiral de la desconfianza no tiene fin. Este año fue peor que 2008; 2010 será peor que 2009. Casi no hay en quién confiar. Casi no hay en quién creer. Son muy pocas las instituciones dignas. Nuestra realidad es patética. Vivimos inmersos en la sociedad del desencuentro.
Todo lo que han hecho –y lo que no han hecho– los gobiernos mexicanos para fabricar la sociedad del desencuentro ha sido exitoso. El fracaso de sus políticas y la mediocridad de nuestros dirigentes han sembrado discordia, creado distancias, generado desconfianza, sepultado inocentes y expulsado connacionales. La sociedad mexicana vive inmersa en la desconfianza; trágico presente y escabroso futuro son realidades que cohabitan en nuestro ambiente.
El año que finaliza sembró más discordia que el previo. El año que sigue será peor que 2009. Perdón por el escepticismo. Perdón por la crudeza. La realidad no pide perdón: habla a partir de lo que retrata. El mapa humano del México contemporáneo es desolador. Expongo dos retratos. El primero: la sociedad del desencuentro se ha instalado entre nosotros. No hay elementos para destejer la espiral de desconfianza. El segundo: la oferta política es magra. No hay en quién depositarse, en quién confiar. Cuando la confianza en las instituciones es mínima, o nula, el desencuentro comunitario se multiplica sin parar. Ese es el mapa humano del México 2009. ¿En quién confiar?
La mayoría de la población no confía en la mayoría de sus gobernantes. La mayoría de los políticos no confía en sus pares, muchas veces, incluso, en los que militan en sus propios partidos. La mayoría de los políticos que confiaban en los pactos que tenían con sus narcotraficantes se han retirado y la mayoría de los narcotraficantes guardan malas relaciones con sus homólogos. La desalmada lucha entre narcotraficantes y el Ejército ha matado a muchos inocentes y ha cuestionado la transparencia de la milicia. Ésta no sólo no ha logrado frenar el narcotráfico, sino se ha convertido en blanco de críticas por algunas de sus actitudes en la comunidad.
La añeja falta de confianza de la sociedad en la policía y ahora en la milicia se ha incrementado conforme los índices de violencia aumentan: muchos habitantes sienten miedo cuando algún policía o patrulla se acerca; muchos le temen menos a los ladrones. No es infrecuente que la muta quiera linchar policías para buscar la justicia que nunca se les ha dado. Tampoco es la serendipia la que hace que las comunidades busquen arreglar cuentas por su propia mano: es la anemia moral de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos la que ha fomentado la desconfianza y el desprecio de la sociedad civil hacia muchas de sus instituciones.
La sociedad quisiera depositarse en algo o en alguien. Imposible: la corrupción y la impunidad despellejan todo. Los connacionales que quieren trabajar tienen que emigrar a Estados Unidos; los desterrados de Salinas, de Zedillo, de Fox y de Calderón son nuestros héroes: sin sus remesas el presente sería, para muchos, irrespirable. Muchos de los connacionales que estudiaron en el extranjero, con frecuencia a costa del erario, optan por no regresar: al Estado mexicano poco le interesa invertir en ciencia o en conocimiento. Mejor invierte y desinvierte en otros rubros.
Aunque sean otros los actores, mucha tinta y dinero corrieron con la intención, desconocida, por supuesto, de crear un Golem mexicano: Juanito. El famoso Juanito expuso la altura de muchos de los rincones de nuestra política e incrementó la desazón de la población. Juanito no logró transformarse en un Golem mexicano, pero sí consiguió sumirnos en la realidad y en los tejes y manejes de nuestra clase política (son muchas las versiones acerca del Golem. Se sabe que es una invención del folclor medieval y de la mitología judía. El Golem es un ser animado fabricado usualmente de barro u otras materias inanimadas. Proteger por medio de sus acciones o de palabras mágicas o religiosas son sus principales atributos).
El último reducto podría ser la religión. Podría ser, pero no lo es. Aunque no lo he indagado ni lo he leído, aventuro las ideas siguientes. La pobreza, la extrema pobreza, erosiona todo. La idea del mundo venidero ya ni es suficiente ni es consuelo. Todo tiene un límite. La pobreza mexicana lo rebasó hace mucho. Lo rebasó con creces y lo sepultaron las posturas de Norberto Rivera y de Onésimo Cepeda. Escucharlos un momentito, no más de un minuto, es suficiente para descreer.
La espiral de la desconfianza no tiene fin. Este año fue peor que 2008; 2010 será peor que 2009. Casi no hay en quién confiar. Casi no hay en quién creer. Son muy pocas las instituciones dignas. Nuestra realidad es patética. Vivimos inmersos en la sociedad del desencuentro.
MÉXICO SA
Arranca escalada de precios
Cuesta de enero en vertical
Dinero plástico: más intereses
Carlos Fernández-Vega
Antes de arrancar formalmente la masacre fiscal y de precios 2010 que para los mexicanos dispusieron Felipe Calderón y legisladores que lo acompañan, sobresalen algunos adelantados que desde ya cobran a los indefensos consumidores cualquier merma que, según sus estimaciones, pudieran llegar a reportar en el año por inaugurar como resultado de lo que algunos llaman política económica. La Secretaría de Hacienda ha puesto el ejemplo con el indecoroso incremento a la gasolina Magna y el diesel; de inmediato actuaron supermercados y tiendas departamentales; igual los cableros, quienes descaradamente notificaron a su clientela que le trasladarán el nuevo impuesto a las telecomunicaciones que, se supone, a las empresas del ramo corresponde pagar; sigilosos, continuaron tortilleros, panaderos, carniceros y, en fin, todos los demás, que transitan por la misma ruta, pues su tesis es que ninguno de ellos (con el gobierno a la cabeza) tiene por qué pagar su parte, y que al final de cuentas los únicos responsables de la crisis, del hundimiento de la economía, y de todas las barbaridades cometidas y por cometer, son los mexicanos de a pie, que nada tienen que ver con la toma de decisiones.
Y en esta masacre en contra de los consumidores no podía quedar fuera el sistema bancario que opera en México, el cual (en línea con Los Pinos, San Lázaro, Marcelo y sus asambleístas del Distrito Federal, los gobernadores, los legisladores estatales y demás fauna que sólo ve por el bien del pueblo) utilizó la cuchara más grande para servirse: de un mes para otro (noviembre a diciembre) aumentó más de 30 puntos porcentuales (180 por ciento) a las tasas de interés que cobran a los usuarios de las tarjetas de crédito y prácticamente triplicó el castigo monetario para clientes morosos.
Tal es el caso de la trasnacional financiera HSBC, que al cierre de noviembre pasado aplicaba una tasa de interés de 18 por ciento (anualizada) a sus tarjetahabientes cumplidos. Para diciembre de 2009 incrementó dicho indicador a 50.6 por ciento (anualizada); es decir, un aumento de 32.6 puntos porcentuales de un plumazo, sin considerar comisiones e impuesto al valor agregado. Todo ello sin mover un milímetro el pago mínimo mensual, con lo que cerca de 95 por ciento de dicho pago se destina a cubrir los intereses y tan sólo 5 por ciento a la amortización de capital, de tal forma que la deuda se convierte en un excelente cuan perverso negocio para las hacendadas instituciones financieras y en una tienda de raya para el usuario del dinero plástico, el moderno peón del siglo XXI.
Lo anterior, en medio de la aseveración del Banco de México de que el crecimiento del índice nacional de precios al consumidor a lo largo de 2009 sería de 3.6 por ciento, aproximadamente, lo que de ser correcto implicaría que la banca que opera en el país –HSBC, por ejemplo– cargaría a sus tarjetahabientes tasas de interés 14 veces mayores a la inflación oficial, la misma que se utiliza para actualizar salarios y –como dice la patronal– para cobrar multas. Por el lado del castigo monetario para la clientela morosa, en el periodo referido la tasa anualizada pasó de 36 a 98 por ciento, un enloquecido incremento de 62 puntos porcentuales, que provoca el avance exponencial del adeudo y, en automático, hace irrecuperable el débito de tal clientela. Por si fuera poco, a partir del primer día de 2010 el IVA que se carga a intereses y comisiones se incrementa un punto porcentual (de 15 a 16 por ciento).
Para el caso bancario, las cifras citadas son las más recientes, las más frescas, las que a las de ya deberán pagar los tarjetahabientes, pero los organismos públicos oficialmente encargados de vigilar y meter en orden a las instituciones financieras apenas divulgan los números correspondientes a septiembre (Comisión Nacional Bancaria y de Valores) y octubre (Banco de México), con lo que aparentemente la situación no es tan mala como la descrita (no se cita a la Condusef, porque ya ni siquiera funciona su página web calculadora de tarjetas de crédito, pues está en construcción).
En este sentido, el Banco de México (que en unas horas más quedará en manos del doctor catarrito, el resultón soldado del inquilino de Los Pinos) asegura estar comprometido con mejorar la transparencia en el sistema financiero, a fin de alcanzar niveles de competencia más intensa y mayores beneficios para los usuarios finales, para lo cual publica información detallada sobre las tasas de interés efectivas que dichos intermediarios cobran a sus clientes de tarjeta de crédito. Qué bueno, pero la publica con dos meses de retraso, cuando menos.
Así es. En su más reciente reporte, correspondiente a octubre de 2009, el Banco de México asegura que en ese mes HSBC, por ejemplo, registró una tasa efectiva promedio ponderada de 33.5 por ciento y una tasa efectiva mediana de 35.8 por ciento (aplicables sólo a clientes que se encuentran al corriente en sus pagos, es decir, se excluye la cartera de los atrasados o morosos, según explica el propio banco central), aunque la propia institución bancaria documenta que tal rédito no pasó de 18 por ciento. ¿Qué sucedió en noviembre y diciembre con los salvajes intereses que cobran a los usuarios de dinero plástico? Calma, pues quien desee saberlo de manera oficial deberá esperar el respectivo informe de la institución –por esos meses ya gobernada por Agustín Carstens– correspondiente a febrero o marzo de 2010, según sea el caso, es decir, después de practicado el embargo al tarjetahabiente deudor.
En vía de mientras, el reporte del Banco de México correspondiente a octubre pasado ubica a Banco Coppel (cuyo dueño, Enrique Coppel Luken, promovió a Felipe Calderón en tiempos electorales con aquella famosa carta personal que dirigió a sus trabajadores y se publicó por doquier, y a cambio obtuvo rápida autorización de Hacienda para operar la citada institución bancaria, de las llamadas chatarra) como el emisor de tarjetas de crédito con intereses (sólo intereses) más elevados en el mercado mexicano: 67 por ciento (falta noviembre y diciembre). Le sigue banco Invex, con Juan Bautista Guichard Michel, con 65.8 por ciento (ídem).
Las rebanadas del pastel
Lo descrito no significa que hasta allí llegó el saqueo, porque es previsible que a lo largo de 2010 la citada práctica bancaria en contra de los usuarios de dinero plástico se refuerce lo mismo con los bienes y servicios, en medio de un océano de impuestos. Entonces, ¿alguien mínimamente cuerdo en el gobierno y/o en la iniciativa privada supone que con la masacre fiscal, de precios públicos y privados y de tasas de interés a la que someten a los mexicanos se logrará reactivar la economía, el país saldrá del hoyo y todos vivirán mejor?
cfvmexico_sa@hotmail.com • mexicosa@infinitum.com.mx
Cuesta de enero en vertical
Dinero plástico: más intereses
Carlos Fernández-Vega
Antes de arrancar formalmente la masacre fiscal y de precios 2010 que para los mexicanos dispusieron Felipe Calderón y legisladores que lo acompañan, sobresalen algunos adelantados que desde ya cobran a los indefensos consumidores cualquier merma que, según sus estimaciones, pudieran llegar a reportar en el año por inaugurar como resultado de lo que algunos llaman política económica. La Secretaría de Hacienda ha puesto el ejemplo con el indecoroso incremento a la gasolina Magna y el diesel; de inmediato actuaron supermercados y tiendas departamentales; igual los cableros, quienes descaradamente notificaron a su clientela que le trasladarán el nuevo impuesto a las telecomunicaciones que, se supone, a las empresas del ramo corresponde pagar; sigilosos, continuaron tortilleros, panaderos, carniceros y, en fin, todos los demás, que transitan por la misma ruta, pues su tesis es que ninguno de ellos (con el gobierno a la cabeza) tiene por qué pagar su parte, y que al final de cuentas los únicos responsables de la crisis, del hundimiento de la economía, y de todas las barbaridades cometidas y por cometer, son los mexicanos de a pie, que nada tienen que ver con la toma de decisiones.
Y en esta masacre en contra de los consumidores no podía quedar fuera el sistema bancario que opera en México, el cual (en línea con Los Pinos, San Lázaro, Marcelo y sus asambleístas del Distrito Federal, los gobernadores, los legisladores estatales y demás fauna que sólo ve por el bien del pueblo) utilizó la cuchara más grande para servirse: de un mes para otro (noviembre a diciembre) aumentó más de 30 puntos porcentuales (180 por ciento) a las tasas de interés que cobran a los usuarios de las tarjetas de crédito y prácticamente triplicó el castigo monetario para clientes morosos.
Tal es el caso de la trasnacional financiera HSBC, que al cierre de noviembre pasado aplicaba una tasa de interés de 18 por ciento (anualizada) a sus tarjetahabientes cumplidos. Para diciembre de 2009 incrementó dicho indicador a 50.6 por ciento (anualizada); es decir, un aumento de 32.6 puntos porcentuales de un plumazo, sin considerar comisiones e impuesto al valor agregado. Todo ello sin mover un milímetro el pago mínimo mensual, con lo que cerca de 95 por ciento de dicho pago se destina a cubrir los intereses y tan sólo 5 por ciento a la amortización de capital, de tal forma que la deuda se convierte en un excelente cuan perverso negocio para las hacendadas instituciones financieras y en una tienda de raya para el usuario del dinero plástico, el moderno peón del siglo XXI.
Lo anterior, en medio de la aseveración del Banco de México de que el crecimiento del índice nacional de precios al consumidor a lo largo de 2009 sería de 3.6 por ciento, aproximadamente, lo que de ser correcto implicaría que la banca que opera en el país –HSBC, por ejemplo– cargaría a sus tarjetahabientes tasas de interés 14 veces mayores a la inflación oficial, la misma que se utiliza para actualizar salarios y –como dice la patronal– para cobrar multas. Por el lado del castigo monetario para la clientela morosa, en el periodo referido la tasa anualizada pasó de 36 a 98 por ciento, un enloquecido incremento de 62 puntos porcentuales, que provoca el avance exponencial del adeudo y, en automático, hace irrecuperable el débito de tal clientela. Por si fuera poco, a partir del primer día de 2010 el IVA que se carga a intereses y comisiones se incrementa un punto porcentual (de 15 a 16 por ciento).
Para el caso bancario, las cifras citadas son las más recientes, las más frescas, las que a las de ya deberán pagar los tarjetahabientes, pero los organismos públicos oficialmente encargados de vigilar y meter en orden a las instituciones financieras apenas divulgan los números correspondientes a septiembre (Comisión Nacional Bancaria y de Valores) y octubre (Banco de México), con lo que aparentemente la situación no es tan mala como la descrita (no se cita a la Condusef, porque ya ni siquiera funciona su página web calculadora de tarjetas de crédito, pues está en construcción).
En este sentido, el Banco de México (que en unas horas más quedará en manos del doctor catarrito, el resultón soldado del inquilino de Los Pinos) asegura estar comprometido con mejorar la transparencia en el sistema financiero, a fin de alcanzar niveles de competencia más intensa y mayores beneficios para los usuarios finales, para lo cual publica información detallada sobre las tasas de interés efectivas que dichos intermediarios cobran a sus clientes de tarjeta de crédito. Qué bueno, pero la publica con dos meses de retraso, cuando menos.
Así es. En su más reciente reporte, correspondiente a octubre de 2009, el Banco de México asegura que en ese mes HSBC, por ejemplo, registró una tasa efectiva promedio ponderada de 33.5 por ciento y una tasa efectiva mediana de 35.8 por ciento (aplicables sólo a clientes que se encuentran al corriente en sus pagos, es decir, se excluye la cartera de los atrasados o morosos, según explica el propio banco central), aunque la propia institución bancaria documenta que tal rédito no pasó de 18 por ciento. ¿Qué sucedió en noviembre y diciembre con los salvajes intereses que cobran a los usuarios de dinero plástico? Calma, pues quien desee saberlo de manera oficial deberá esperar el respectivo informe de la institución –por esos meses ya gobernada por Agustín Carstens– correspondiente a febrero o marzo de 2010, según sea el caso, es decir, después de practicado el embargo al tarjetahabiente deudor.
En vía de mientras, el reporte del Banco de México correspondiente a octubre pasado ubica a Banco Coppel (cuyo dueño, Enrique Coppel Luken, promovió a Felipe Calderón en tiempos electorales con aquella famosa carta personal que dirigió a sus trabajadores y se publicó por doquier, y a cambio obtuvo rápida autorización de Hacienda para operar la citada institución bancaria, de las llamadas chatarra) como el emisor de tarjetas de crédito con intereses (sólo intereses) más elevados en el mercado mexicano: 67 por ciento (falta noviembre y diciembre). Le sigue banco Invex, con Juan Bautista Guichard Michel, con 65.8 por ciento (ídem).
Las rebanadas del pastel
Lo descrito no significa que hasta allí llegó el saqueo, porque es previsible que a lo largo de 2010 la citada práctica bancaria en contra de los usuarios de dinero plástico se refuerce lo mismo con los bienes y servicios, en medio de un océano de impuestos. Entonces, ¿alguien mínimamente cuerdo en el gobierno y/o en la iniciativa privada supone que con la masacre fiscal, de precios públicos y privados y de tasas de interés a la que someten a los mexicanos se logrará reactivar la economía, el país saldrá del hoyo y todos vivirán mejor?
cfvmexico_sa@hotmail.com • mexicosa@infinitum.com.mx
ADIOSES A LA DESVENTURA
Luis Linares Zapata
Se acaba este año de acendradas desventuras nacionales y poco, muy poco, es lo que puede esperarse de las elites del país. La estructura económica sigue a la deriva, enredada en su desmantelada precariedad. Las alternativas de salida están ahí, a la vista de cualquiera que quiera usarlas, pero los programas que presagiaran el cambio hacia el desarrollo acelerado son inexistentes. Lo más notable es la esparcida noción de restaurar heridas y volver cuanto antes a la anterior normalidad. Pero más allá de esa desesperada actitud no se vislumbra otro estadio que el del estancamiento ya secular, la apropiación concentrada de la riqueza y la terrible disparidad en las oportunidades. La misma angustiante decadencia que se enseñorea por los confines mexicanos desde hace ya más de un cuarto de siglo.
La continuidad que ofrecen tanto el Sr. Calderón y sus encumbrados mandantes como el priísmo ensoberbecido y reaccionario, tratará de ser impuesta desde esas distantes cúpulas. Un real espejismo de gobierno que no tiene, siquiera, una mínima aspiración de grandeza. Las reformas adelantadas para reinyectar energía no son más que ajustes de segunda o tercera generación para afinar el mismo modelo probadamente ineficaz, disolvente e injusto. Vueltas perennes a una noria agotada, infestada de cortos intereses privados sobrepuestos a los públicos y una colección discursiva de propósitos sin basamento alguno de realidad. Simples engaños para sortear momentos álgidos, distractores de premuras y apaciguadores de daños y rencores. Un triste panorama que, en verdad, ya define la primera década del siglo XXI.
La alternancia traicionada por Fox y la ineficacia operativa del Sr. Calderón son los saldos del panismo triunfante en 2000 y del fraudulento de 2006. Enormes caudales de recursos que se dilapidaron en medio de un entorno de miseria y marginación crecientes. Pese a los preparativos para enfrentar las turbulencias de un año electoral en puerta, presagios de 2012, al panismo no le queda gran cosa que ofrecer, salvo su apego al consenso de Washington bautizado con la esclerótica doctrina del alto clero local y sus conexiones vaticanas. El priísmo, por su parte, al menos esa vertiente más adelantada en su promoción encabezada por Peña Nieto, se va develando, con paso firme, como el segmento más atrincherado de la reacción: una especie vernácula y atildada del catolicismo más provinciano. Un salto atrás que sus patrocinadores tendrán que repensar si, al menos, desean conservar algo de sus masivos privilegios.
La distancia que por estos inflamados días muestra el alto clero respecto de la conducta de la sociedad se reproduce y hasta amplía entre las elites gobernantes mexicanas y la ciudadanía. En efecto, el avance de la secularización va dejando un rastro feroz de desencuentros con el autoritarismo eclesiástico, refugio de obispos, papas y cardenales al exudar sus bulas condenatorias. Es precisamente esa distancia que se ensancha lo que engendra y acelera el desprestigio de los curas. El catolicismo retrocede, hasta casi desaparecer, en muchas naciones antes catalogadas como fieles creyentes. El caso español es ejemplar. Sólo 10 por ciento de la juventud actual de ese país se declara practicante regular de los ritos religiosos. El resto, la abrumadora mayoría, se distribuye entre ateos, agnósticos y personas que fueron bautizados, pero no siguen los ritos ni creen los dictados de la Iglesia. Los sacerdotes ocupan el último escalón en el aprecio de las profesiones, sólo arriba de los militares de carrera. Lo notable es que la clerecía no se da cuenta de que, a mayor su impertinencia con la conducta, las expectativas y las valoraciones de la gente, su desprestigio aumenta de manera proporcional hasta erosionar los antiguos aprecios de que gozaba.
Para el caso de las elites conductoras nacionales, en especial las políticas –sin olvidarse del empresariado de gran tamaño–, su desapego de las tribulaciones populares forma ya una enorme zanja que la propaganda no logra, ni siquiera, disimular. El priísmo dirigente se asfixia y sólo la manipulación del voto mitiga el deterioro que se le acumula en la conciencia colectiva. Sus directivos han colaborado, en todo momento, con la imposición del modelo vigente, tan cruento para el pueblo. Bien puede decirse que son, esos priístas encumbrados, los que lo sostienen y alimentan. Sin ellos, los panistas se ahogarían en sus propias ineficacias y groseros gorgojeos conceptuales. Sus difusores, rápidamente auxiliados por los intelectuales de la derecha, hacen malabarismo y medio para seguirles dotando de herramientas propagandísticas. Aún así, se desprenden, de manera acelerada, de esa tradición laica que tanto les sirvió de sostén y trampolín frente al electorado. El salto atrás de la nomenclatura priísta con motivo de la penalización del aborto hace crecer sus pasivos ya de por sí onerosos. El mensaje enviado por el gobernador Peña Nieto no tiene, tampoco, desperdicio. Han redondeado su postura: de aquí en adelante serán los abanderados de la reacción. De esa que se subordina al Vaticano y a sus escleróticos dignatarios a quienes, por lo demás, les confiesan sus planes íntimos. No dudan, tampoco, en usar toda esa parafernalia grotesca de lujos y poder para asentar, y dar lustre, a su imagen personal ante los creyentes: un conjunto humano que, piensan sus asesores de imagen, es mayoritario e inocente hasta la torpe ridiculez.
El futuro se clarifica con rapidez inusitada. A partir del año entrante, el horizonte político y hasta cultural de la nación se dividirá en dos tendencias contrapuestas. Una que empujará hacia la concreción del modelo actual. Es decir, pugnará por la continuidad. De su lado tendrán al poder establecido con todos sus resortes y mecanismos, en especial los medios de comunicación electrónica y las muchas instituciones bajo su férreo control. En el otro se dibuja y cristaliza una insurrección popular, no violenta, pero decidida a dar y ganar la batalla de cara a sus aspiraciones futuras en un intento por reconstruir la República.
Se acaba este año de acendradas desventuras nacionales y poco, muy poco, es lo que puede esperarse de las elites del país. La estructura económica sigue a la deriva, enredada en su desmantelada precariedad. Las alternativas de salida están ahí, a la vista de cualquiera que quiera usarlas, pero los programas que presagiaran el cambio hacia el desarrollo acelerado son inexistentes. Lo más notable es la esparcida noción de restaurar heridas y volver cuanto antes a la anterior normalidad. Pero más allá de esa desesperada actitud no se vislumbra otro estadio que el del estancamiento ya secular, la apropiación concentrada de la riqueza y la terrible disparidad en las oportunidades. La misma angustiante decadencia que se enseñorea por los confines mexicanos desde hace ya más de un cuarto de siglo.
La continuidad que ofrecen tanto el Sr. Calderón y sus encumbrados mandantes como el priísmo ensoberbecido y reaccionario, tratará de ser impuesta desde esas distantes cúpulas. Un real espejismo de gobierno que no tiene, siquiera, una mínima aspiración de grandeza. Las reformas adelantadas para reinyectar energía no son más que ajustes de segunda o tercera generación para afinar el mismo modelo probadamente ineficaz, disolvente e injusto. Vueltas perennes a una noria agotada, infestada de cortos intereses privados sobrepuestos a los públicos y una colección discursiva de propósitos sin basamento alguno de realidad. Simples engaños para sortear momentos álgidos, distractores de premuras y apaciguadores de daños y rencores. Un triste panorama que, en verdad, ya define la primera década del siglo XXI.
La alternancia traicionada por Fox y la ineficacia operativa del Sr. Calderón son los saldos del panismo triunfante en 2000 y del fraudulento de 2006. Enormes caudales de recursos que se dilapidaron en medio de un entorno de miseria y marginación crecientes. Pese a los preparativos para enfrentar las turbulencias de un año electoral en puerta, presagios de 2012, al panismo no le queda gran cosa que ofrecer, salvo su apego al consenso de Washington bautizado con la esclerótica doctrina del alto clero local y sus conexiones vaticanas. El priísmo, por su parte, al menos esa vertiente más adelantada en su promoción encabezada por Peña Nieto, se va develando, con paso firme, como el segmento más atrincherado de la reacción: una especie vernácula y atildada del catolicismo más provinciano. Un salto atrás que sus patrocinadores tendrán que repensar si, al menos, desean conservar algo de sus masivos privilegios.
La distancia que por estos inflamados días muestra el alto clero respecto de la conducta de la sociedad se reproduce y hasta amplía entre las elites gobernantes mexicanas y la ciudadanía. En efecto, el avance de la secularización va dejando un rastro feroz de desencuentros con el autoritarismo eclesiástico, refugio de obispos, papas y cardenales al exudar sus bulas condenatorias. Es precisamente esa distancia que se ensancha lo que engendra y acelera el desprestigio de los curas. El catolicismo retrocede, hasta casi desaparecer, en muchas naciones antes catalogadas como fieles creyentes. El caso español es ejemplar. Sólo 10 por ciento de la juventud actual de ese país se declara practicante regular de los ritos religiosos. El resto, la abrumadora mayoría, se distribuye entre ateos, agnósticos y personas que fueron bautizados, pero no siguen los ritos ni creen los dictados de la Iglesia. Los sacerdotes ocupan el último escalón en el aprecio de las profesiones, sólo arriba de los militares de carrera. Lo notable es que la clerecía no se da cuenta de que, a mayor su impertinencia con la conducta, las expectativas y las valoraciones de la gente, su desprestigio aumenta de manera proporcional hasta erosionar los antiguos aprecios de que gozaba.
Para el caso de las elites conductoras nacionales, en especial las políticas –sin olvidarse del empresariado de gran tamaño–, su desapego de las tribulaciones populares forma ya una enorme zanja que la propaganda no logra, ni siquiera, disimular. El priísmo dirigente se asfixia y sólo la manipulación del voto mitiga el deterioro que se le acumula en la conciencia colectiva. Sus directivos han colaborado, en todo momento, con la imposición del modelo vigente, tan cruento para el pueblo. Bien puede decirse que son, esos priístas encumbrados, los que lo sostienen y alimentan. Sin ellos, los panistas se ahogarían en sus propias ineficacias y groseros gorgojeos conceptuales. Sus difusores, rápidamente auxiliados por los intelectuales de la derecha, hacen malabarismo y medio para seguirles dotando de herramientas propagandísticas. Aún así, se desprenden, de manera acelerada, de esa tradición laica que tanto les sirvió de sostén y trampolín frente al electorado. El salto atrás de la nomenclatura priísta con motivo de la penalización del aborto hace crecer sus pasivos ya de por sí onerosos. El mensaje enviado por el gobernador Peña Nieto no tiene, tampoco, desperdicio. Han redondeado su postura: de aquí en adelante serán los abanderados de la reacción. De esa que se subordina al Vaticano y a sus escleróticos dignatarios a quienes, por lo demás, les confiesan sus planes íntimos. No dudan, tampoco, en usar toda esa parafernalia grotesca de lujos y poder para asentar, y dar lustre, a su imagen personal ante los creyentes: un conjunto humano que, piensan sus asesores de imagen, es mayoritario e inocente hasta la torpe ridiculez.
El futuro se clarifica con rapidez inusitada. A partir del año entrante, el horizonte político y hasta cultural de la nación se dividirá en dos tendencias contrapuestas. Una que empujará hacia la concreción del modelo actual. Es decir, pugnará por la continuidad. De su lado tendrán al poder establecido con todos sus resortes y mecanismos, en especial los medios de comunicación electrónica y las muchas instituciones bajo su férreo control. En el otro se dibuja y cristaliza una insurrección popular, no violenta, pero decidida a dar y ganar la batalla de cara a sus aspiraciones futuras en un intento por reconstruir la República.
martes, 29 de diciembre de 2009
LA JAURÍA MEDIÁTICA DE CALDERÓN
Edgar González Ruiz
“Haiga sido como haiga sido”, el panista Felipe Calderón llegó a la Presidencia de la República mediante la guerra sucia contra el Partido de la Revolución Democrática y contra López Obrador, apelando a jueces de consigna y a las fuerzas armadas, pero, ante todo, a una jauría mediática encabezada por el duopolio televisivo y por muchas estaciones de radio, lo mismo que por periódicos y columnistas. ¿Qué haría el presidente espurio sin el apoyo de la televisión?
Esa jauría mediática difunde mensajes falaces que no resisten un examen racional, pero que, con base en la repetición, logran influir en los oyentes. Noche y día, en noticieros, programas de comentario político e incluso en espacios de diversión esos medios se han dedicado a apuntalar la figura del poco carismático Calderón, y adoctrinar a la gente en las prioridades de la derecha en el poder.
Mientras tanto, el gobierno derechista se dedica día con día a la agresión y al expolio de los sectores populares, sea reprimiendo movimientos de protesta, recortando prestaciones, desmantelando sindicatos e instituciones de beneficio social, o implantando nuevos impuestos y más agresivas políticas fiscales, para las que esgrimió el pretexto de “ayudar a los pobres”, lo cual nunca ha sido una premisa de las fuerzas derechistas, las mismas que apenas en 2006 proclamaban que ayudar a los pobres con dinero del erario era “populismo” y era muy malo.
Tópicos derechistas
Durante los primeros años del gobierno de Calderón, los “grandes” medios, que obedecen a grandes intereses económicos, se dedicaron a difundir el cuento oficialista de la “lucha contra el narcotráfico” y contra la “delincuencia organizada” (sin tocar, desde luego, a la que tiene su cuartel en Los Pinos). El discurso de la “lucha contra el narco” fue trasplantado a México a partir de la experiencia colombiana, donde Uribe lo usó en apoyo a su gobierno derechista.
Lo peor de todo es que mucha gente, incluso dentro de las corrientes genuinamente opositoras al gobierno, no se dio cuenta de que se trataba, ante todo, de un guión mediático, y que para la violencia asociada al narcotráfico, la única solución real y ética es la despenalización de las drogas. Por el contrario, muchos creyeron ingenuamente que Calderón “le había declarado la guerra al narco”, mismo que es sólo un negocio en el que toman parte algunos soldados y policías.
La propaganda de la llamada “lucha contra el narco” pretende crear una mentalidad agresiva, militarista, en la sociedad mexicana, que el gobierno federal ha ido extendiendo a otros objetivos. Uno de los casos más claros, a partir de octubre de 2009, fue la agresión mediática oficialista contra el Sindicato Mexicano de Electricistas y contra la compañía de Luz y Fuerza del Centro.
Además de recurrir a su jauría mediática, el propio gobierno federal tomó parte en esas agresiones por medio de spots, repetidos hasta el cansancio en radio y televisión, destinados a difamar a los trabajadores de ese gremio. El dinero de los impuestos, cada vez más agobiantes, se está usando para atacar a los sindicatos.
En el sector privado, para los “grandes” medios, los comentaristas famosos son empleados y pueden ser contratados, en cualquier momento, con buenos salarios, o despedir sin miramientos, sabiendo que su popularidad terminará una vez que no tengan un espacio en ellos.
Muchos de esos locutores y columnistas han sido aliados de la derecha más bien por conveniencia que por convicción, pero han hecho un daño incalculable a la sociedad mexicana al ponerse al servicio de un gobierno que oprime al pueblo, y al trabajar constantemente contra los modestos intereses de los que menos tienen. Algunos de ellos, los menos avezados, simplemente retoman las consignas y discursos de Calderón para apoyar al “señor presidente”, como suelen llamarlo, aunque su poder no haya nacido de la voluntad popular, sino del fraude y de la imposición. Otros, más experimentados, han estado con todos los presidentes, sean Salinas, Zedillo, Fox o Calderón.
En buena medida, esa influencia sobre la gente, esa efímera credibilidad, descansa en que la jauría mediática actúa al unísono, con base en intereses comunes, que la llevan a apoyar al régimen, o por lo menos a no cuestionarlo.
El gobierno derechista ha tratado de unir en su apoyo a la sociedad mexicana mediante trucos que en general le han resultado contraproducentes, como se dio en las elecciones de julio de 2009. Por ejemplo, tratando de presentarse como “víctima” del “crimen organizado” que, según uno de esos cuentos mediáticos, ha intentado asesinar al mandatario espurio, a pesar de que gusta rodearse de soldados y guardaespaldas. También trató de victimizar a Mouriño, cuyo mayor error pudo haber sido su excesivo acercamiento con el voluble Calderón.
A su público cautivo, a taxistas que todo el día oyen la radio y a muchas amas de casa que tienen arraigada la costumbre de ver la televisión, la jauría mediática les receta todos los días elogios hacia Calderón y demás funcionarios del gobierno ilegítimo, a la par que diatribas y calumnias contra la verdadera oposición y contra los políticos honestos, como sigue siendo Andrés Manuel López Obrador.
Ejemplos muy claros de ello son el ataque de la jauría contra el Sindicato Mexicano de Electricistas o contra Clara Brugada, o incluso contra Manuel Zelaya, el presidente legítimo de Honduras, sólo porque no hizo el papel de títere de Calderón. En contrapartida, el apoyo hacia los Chuchos, que por conveniencia se aliaron a Calderón, y hacia Juanito, cuando se alió con el Partido Acción Nacional y traicionó a la izquierda.
Quizás el ejemplo más burdo de manipulación del gobierno derechista fue el que a lo largo de 2009 trató de llevar a cabo con motivo de la supuesta epidemia de influenza; pretexto que Calderón usó para presentarse nada menos que como salvador de la humanidad, al enseñarle cómo debe cubrirse nariz y boca al estornudar. Comentaristas como López Dóriga jugaron un papel estratégico para desencadenar la paranoia colectiva, anunciado la supuesta presencia de un virus para el cual “no había vacuna”, aunque sí había tratamiento para la enfermedad.
Pero si no había vacuna para la influenza, la jauría mediática de Calderón vacunó a la sociedad mexicana contra los cuentos oficialistas. Uno de los últimos que se difundieron en 2009 fue tratar de presentar la implantación de nuevos impuestos, con todas las consecuencias que ello tiene para las personas de menos recursos, nada menos que una “contribución contra la pobreza”. La derecha busca saquear aún más los bolsillos de los más pobres con el pretexto de “ayudar a los que menos tienen”, y esos recursos no llegarán a ellos sino exclusivamente en la costosa publicidad de autoelogios de Calderón.
*Maestro en filosofía; especialista en estudios acerca de la derecha política en México
“Haiga sido como haiga sido”, el panista Felipe Calderón llegó a la Presidencia de la República mediante la guerra sucia contra el Partido de la Revolución Democrática y contra López Obrador, apelando a jueces de consigna y a las fuerzas armadas, pero, ante todo, a una jauría mediática encabezada por el duopolio televisivo y por muchas estaciones de radio, lo mismo que por periódicos y columnistas. ¿Qué haría el presidente espurio sin el apoyo de la televisión?
Esa jauría mediática difunde mensajes falaces que no resisten un examen racional, pero que, con base en la repetición, logran influir en los oyentes. Noche y día, en noticieros, programas de comentario político e incluso en espacios de diversión esos medios se han dedicado a apuntalar la figura del poco carismático Calderón, y adoctrinar a la gente en las prioridades de la derecha en el poder.
Mientras tanto, el gobierno derechista se dedica día con día a la agresión y al expolio de los sectores populares, sea reprimiendo movimientos de protesta, recortando prestaciones, desmantelando sindicatos e instituciones de beneficio social, o implantando nuevos impuestos y más agresivas políticas fiscales, para las que esgrimió el pretexto de “ayudar a los pobres”, lo cual nunca ha sido una premisa de las fuerzas derechistas, las mismas que apenas en 2006 proclamaban que ayudar a los pobres con dinero del erario era “populismo” y era muy malo.
Tópicos derechistas
Durante los primeros años del gobierno de Calderón, los “grandes” medios, que obedecen a grandes intereses económicos, se dedicaron a difundir el cuento oficialista de la “lucha contra el narcotráfico” y contra la “delincuencia organizada” (sin tocar, desde luego, a la que tiene su cuartel en Los Pinos). El discurso de la “lucha contra el narco” fue trasplantado a México a partir de la experiencia colombiana, donde Uribe lo usó en apoyo a su gobierno derechista.
Lo peor de todo es que mucha gente, incluso dentro de las corrientes genuinamente opositoras al gobierno, no se dio cuenta de que se trataba, ante todo, de un guión mediático, y que para la violencia asociada al narcotráfico, la única solución real y ética es la despenalización de las drogas. Por el contrario, muchos creyeron ingenuamente que Calderón “le había declarado la guerra al narco”, mismo que es sólo un negocio en el que toman parte algunos soldados y policías.
La propaganda de la llamada “lucha contra el narco” pretende crear una mentalidad agresiva, militarista, en la sociedad mexicana, que el gobierno federal ha ido extendiendo a otros objetivos. Uno de los casos más claros, a partir de octubre de 2009, fue la agresión mediática oficialista contra el Sindicato Mexicano de Electricistas y contra la compañía de Luz y Fuerza del Centro.
Además de recurrir a su jauría mediática, el propio gobierno federal tomó parte en esas agresiones por medio de spots, repetidos hasta el cansancio en radio y televisión, destinados a difamar a los trabajadores de ese gremio. El dinero de los impuestos, cada vez más agobiantes, se está usando para atacar a los sindicatos.
En el sector privado, para los “grandes” medios, los comentaristas famosos son empleados y pueden ser contratados, en cualquier momento, con buenos salarios, o despedir sin miramientos, sabiendo que su popularidad terminará una vez que no tengan un espacio en ellos.
Muchos de esos locutores y columnistas han sido aliados de la derecha más bien por conveniencia que por convicción, pero han hecho un daño incalculable a la sociedad mexicana al ponerse al servicio de un gobierno que oprime al pueblo, y al trabajar constantemente contra los modestos intereses de los que menos tienen. Algunos de ellos, los menos avezados, simplemente retoman las consignas y discursos de Calderón para apoyar al “señor presidente”, como suelen llamarlo, aunque su poder no haya nacido de la voluntad popular, sino del fraude y de la imposición. Otros, más experimentados, han estado con todos los presidentes, sean Salinas, Zedillo, Fox o Calderón.
En buena medida, esa influencia sobre la gente, esa efímera credibilidad, descansa en que la jauría mediática actúa al unísono, con base en intereses comunes, que la llevan a apoyar al régimen, o por lo menos a no cuestionarlo.
El gobierno derechista ha tratado de unir en su apoyo a la sociedad mexicana mediante trucos que en general le han resultado contraproducentes, como se dio en las elecciones de julio de 2009. Por ejemplo, tratando de presentarse como “víctima” del “crimen organizado” que, según uno de esos cuentos mediáticos, ha intentado asesinar al mandatario espurio, a pesar de que gusta rodearse de soldados y guardaespaldas. También trató de victimizar a Mouriño, cuyo mayor error pudo haber sido su excesivo acercamiento con el voluble Calderón.
A su público cautivo, a taxistas que todo el día oyen la radio y a muchas amas de casa que tienen arraigada la costumbre de ver la televisión, la jauría mediática les receta todos los días elogios hacia Calderón y demás funcionarios del gobierno ilegítimo, a la par que diatribas y calumnias contra la verdadera oposición y contra los políticos honestos, como sigue siendo Andrés Manuel López Obrador.
Ejemplos muy claros de ello son el ataque de la jauría contra el Sindicato Mexicano de Electricistas o contra Clara Brugada, o incluso contra Manuel Zelaya, el presidente legítimo de Honduras, sólo porque no hizo el papel de títere de Calderón. En contrapartida, el apoyo hacia los Chuchos, que por conveniencia se aliaron a Calderón, y hacia Juanito, cuando se alió con el Partido Acción Nacional y traicionó a la izquierda.
Quizás el ejemplo más burdo de manipulación del gobierno derechista fue el que a lo largo de 2009 trató de llevar a cabo con motivo de la supuesta epidemia de influenza; pretexto que Calderón usó para presentarse nada menos que como salvador de la humanidad, al enseñarle cómo debe cubrirse nariz y boca al estornudar. Comentaristas como López Dóriga jugaron un papel estratégico para desencadenar la paranoia colectiva, anunciado la supuesta presencia de un virus para el cual “no había vacuna”, aunque sí había tratamiento para la enfermedad.
Pero si no había vacuna para la influenza, la jauría mediática de Calderón vacunó a la sociedad mexicana contra los cuentos oficialistas. Uno de los últimos que se difundieron en 2009 fue tratar de presentar la implantación de nuevos impuestos, con todas las consecuencias que ello tiene para las personas de menos recursos, nada menos que una “contribución contra la pobreza”. La derecha busca saquear aún más los bolsillos de los más pobres con el pretexto de “ayudar a los que menos tienen”, y esos recursos no llegarán a ellos sino exclusivamente en la costosa publicidad de autoelogios de Calderón.
*Maestro en filosofía; especialista en estudios acerca de la derecha política en México
GIL DÍAZ, IRREGULARIDADES Y EXPLOTACIÓN LABORAL EN TELEFÓNICA
Contralinea.mx
Trabajadores de los callcenter del Grupo Telefónica denuncian que desde la llegada del exsecretario de Hacienda, Francisco Gil Díaz, a la dirección de la empresa, se les obliga a utilizar bases de datos oficiales para vender seguros, tramitar tarjetas de crédito sin autorización de los clientes, hacer cargos por adeudos y trámites inexistentes, así como acosar y maltratar a deudores de la banca que contratan el servicio de cobranza
Aún la Procuraduría General de la República no cierra la investigación en su contra por la escandalosa evasión de impuestos en la venta de Banamex a Citigroup (que le restó a la hacienda pública 50 mil millones de pesos), y ya el exsecretario de Hacienda, Francisco Gil Díaz, está envuelto en un halo de supuestas malas prácticas en los callcenter del Grupo Telefónica, operados bajo la firma Atento, de acuerdo con testimonios de trabajadores cuyas condiciones laborales rayan en la esclavitud.
Empleados de Telefónica de diversos centros, entrevistados por Contralínea, desnudan las irregulares prácticas “corporativas” impuestas por Gil Díaz en su afán de generar ganancias al consorcio español que desde febrero de 2007 lo designó su director en México y Centroamérica.
La mano del exfiscal de hierro –como se le conoció en el sexenio de Vicente Fox– está detrás de la voz que llama al tarjetahabiente hasta 10 veces al día para recordarle que tiene un atraso en el pago de la tarjeta de crédito y le exige cubrirlo de inmediato, o para venderle un seguro o para obligarle a renovar una póliza. El telefonista es un joven de 18 a 25 años de edad que trabaja en un centro de llamadas o callcenter de Atento, en donde tiene prohibido levantarse hasta para ir al baño en tanto no logre cerrar 15 operaciones (ventas) en un lapso de seis horas.
Para cada operación, el telefonista tiene 300 segundos. Si el interlocutor lo insulta, deberá esperar a escuchar tres insultos para solicitarle al supervisor que le autorice colgar la llamada, pues el tarjetahabiente “no modera lenguaje”. Si no logra que alguien cubra su adeudo o le compre un seguro o una tarjeta de crédito, es porque, a juicio de sus supervisores, no aplica la política de la compañía: acosar.
La cara sucia de Telefónica
Atento es la compañía menos conocida del Grupo Telefónica, aunque se trata de una de las que le genera mayores ganancias, pues además de fungir como brazo operativo para la captación de clientes de sus productos de telecomunicaciones, ofrece a la banca e industria los servicios de ventas, cobranza y gestión de reclamaciones. De enero a septiembre, generó ingresos por 970 millones de euros, según sus estados financieros, con México como su segundo mercado a nivel mundial, sólo después de Brasil.
En México tiene una docena de centros (ubicados en el Distrito Federal, las ciudades de Pachuca, Monterrey y Nuevo Laredo), atendidos por 13 mil 500 jóvenes –el 76 por ciento de la plantilla laboral del Grupo Telefónica–. Entre sus principales clientes se ubica Master Card, Santander, el Grupo Financiero BBVA-Bancomer, el grupo Wal Mart con sus respectivas tarjetas departamentales, Reader’s Digest y Zurich.
Pero las jugosas ganancias que Atento obtiene en el país están plagadas de anomalías, según denuncian los trabajadores de la compañía: uso de bases de datos gubernamentales para la venta de seguros y de tarjetas de crédito sin autorización de los clientes, cargos a tarjetas por comisiones ficticias e imposición de planes tarifarios a clientes de MoviStar, entre otros.
Los trabajadores dicen que su materia prima son padrones oficiales que contienen información confidencial de los clientes. Ello, revelan, ha derivado en “trafico” de información que sale de los centros. Refieren lo que ocurrió hace unos meses en el centro instalado en el número 51 de la calle Dinamarca –en la colonia Juárez del Distrito Federal–: atónitos, escucharon que sus supervisores les ordenaban desnudarse para registrarlos, pues se había extraviado una memoria USB que contenía información confidencial de los clientes.
En otro callcenter, ubicado en Monterrey 100, colonia Roma, los operadores recibieron datos de personas empadronadas en rancherías. Su misión: venderles tarjetas de crédito. Elizabeth, una de las telefonistas, detalla cómo fue obligada a venderle plásticos de Bancomer y Santander “a la gente que vive en los ranchitos”:
“Sólo se escuchaban gallos. La gente no entendía qué era eso de la tarjeta de crédito; yo trataba de explicarles y sólo me decían ‘¡Qué gané, qué gané! La orden era activar 10 tarjetas por día, y mi supervisor detrás de mí, así que yo les contestaba: ‘Sólo dígame qué sucursal bancaria le queda más cerca’, y les asignaba la tarjeta. Yo sólo les decía: ‘Tal día debe ir a su sucursal bancaria más cercana’. Ahora me molesta mucho que nos obliguen a activar tarjetas a la gente de Luz y Fuerza, cuando todos sabemos que están desempleados, y ése no es un secreto, sale en la tele. Tenemos la instrucción de venderles o de que conserven su tarjeta o que paguen comisiones por pago tardío. También se les activan seguros de todo tipo”.
Nadejda Peña Hernández vendió seguros para el hogar del Grupo Bancomer. Dice que le entregaron una base de datos con la consigna: “A éstos les debes vender, si no, te vas”. Eran tiempos de torrenciales en Tabasco y Chiapas que precedieron a las inundaciones de octubre de 2007. Ella identificó que las claves lada correspondían precisamente a esas entidades. “¡Me puse a vender seguros! Yo le explicaba a la gente lo importante que era que aseguraran su casa y, por supuesto, muchísimos me compraron. Hicieron los depósitos y en los siguientes días se les enviarían las pólizas”. Cuando arreciaron las inundaciones, continúa, “algunos clientes hablaban desesperados para decirme que no habían recibido ninguna póliza y otros que no se las querían hacer válida. La gente hablaba desesperada, me suplicaban que los ayudara. El supervisor me ordenó que nosotros no podíamos hacer nada. Cuando yo les decía esto, me gritaban que yo era una ratera, que qué les había vendido en realidad. Se ordenó que se cancelaran las ventas de seguros para Tabasco y Chiapas. En realidad ya habíamos hecho muchísimas ventas”.
Atento se promueve como una compañía socialmente responsable: “La responsabilidad social en Telefónica México es tarea fundamental de sus empleados”, asegura Francisco Gil Díaz en el perfil de la administración a su mando. Sin embargo, los trabajadores denuncian prácticas a las cuales son obligados y que los hacen entrar en conflictos morales y sicológicos: engañar a los clientes para que acepten cualquier producto que vende la compañía, propio o de terceros.
Los entrevistados destacan el caso de la campaña “migración intraproduto”, que MoviStar lanzó para que sus clientes cambien la compra prepago y acepten planes tarifarios ya que, de acuerdo con un reporte elaborado por Francisco Gil Díaz, para finales de 2007 más del 94 por ciento de los 12.5 millones de clientes de Telefónica utilizaban productos prepago, por ello se planteó la meta de hacerlos “migrar” hacia los planes tarifarios.
Cada operador debe hacer entre ocho y 10 “migraciones” en una jornada de seis horas. Raúl, trabajador de Atento en el callcenter de Plaza Inn, dice que para cubrir la cuota tienen la orden de imponer planes tarifarios, aunque el cliente no los apruebe. Algunos supervisores los azuzan a engañar al cliente de que el plan no le costará más que las recargas que de cuando en cuando hace a su celular.
Félix Ariel Carrillo, quien participó en esa misma campaña durante los ocho meses que laboró en Atento, dice que para él fue muy vergonzoso “tener que imponer esos planes a personas que en realidad no tienen la capacidad económica para pagar. Me hizo entrar en un conflicto ético y moral. No sé si llamarlo tristeza o depresión, pero el hecho es que no se tocan el corazón para venderle un plan a personas que no tienen ni para comer. ¡Vamos, si yo como trabajador, que recibía un sueldo casi mínimo (1 mil 200 pesos quincenales), apenas tenía para sobrevivir! El caso que más recuerdo es el de un albañil que me contaba que escaseaba mucho el trabajo. En esos días, con lo que le pagaban en la obra, apenas tenía para comer. ¡Y el supervisor me obligó a darle de alta un plan tarifario! Durante los siguientes meses tendría que pagarle una renta a Telefónica MoviStar. Nos obligan a esas prácticas llenas de corruptelas”.
En los ocho meses que Félix trabajó en Atento cubrió ocho campañas y perdió ocho kilos. Hoy este joven de 23 años de edad no puede disimular el efecto sicológico que le provocó su trabajo en la compañía donde el principio empresarial, dice, es engañar.
Master Card, la mentira
En un galerón entintado de colores chillantes –azul, naranja y amarillo–, sin ventanas y entre luces artificiales que no le permiten percibir si es de noche o de día, Carlos Daniel pasa seis horas diarias tratando de “conciliar” con los clientes de Master Card que reunieron suficientes puntos por sus compras con tarjetas de crédito e intentan cambiarlos por enseres domésticos.
Se trata de una campaña conocida en el argot de los callcenter como “de entrada”, pues el telefonista sólo se dedica a recibir llamadas. Parecería fácil, en realidad no lo es: la mayoría son telefonemas de clientes que se quejan de que los artículos no llegan y luego para reclamar que son de baja calidad. Los supervisores dieron a los telefonistas la misma indicación: mentir.
“Mentir que la entrega será en tres semanas, porque sabemos que no llegan antes de seis, y luego mentirles sobre la calidad de los productos. En realidad son marcas que uno va al tianguis y las ve allí, aunque con los puntos de Master Card son muy caras. Encima les llegan rotos y no hay cambios. La gente se queja, te insulta, te ofenden, no entienden que uno sólo es intermediario”.
Las prácticas descritas reflejan que los callcenter no son una industria regulada. La Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef) ni siquiera cuenta con un registro del número de cuántos cargos ilegales o contrataciones ficticias que se hacen desde estos centros.
Aunado a los innegables vínculos del exsecretario de Hacienda con el sector financiero público y privado, clientes principales de Atento, incluída la Condusef, institución que depende directamente de la Secretaría de Hacienda, operada por el mismo grupo que desde el sexenio de Carlos Salinas de Gortari encabezaba Gil Díaz, entonces subsecretario de Ingresos.
Uno de los principales centros de Atento desde donde se hacen estos cargos ficticios se ubica en el mismo edificio sede de la Condusef, en el centro comercial Plaza Inn.
Acoso y maltrato
La llegada de Francisco Gil Díaz al frente del corporativo está marcada por dos directrices: acosar para la venta de tarjetas de crédito y maltratar para el cobro de las mismas. Y es que primero se estimula el consumo mediante la concesión de crédito y luego se persigue a los morosos. Para Atento es ganar-ganar, pues el impago de los tarjetahabientes “es un escenario repleto de oportunidades, un nuevo modelo de negocio para las empresas que actúan en la concesión y recuperación de crédito”, dice la compañía en la promoción de su servicio de cobranza.
Sandra, trabajadora de uno de los centros en Pachuca, explica: “Tenemos la base de datos de empresas de todo tipo, privadas y de gobierno. Nos dicen que primero hay que venderles la tarjeta, y cuando levanten la venta pasan los datos a la base de datos de cobranza porque en unos cinco meses van a utilizarla. ¡Tienen razón! Metimos los mismos datos de venta de tarjeta en la base de pagos por demora, y en unos meses ya los estábamos usando. ¡Parece que adivinan lo que va a pasar! ¡Juegan con los clientes!”.
Con la agudización de la crisis económica, este año el cobro de la cartera vencida de Bancomer, Santander, Master Card y tarjetas departamentales de estas mismas instituciones bancarias se convirtió en las actividades centrales de Atento. La compañía vende su servicio de crédito, riesgo y cobranza y se promueve como una empresa con experiencia en los segmentos financiero, telecom, retail e industria, “que adecua las condiciones de pago a la realidad de cada cliente; previene quiebras de acuerdos y recupera clientes teniendo el cuidado en mantenerlos activos y fieles”.
En la promoción del servicio, Telefónica dice que Atento “desarrolló una solución adecuada al mercado que garantiza la retención y fidelización de clientes que pasan por un proceso de recuperación de crédito”. Con este modelo, asegura, “buscamos negociar las condiciones de pago más adecuadas a la realidad de los clientes que encuentran dificultades para saldar sus deudas, evitando quiebras de promesa y promoviendo acuerdos”.
Los trabajadores develan el entrenamiento teórico-práctico que reciben de la compañía para este servicio que dura dos semanas. La clave para cobrar la deuda es la rudeza con los clientes, y para mostrarse rudos deben insistir en el pago e informarle del adeudo al tarjetahabiente, a sus familiares, vecinos, compañeros de trabajo y hasta el jefe. Se trata de “exhibir” al deudor “pero sin palabras altisonantes”. Así que, la “solución” que vende Atento, explican los telefonistas, se circunscribe a maltratar a los tarjetahabientes. “¡No te dejes! ¡Vuélvele a marcar, y si no te paga, que te pague cualquiera de su familia!… ¡O su jefe! ¡Háblale al trabajo!”, son las instrucciones de sus supervisores y directivos durante la capacitación.
La semana de práctica se denomina “sombra”. El telefonista se sienta al lado del entrenador para ensayar la cobranza. Si el supervisor detecta que aún no se profesionaliza como acosador, se queda “en cartera” mientras recibe entrenamiento adicional, sin cobrar un solo centavo.
Marisa, del callcenter en la colonia Roma, detalla: “Llamé al trabajo y le dije al patrón: ¡cómo es posible que contrate gente que debe su tarjeta de crédito! ¡Pásemelo porque yo sé que usted lo oculta, usted es cómplice de su trabajador! Lo acosé tanto que fue a pagar. Una hora después me mandó llamar el supervisor y me dijo ‘¿Te acuerdas de la cuenta que te estaba supervisando?, pues ya pagaron. ¡Y adivina, el que pagó fue el patrón!’. Eso es lo que nos obligan a hacer”, dice la joven apenada.
Trabajo rudo
El trabajo en los callcenter es identificado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) como uno de los más precarios actualmente, pero esta industria tiene dos caras: “Una es que proporciona empleo a un sector muy crítico de la sociedad que son los jóvenes, la otra cara es que se trata de una actividad no regulada, con ritmos muy fuertes de trabajo y, como se manejan vía outsourcing, sólo en algunos casos los trabajadores reciben prestaciones y el mínimo de ley”, explica Jordy Micheli Thirión, profesor-investigador del Departamento de Economía de la Universidad Autónoma Metropolitana.
Micheli, especialista en el tema de los callcenter, señala que para los corporativos de esta industria, como ocurre con la mayoría de las trasnacionales, “México es un paraíso laboral, producto del debilitamiento de la estructura laboral, del enorme desempleo, y de la falta de atención de las autoridades en la materia”. Por si ello fuera poco, los trabajadores de Atento denuncian que Gil Díaz endureció la política laboral.
Cenise Monteiro, coordinadora de “Tell Telefónica”, una campaña internacional que tiene como objetivo exigir que el Grupo Telefónica respete los derechos de sus trabajadores de callcenter, indistintamente del país donde se ubiquen, confirma que la situación que hoy enfrentan los trabajadores mexicanos es la más grave a nivel mundial. “México es el peor país en el desempeño de la empresa Atento”, dice Monteiro. Atribuye la responsabilidad a la política de la administración local, que tiene a los trabajadores bajo supervisión estricta. Se les exigen resultados poco realistas, ganan salarios muy bajos, no gozan de derechos sindicales o laborales y carecen de seguridad en el empleo.
Entre las disposiciones dictadas por Gil Díaz, Atento amplió su horario y recortó el tiempo de comida de los trabajadores a 20 minutos de break, siempre y cuando permanezcan conectados durante las seis horas que dura su turno, sin un minuto de tiempo muerto. Cuantas veces se levantan al baño cada segundo es cronometrado, pues una vez que termina la jornada el supervisor les informa el tiempo de conexión que “deben” a la compañía. Se optó por despedir a las mujeres embarazadas, pues tal estado las obliga a ir frecuentemente al baño. Se recortaron las comisiones por venta de tarjetas y seguros; se incrementaron las metas de ventas diarias y los requisitos para los bonos de productividad que los hace prácticamente inalcanzables, y aunque un trabajador llegue a la meta, tampoco es garantía de que lo reciba.
El engaño en Atento, ahonda el empleado Carlos, no sólo es para los clientes, sino para los trabajadores, pues se les prometen comisiones y bonos por productividad que nunca llegan. Félix refiere que en el caso de la campaña de las “migraciones” de planes de telefonías, donde se les prometió una comisión de 12 pesos por cada una, en su cheque se pagaban en 3 pesos y sólo ocasionalmente. O está el caso de Juan Carlos, quien desde hace seis meses espera un bono por sus comisiones por ventas de tarjetas Bancomer, Sam’s y Suburbia. Hasta hoy, el bono no ha llegado, pero le entregaron un diploma y un termo impreso con la marca de la compañía.
Entrevistados por separado, trabajadores de varios callcenter de Atento denuncian “robo” de horas extras, comisiones y bonos, y la reducción del 30 al 50 por ciento de sus salarios con el argumento de la crisis mundial. Explican que en el último año se aceleró la rotación de personal y los despidos injustificados. Ahora firman su contrato junto con su renuncia en blanco para que no generen derechos, antigüedad y, sobre todo, disuadir los intentos de sindicalizarse.
La necesidad económica y los altos niveles de desempleo que azotan al país llevan a los trabajadores a aguantar no sólo el maltrato, sino agravios como la reducción a su salario sin razón aparente. En junio pasado, los trabajadores de diversos centros del país recibieron su pago quincenal con 40 por ciento menos; cuando reclamaron, el departamento de recursos humanos les dio una somera explicación: “Nos alcanzó la crisis”. Sin embargo, los estados financieros de Telefónica reportan que en el tercer trimestre de 2009 el consorcio registró “un fuerte repunte de la actividad”. En este sentido, los trabajadores acusan a Gil Díaz de “fraude” por el reparto de utilidades, ya que sólo se les han entregado entre 47 y 67 pesos.
Elizabeth, del callcenter de la colonia Roma, dice que de plano su supervisora les prohibió tomar agua “para que no nos levantáramos al baño”. En sus 12 meses en la compañía, la jovencita ha vivido abusos de todo tipo: tortura sicológica y acoso sexual de sus supervisores, robo de sus comisiones y bonos y el agravio que produce la tensión de sentir que en cualquier momento sin razón alguna pueden despedirla. Su testimonio es elocuente de la situación de los trabajadores en los callcenter del Grupo Telefónica:
“Mi sueldo mensual es de 1 mil 800 pesos. Lo más atractivo parecen ser las comisiones: 15 pesos por venta de tarjetas de crédito. Si cubro la cuota diaria, que son 10 tarjetas, mi comisión sería de 150 pesos al día. Vendo mucho, siempre supero la cuota, pero cuando quiero cobrar mis comisiones me dicen que han tenido problemas para entregar la tarjeta y ya no me pagan, aunque el sistema me indica que las tarjetas se entregaron sin problema. No reclamo porque a quienes lo han hecho de inmediato los despiden. Cada vez que nos depositan, corro al cajero esperando que esta vez si me lleguen mis comisiones.
“Cuando no hay tantas ventas se agudiza el acoso contra nosotros. Delante de todos mi supervisor me grita ‘¡te tardaste siete minutos en el baño!’, y me los descuenta cuando me toca el break. Una vez, según sus cálculos, sólo me quedaban dos minutos de descanso. ‘¿Qué crees?’, me dijo, ‘que sólo tienes dos minutos de break porque le debes tiempo de conexión a la compañía’. Si hay muchas llamadas en ruta aunque quieras no te dejan desconectarte ni para ir al baño, te dicen que hasta que ‘bajen’ las llamadas.
Así como les cronometran el tiempo de conexión que “le deben” a la empresa, les miden cada llamada: 300 segundos, un segundo extra detona en reprimenda, tocándoles el hombro el supervisor increpa: ‘¡Tu TDO (tiempo de llamada), ya perdiste el bono, ya no hay comisión’.
“Todo el tiempo nos ponen obstáculos para no darnos el bono de productividad: si no le insistes al cliente te penalizan. Si le insistes y no compra también te penalizan porque dicen que le insististe mucho. Si hablas pausado dicen que tu voz provoca flojera y te penalizan. Si hablas rápido también te penalizan. También te prohíben que seas muy propio porque no generas empatía con el cliente. Y hay palabras prohibidas: ‘okay’, ‘espéreme tantito’ o ‘un momentito’. Por cada una que uses te penalizan. De todos los bonos que he ganado no me han entregado ninguno, pero me dieron un diploma y un termo de Atento porque mi trabajo es muy bueno. Pero tampoco me confío. Un día te dicen que haces las cosas bien y al otro día pueden despedirte sin que sepas por qué”.
María Xelhuantzi López, catedrática de la Universidad Nacional Autónoma de México, quien ha dado un seguimiento histórico al sector de los telefonistas, dice que “parece que Francisco Gil Díaz tiene la necesidad de demostrar que hay un buen manejo financiero de la empresa, es decir, que se mantengan niveles altísimos de utilidad al menor costo posible, y desde luego, ello incluye el costo laboral, porque ése es parte de su compromiso para quedar bien con Telefónica: reducir costos a expensas de lo que sea”.
Y es que la clave de la economía de un centro de llamadas radica en su estructura de costos. De acuerdo con el estudio Regulación laboral en la industria de callcenter. Los casos de Atento y Tecmarketing, de los investigadores Jordy Micheli y Arnulfo Arteaga, el gasto laboral constituye más del 60 por ciento de los costos totales del callcenter, de allí que éstos se ubiquen “en países que tengan menores salarios pero que ofrezcan una fuerza de trabajo idónea para la operación de telemercadeo”.
En esta obcecación por ahorrar costos, la política de Gil Díaz es que todos los teleoperadores sean multifuncionales: que atiendan varias campañas simultáneamente, que produzcan en serie “el mismo trabajo que antes hacían tres personas”, dice José Antonio, quien tiene tres años en el callcenter de la colonia Roma.
Inestabilidad laboral
Entre los incesantes gritos de sus supervisores y las deficientes condiciones físicas de los centros (sillas y diademas rotas, insuficientes e insalubres baños de tres casetas para 500 empleados por turno, entre otras), los trabajadores enfrentan el terror de los frecuentes despidos masivos.
La incertidumbre laboral es uno de los principales factores que abonan al estrés permanente en que se desempeñan los 13 mil 500 empleados en Atento México. Comienzan y terminan la jornada pensando que quizá es su último día. “Por recorte de personal, por tu falta de disposición, porque no pones de tu parte, porque tu supervisor ya no te quiere, porque no estás a la altura de la compañía…”, son argumentos que escuchan los trabajadores al momento de su destitución.
Producto de los despidos masivos, Atento es una compañía que permanentemente contrata personal, sobre todo para sus centros en el Distrito Federal. Los requisitos y el reclutamiento son relativamente sencillos: “ser mayor de edad, facilidad de palabra y aptitudes para venta y cobranza”. Como se contrata particularmente a los jóvenes, la principal oferta de empleo se ubica en los portales de internet. Una vez dentro, la ilusión de incluirse en el mercado laboral choca con su realidad.
La mayoría de los jóvenes entrevistados por Contralínea que fueron despedidos tenían entre ocho y 11 meses en la empresa. Antes del despido casi a todos se les impuso lo que la compañía denomina PSG, es decir, permisos sin goce de sueldo. José Manuel Sánchez, extrabajador del callcenter en Plaza Inn, explica:
“Ese PSG que inventaron en Atento te lo anuncia el supervisor. De un día a otro, te dice: ‘mañana tienes PSG’, y no te pagan. Te consuelan con que no te van a poner la falta ‘para que en tu expediente no diga que eres faltista’. En cambio, cuando alguien se enferma no le hacen válidas las incapacidades médicas”.
Recientemente José Manuel demandó a Atento ante la Junta Local de Conciliación y Arbitraje del Distrito Federal por despido injustificado; recuerda que éste ocurrió minutos después de que sus jefes lo felicitaron por su alta productividad: “Me llamaron a recursos humanos, me dijeron ‘aquí está tu renuncia, fírmala’. Pregunté y me respondieron: ‘Entraste a una rifa y resultaste elegido para tu despido’”.
La antigüedad de César Ortega también alcanzó los ocho meses, todos en el callcenter de Dinamarca 51. El último día su supervisor lo felicitó, le recordó que “ya casi” llegaba su monedero electrónico de regalo. “Y ahora te vas a una capacitación en recursos humanos, ¡baja, allí te están esperando!”, le dijo. Pero lo que César se encontró fue su notificación de despido “por reestructuración de la empresa”. Se negó a firmar y demandó a Atento.
César recuerda su trabajo con amargura: “La gente habla desesperada, no pueden solucionar sus problemas con las tarjetas, te dicen que los orienten, y si tratas de hacerlo, tienes al supervisor recordándote la política de la empresa: ‘Estamos para vender no para ayudar’”.
Cuando hay resistencia al despido, los telefonistas son literalmente expulsados por el cuerpo de seguridad de la empresa. Sus compañeros sólo saben que los corrieron porque los supervisores cuelgan sus diademas frente a la que fue su computadora, en espera de un nuevo operador. Si alguien pregunta, la respuesta siempre es la misma: “Salieron porque estaban atentando contra la empresa”.
El caso de Félix Ariel Carrillo no fue mejor: “A las 18:30, poco antes de terminar mi turno, llegó una mujer de recursos humanos a decirme que me buscaba un directivo de la empresa: era el encargado del trabajo sucio. ‘Estamos pasando por una etapa difícil, la compañía tiene problemas financieros y requiere de recorte de personal, ¡y te tocó a ti, Ariel!’. Le dije ¿problemas financieros? ¿A qué se refiere? ¡Especifique por favor! ¿Problemas financieros cuando todos los días se contrata a 15 o 20 personas y cuando nos pasamos el día vendiendo? ¿Por qué a mi? ¿Dónde está mi productividad, mis asistencias, mi calidad?…”. El hombre de traje, como le llama Ariel, no le dio respuesta.
O está el caso de Cecilia, despedida de uno de los callcenter de Pachuca cuando le solicitó al área contable sus hojas de retención de impuestos. “Pero es que estoy embarazada, no puede correrme”, suplicó. “Pues perfecto que estas embarazada, aprovecha tus dos meses de seguros social”, le respondió el jefe.
Discriminación, el epílogo
El desamparo laboral de los trabajadores de Atento los hace víctima de todo tipo de abusos. En el caso de las mujeres se suma la discriminación de género y el acoso sexual de supervisores y directivos, una práctica común, dicen las trabajadoras, en la mayoría de las sucursales. La presidencia de Telefónica impuso la prohibición de usar falda, escotes, zapatos abiertos, perforaciones y el cabello teñido “en colores extravagantes”, pues “las mujeres son las que provocan y luego se quejan de acoso”, recuerda Marta este argumento del personal de recursos humanos cuando le explicaron el reglamento de la compañía.
Ni el no usar el atuendo prohibido libró a Marta de ser acosada sexualmente en el callcenter de Sevilla, y como el acosador era su supervisor, el agravio no cesó sino hasta que concluyó la campaña y la enviaron a otro centro.
Otro fue el caso de Laura. Dice que como no cedió a la proposición de su supervisor de “ser más amable con él”, la asignó a cuatro campañas al mismo tiempo: de venta de tarjetas, de cobro y de puntos. “No te alcanza el tiempo ni para respirar, pero no quise ceder, me sentí muy ofendida”.
Las prácticas de esclavitud moderna impuestas por Gil Díaz en la compañía que presume de ser “socialmente responsable” detonaron los intentos de sindicalización. En Pachuca, el apremio fue el caso de una telefonista que tuvo un aborto en el callcenter: comenzó a sangrar y los directivos se negaron a que tuviera cualquier tipo de asistencia. Para sus compañeros fue el indicio de que tenían que organizarse; en los siguientes meses, uno a uno fue despedido. Hoy, más cautos, los jóvenes vencen su miedo a los capataces del exfiscal de hierro y hacen nuevos intentos de ejercer su derecho constitucional a la libre asociación y que la compañía respete la Ley Federal del Trabajo. “Tenemos hambre, pero también dignidad”, reflexiona Jaime, uno de los telefonistas.
Contralínea solicitó una entrevista con Francisco Gil Díaz a través del área de prensa del Grupo Telefónica. Luego de que se informó que se le preguntaría sobre la situación de los trabajadores de Atento, no hubo respuesta. Se buscó también a los directores de Bancomer, quienes, a través de su área de comunicación se negaron a hacer comentario alguno sobre las irregularidades que reportan los operadores de Atento; por parte del corporativo Master Card, hasta el cierre de esta edición no hubo respuesta.
Gil Díaz, antisindical
En 2001, Telefónica firmó un convenio con UNI Global Union, en el que se compromete a respetar los derechos laborales de sus trabajadores y a cumplir con los acuerdos internacionales de la Organización Internacional del Trabajo en todos y cada uno de sus países de operación, independientemente de las leyes locales. Al asumir el cargo como presidente de Telefónica para México y Centroamérica, Francisco Gil Díaz desconoció el acuerdo aun en contra de la presidencia del corporativo.
En entrevistada vía telefónica desde Panamá, Cenise Monteiro, directora regional de UNI América, asegura que hay instrucciones de España para que en México se haga efectivo el acuerdo marco, aunque la dirección local se ha negado a aplicarlo, e incluso, ha ido más allá: “Ha hecho acuerdos con sindicatos de protección, sindicatos amarillos que trabajan de acuerdo con las necesidades de la empresa y no con las necesidades de los trabajadores”.
Una de las partes medulares del convenio se refiere a la libertad sindical y al derecho a la negociación colectiva. El documento, suscrito por César Alierta Izuel, presidente de Telefónica, dice que en todas las compañías del consorcio, así como en sus subsidiarias, los trabajadores gozarán del derecho de formar sindicatos y afiliarse a ellos, y que Telefónica reconocerá las negociaciones colectivas en apego al Convenio 98 de la OIT. En países donde no exista sindicato, signa el documento, “la Compañía adoptará una postura neutral al objeto de no obstaculizar ni impedir a los trabajadores organizarse en el lugar de trabajo”.
Pero en México, “Gil Díaz ha llevado a Telefónica la posición abiertamente antisindical que lo caracterizó durante sus años como funcionario de gobierno”, dice la doctora en ciencia política María Xelhuantzi, autora del libro La libertad de asociación sindical y los contratos de protección en México. “Aunque –agrega– creo que él no ha informado cabalmente a la administración de España cuál es el fondo de los problemas, pues en diversas reuniones César Alierta nos ha dicho que ellos están cumplimiento con la ley. Esto tiene que ver con que Gil Díaz ofreció a Telefónica paz laboral. Les prometió todo tipo de garantías y particularmente las que se refieren a la cuestión laboral, es decir, que no va a haber conflictos, y para ello ha usado sindicatos de protección y tráfico de influencias, porque Gil Díaz tampoco es nuevo en ese oficio”.
En enero pasado, durante la reunión anual con altos directivos de Telefónica, cuenta Xelhuantzi, César Alierta “nos garantizó que ya había instruido al director (Gil Díaz) que debía cumplir el acuerdo, pero eso no ha ocurrido”. Así que durante la reunión directiva que tendrá lugar en Colombia, el desempeño de Gil Díaz será uno de los temas principales que discutirán con Alierta.
“UNI apela a Telefónica para que haga honor al compromiso que ha contraído en el acuerdo global, que otorga a todos los trabajadores de la empresa, sin excepción, que estén en Madrid o en ciudad de México, la libertad de negociar y de organizar con miras a obtener un trato justo sin interferencia de la dirección”, subraya Philip Jennings, secretario general de UNI. (ALP)
Trabajadores de los callcenter del Grupo Telefónica denuncian que desde la llegada del exsecretario de Hacienda, Francisco Gil Díaz, a la dirección de la empresa, se les obliga a utilizar bases de datos oficiales para vender seguros, tramitar tarjetas de crédito sin autorización de los clientes, hacer cargos por adeudos y trámites inexistentes, así como acosar y maltratar a deudores de la banca que contratan el servicio de cobranza
Aún la Procuraduría General de la República no cierra la investigación en su contra por la escandalosa evasión de impuestos en la venta de Banamex a Citigroup (que le restó a la hacienda pública 50 mil millones de pesos), y ya el exsecretario de Hacienda, Francisco Gil Díaz, está envuelto en un halo de supuestas malas prácticas en los callcenter del Grupo Telefónica, operados bajo la firma Atento, de acuerdo con testimonios de trabajadores cuyas condiciones laborales rayan en la esclavitud.
Empleados de Telefónica de diversos centros, entrevistados por Contralínea, desnudan las irregulares prácticas “corporativas” impuestas por Gil Díaz en su afán de generar ganancias al consorcio español que desde febrero de 2007 lo designó su director en México y Centroamérica.
La mano del exfiscal de hierro –como se le conoció en el sexenio de Vicente Fox– está detrás de la voz que llama al tarjetahabiente hasta 10 veces al día para recordarle que tiene un atraso en el pago de la tarjeta de crédito y le exige cubrirlo de inmediato, o para venderle un seguro o para obligarle a renovar una póliza. El telefonista es un joven de 18 a 25 años de edad que trabaja en un centro de llamadas o callcenter de Atento, en donde tiene prohibido levantarse hasta para ir al baño en tanto no logre cerrar 15 operaciones (ventas) en un lapso de seis horas.
Para cada operación, el telefonista tiene 300 segundos. Si el interlocutor lo insulta, deberá esperar a escuchar tres insultos para solicitarle al supervisor que le autorice colgar la llamada, pues el tarjetahabiente “no modera lenguaje”. Si no logra que alguien cubra su adeudo o le compre un seguro o una tarjeta de crédito, es porque, a juicio de sus supervisores, no aplica la política de la compañía: acosar.
La cara sucia de Telefónica
Atento es la compañía menos conocida del Grupo Telefónica, aunque se trata de una de las que le genera mayores ganancias, pues además de fungir como brazo operativo para la captación de clientes de sus productos de telecomunicaciones, ofrece a la banca e industria los servicios de ventas, cobranza y gestión de reclamaciones. De enero a septiembre, generó ingresos por 970 millones de euros, según sus estados financieros, con México como su segundo mercado a nivel mundial, sólo después de Brasil.
En México tiene una docena de centros (ubicados en el Distrito Federal, las ciudades de Pachuca, Monterrey y Nuevo Laredo), atendidos por 13 mil 500 jóvenes –el 76 por ciento de la plantilla laboral del Grupo Telefónica–. Entre sus principales clientes se ubica Master Card, Santander, el Grupo Financiero BBVA-Bancomer, el grupo Wal Mart con sus respectivas tarjetas departamentales, Reader’s Digest y Zurich.
Pero las jugosas ganancias que Atento obtiene en el país están plagadas de anomalías, según denuncian los trabajadores de la compañía: uso de bases de datos gubernamentales para la venta de seguros y de tarjetas de crédito sin autorización de los clientes, cargos a tarjetas por comisiones ficticias e imposición de planes tarifarios a clientes de MoviStar, entre otros.
Los trabajadores dicen que su materia prima son padrones oficiales que contienen información confidencial de los clientes. Ello, revelan, ha derivado en “trafico” de información que sale de los centros. Refieren lo que ocurrió hace unos meses en el centro instalado en el número 51 de la calle Dinamarca –en la colonia Juárez del Distrito Federal–: atónitos, escucharon que sus supervisores les ordenaban desnudarse para registrarlos, pues se había extraviado una memoria USB que contenía información confidencial de los clientes.
En otro callcenter, ubicado en Monterrey 100, colonia Roma, los operadores recibieron datos de personas empadronadas en rancherías. Su misión: venderles tarjetas de crédito. Elizabeth, una de las telefonistas, detalla cómo fue obligada a venderle plásticos de Bancomer y Santander “a la gente que vive en los ranchitos”:
“Sólo se escuchaban gallos. La gente no entendía qué era eso de la tarjeta de crédito; yo trataba de explicarles y sólo me decían ‘¡Qué gané, qué gané! La orden era activar 10 tarjetas por día, y mi supervisor detrás de mí, así que yo les contestaba: ‘Sólo dígame qué sucursal bancaria le queda más cerca’, y les asignaba la tarjeta. Yo sólo les decía: ‘Tal día debe ir a su sucursal bancaria más cercana’. Ahora me molesta mucho que nos obliguen a activar tarjetas a la gente de Luz y Fuerza, cuando todos sabemos que están desempleados, y ése no es un secreto, sale en la tele. Tenemos la instrucción de venderles o de que conserven su tarjeta o que paguen comisiones por pago tardío. También se les activan seguros de todo tipo”.
Nadejda Peña Hernández vendió seguros para el hogar del Grupo Bancomer. Dice que le entregaron una base de datos con la consigna: “A éstos les debes vender, si no, te vas”. Eran tiempos de torrenciales en Tabasco y Chiapas que precedieron a las inundaciones de octubre de 2007. Ella identificó que las claves lada correspondían precisamente a esas entidades. “¡Me puse a vender seguros! Yo le explicaba a la gente lo importante que era que aseguraran su casa y, por supuesto, muchísimos me compraron. Hicieron los depósitos y en los siguientes días se les enviarían las pólizas”. Cuando arreciaron las inundaciones, continúa, “algunos clientes hablaban desesperados para decirme que no habían recibido ninguna póliza y otros que no se las querían hacer válida. La gente hablaba desesperada, me suplicaban que los ayudara. El supervisor me ordenó que nosotros no podíamos hacer nada. Cuando yo les decía esto, me gritaban que yo era una ratera, que qué les había vendido en realidad. Se ordenó que se cancelaran las ventas de seguros para Tabasco y Chiapas. En realidad ya habíamos hecho muchísimas ventas”.
Atento se promueve como una compañía socialmente responsable: “La responsabilidad social en Telefónica México es tarea fundamental de sus empleados”, asegura Francisco Gil Díaz en el perfil de la administración a su mando. Sin embargo, los trabajadores denuncian prácticas a las cuales son obligados y que los hacen entrar en conflictos morales y sicológicos: engañar a los clientes para que acepten cualquier producto que vende la compañía, propio o de terceros.
Los entrevistados destacan el caso de la campaña “migración intraproduto”, que MoviStar lanzó para que sus clientes cambien la compra prepago y acepten planes tarifarios ya que, de acuerdo con un reporte elaborado por Francisco Gil Díaz, para finales de 2007 más del 94 por ciento de los 12.5 millones de clientes de Telefónica utilizaban productos prepago, por ello se planteó la meta de hacerlos “migrar” hacia los planes tarifarios.
Cada operador debe hacer entre ocho y 10 “migraciones” en una jornada de seis horas. Raúl, trabajador de Atento en el callcenter de Plaza Inn, dice que para cubrir la cuota tienen la orden de imponer planes tarifarios, aunque el cliente no los apruebe. Algunos supervisores los azuzan a engañar al cliente de que el plan no le costará más que las recargas que de cuando en cuando hace a su celular.
Félix Ariel Carrillo, quien participó en esa misma campaña durante los ocho meses que laboró en Atento, dice que para él fue muy vergonzoso “tener que imponer esos planes a personas que en realidad no tienen la capacidad económica para pagar. Me hizo entrar en un conflicto ético y moral. No sé si llamarlo tristeza o depresión, pero el hecho es que no se tocan el corazón para venderle un plan a personas que no tienen ni para comer. ¡Vamos, si yo como trabajador, que recibía un sueldo casi mínimo (1 mil 200 pesos quincenales), apenas tenía para sobrevivir! El caso que más recuerdo es el de un albañil que me contaba que escaseaba mucho el trabajo. En esos días, con lo que le pagaban en la obra, apenas tenía para comer. ¡Y el supervisor me obligó a darle de alta un plan tarifario! Durante los siguientes meses tendría que pagarle una renta a Telefónica MoviStar. Nos obligan a esas prácticas llenas de corruptelas”.
En los ocho meses que Félix trabajó en Atento cubrió ocho campañas y perdió ocho kilos. Hoy este joven de 23 años de edad no puede disimular el efecto sicológico que le provocó su trabajo en la compañía donde el principio empresarial, dice, es engañar.
Master Card, la mentira
En un galerón entintado de colores chillantes –azul, naranja y amarillo–, sin ventanas y entre luces artificiales que no le permiten percibir si es de noche o de día, Carlos Daniel pasa seis horas diarias tratando de “conciliar” con los clientes de Master Card que reunieron suficientes puntos por sus compras con tarjetas de crédito e intentan cambiarlos por enseres domésticos.
Se trata de una campaña conocida en el argot de los callcenter como “de entrada”, pues el telefonista sólo se dedica a recibir llamadas. Parecería fácil, en realidad no lo es: la mayoría son telefonemas de clientes que se quejan de que los artículos no llegan y luego para reclamar que son de baja calidad. Los supervisores dieron a los telefonistas la misma indicación: mentir.
“Mentir que la entrega será en tres semanas, porque sabemos que no llegan antes de seis, y luego mentirles sobre la calidad de los productos. En realidad son marcas que uno va al tianguis y las ve allí, aunque con los puntos de Master Card son muy caras. Encima les llegan rotos y no hay cambios. La gente se queja, te insulta, te ofenden, no entienden que uno sólo es intermediario”.
Las prácticas descritas reflejan que los callcenter no son una industria regulada. La Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef) ni siquiera cuenta con un registro del número de cuántos cargos ilegales o contrataciones ficticias que se hacen desde estos centros.
Aunado a los innegables vínculos del exsecretario de Hacienda con el sector financiero público y privado, clientes principales de Atento, incluída la Condusef, institución que depende directamente de la Secretaría de Hacienda, operada por el mismo grupo que desde el sexenio de Carlos Salinas de Gortari encabezaba Gil Díaz, entonces subsecretario de Ingresos.
Uno de los principales centros de Atento desde donde se hacen estos cargos ficticios se ubica en el mismo edificio sede de la Condusef, en el centro comercial Plaza Inn.
Acoso y maltrato
La llegada de Francisco Gil Díaz al frente del corporativo está marcada por dos directrices: acosar para la venta de tarjetas de crédito y maltratar para el cobro de las mismas. Y es que primero se estimula el consumo mediante la concesión de crédito y luego se persigue a los morosos. Para Atento es ganar-ganar, pues el impago de los tarjetahabientes “es un escenario repleto de oportunidades, un nuevo modelo de negocio para las empresas que actúan en la concesión y recuperación de crédito”, dice la compañía en la promoción de su servicio de cobranza.
Sandra, trabajadora de uno de los centros en Pachuca, explica: “Tenemos la base de datos de empresas de todo tipo, privadas y de gobierno. Nos dicen que primero hay que venderles la tarjeta, y cuando levanten la venta pasan los datos a la base de datos de cobranza porque en unos cinco meses van a utilizarla. ¡Tienen razón! Metimos los mismos datos de venta de tarjeta en la base de pagos por demora, y en unos meses ya los estábamos usando. ¡Parece que adivinan lo que va a pasar! ¡Juegan con los clientes!”.
Con la agudización de la crisis económica, este año el cobro de la cartera vencida de Bancomer, Santander, Master Card y tarjetas departamentales de estas mismas instituciones bancarias se convirtió en las actividades centrales de Atento. La compañía vende su servicio de crédito, riesgo y cobranza y se promueve como una empresa con experiencia en los segmentos financiero, telecom, retail e industria, “que adecua las condiciones de pago a la realidad de cada cliente; previene quiebras de acuerdos y recupera clientes teniendo el cuidado en mantenerlos activos y fieles”.
En la promoción del servicio, Telefónica dice que Atento “desarrolló una solución adecuada al mercado que garantiza la retención y fidelización de clientes que pasan por un proceso de recuperación de crédito”. Con este modelo, asegura, “buscamos negociar las condiciones de pago más adecuadas a la realidad de los clientes que encuentran dificultades para saldar sus deudas, evitando quiebras de promesa y promoviendo acuerdos”.
Los trabajadores develan el entrenamiento teórico-práctico que reciben de la compañía para este servicio que dura dos semanas. La clave para cobrar la deuda es la rudeza con los clientes, y para mostrarse rudos deben insistir en el pago e informarle del adeudo al tarjetahabiente, a sus familiares, vecinos, compañeros de trabajo y hasta el jefe. Se trata de “exhibir” al deudor “pero sin palabras altisonantes”. Así que, la “solución” que vende Atento, explican los telefonistas, se circunscribe a maltratar a los tarjetahabientes. “¡No te dejes! ¡Vuélvele a marcar, y si no te paga, que te pague cualquiera de su familia!… ¡O su jefe! ¡Háblale al trabajo!”, son las instrucciones de sus supervisores y directivos durante la capacitación.
La semana de práctica se denomina “sombra”. El telefonista se sienta al lado del entrenador para ensayar la cobranza. Si el supervisor detecta que aún no se profesionaliza como acosador, se queda “en cartera” mientras recibe entrenamiento adicional, sin cobrar un solo centavo.
Marisa, del callcenter en la colonia Roma, detalla: “Llamé al trabajo y le dije al patrón: ¡cómo es posible que contrate gente que debe su tarjeta de crédito! ¡Pásemelo porque yo sé que usted lo oculta, usted es cómplice de su trabajador! Lo acosé tanto que fue a pagar. Una hora después me mandó llamar el supervisor y me dijo ‘¿Te acuerdas de la cuenta que te estaba supervisando?, pues ya pagaron. ¡Y adivina, el que pagó fue el patrón!’. Eso es lo que nos obligan a hacer”, dice la joven apenada.
Trabajo rudo
El trabajo en los callcenter es identificado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) como uno de los más precarios actualmente, pero esta industria tiene dos caras: “Una es que proporciona empleo a un sector muy crítico de la sociedad que son los jóvenes, la otra cara es que se trata de una actividad no regulada, con ritmos muy fuertes de trabajo y, como se manejan vía outsourcing, sólo en algunos casos los trabajadores reciben prestaciones y el mínimo de ley”, explica Jordy Micheli Thirión, profesor-investigador del Departamento de Economía de la Universidad Autónoma Metropolitana.
Micheli, especialista en el tema de los callcenter, señala que para los corporativos de esta industria, como ocurre con la mayoría de las trasnacionales, “México es un paraíso laboral, producto del debilitamiento de la estructura laboral, del enorme desempleo, y de la falta de atención de las autoridades en la materia”. Por si ello fuera poco, los trabajadores de Atento denuncian que Gil Díaz endureció la política laboral.
Cenise Monteiro, coordinadora de “Tell Telefónica”, una campaña internacional que tiene como objetivo exigir que el Grupo Telefónica respete los derechos de sus trabajadores de callcenter, indistintamente del país donde se ubiquen, confirma que la situación que hoy enfrentan los trabajadores mexicanos es la más grave a nivel mundial. “México es el peor país en el desempeño de la empresa Atento”, dice Monteiro. Atribuye la responsabilidad a la política de la administración local, que tiene a los trabajadores bajo supervisión estricta. Se les exigen resultados poco realistas, ganan salarios muy bajos, no gozan de derechos sindicales o laborales y carecen de seguridad en el empleo.
Entre las disposiciones dictadas por Gil Díaz, Atento amplió su horario y recortó el tiempo de comida de los trabajadores a 20 minutos de break, siempre y cuando permanezcan conectados durante las seis horas que dura su turno, sin un minuto de tiempo muerto. Cuantas veces se levantan al baño cada segundo es cronometrado, pues una vez que termina la jornada el supervisor les informa el tiempo de conexión que “deben” a la compañía. Se optó por despedir a las mujeres embarazadas, pues tal estado las obliga a ir frecuentemente al baño. Se recortaron las comisiones por venta de tarjetas y seguros; se incrementaron las metas de ventas diarias y los requisitos para los bonos de productividad que los hace prácticamente inalcanzables, y aunque un trabajador llegue a la meta, tampoco es garantía de que lo reciba.
El engaño en Atento, ahonda el empleado Carlos, no sólo es para los clientes, sino para los trabajadores, pues se les prometen comisiones y bonos por productividad que nunca llegan. Félix refiere que en el caso de la campaña de las “migraciones” de planes de telefonías, donde se les prometió una comisión de 12 pesos por cada una, en su cheque se pagaban en 3 pesos y sólo ocasionalmente. O está el caso de Juan Carlos, quien desde hace seis meses espera un bono por sus comisiones por ventas de tarjetas Bancomer, Sam’s y Suburbia. Hasta hoy, el bono no ha llegado, pero le entregaron un diploma y un termo impreso con la marca de la compañía.
Entrevistados por separado, trabajadores de varios callcenter de Atento denuncian “robo” de horas extras, comisiones y bonos, y la reducción del 30 al 50 por ciento de sus salarios con el argumento de la crisis mundial. Explican que en el último año se aceleró la rotación de personal y los despidos injustificados. Ahora firman su contrato junto con su renuncia en blanco para que no generen derechos, antigüedad y, sobre todo, disuadir los intentos de sindicalizarse.
La necesidad económica y los altos niveles de desempleo que azotan al país llevan a los trabajadores a aguantar no sólo el maltrato, sino agravios como la reducción a su salario sin razón aparente. En junio pasado, los trabajadores de diversos centros del país recibieron su pago quincenal con 40 por ciento menos; cuando reclamaron, el departamento de recursos humanos les dio una somera explicación: “Nos alcanzó la crisis”. Sin embargo, los estados financieros de Telefónica reportan que en el tercer trimestre de 2009 el consorcio registró “un fuerte repunte de la actividad”. En este sentido, los trabajadores acusan a Gil Díaz de “fraude” por el reparto de utilidades, ya que sólo se les han entregado entre 47 y 67 pesos.
Elizabeth, del callcenter de la colonia Roma, dice que de plano su supervisora les prohibió tomar agua “para que no nos levantáramos al baño”. En sus 12 meses en la compañía, la jovencita ha vivido abusos de todo tipo: tortura sicológica y acoso sexual de sus supervisores, robo de sus comisiones y bonos y el agravio que produce la tensión de sentir que en cualquier momento sin razón alguna pueden despedirla. Su testimonio es elocuente de la situación de los trabajadores en los callcenter del Grupo Telefónica:
“Mi sueldo mensual es de 1 mil 800 pesos. Lo más atractivo parecen ser las comisiones: 15 pesos por venta de tarjetas de crédito. Si cubro la cuota diaria, que son 10 tarjetas, mi comisión sería de 150 pesos al día. Vendo mucho, siempre supero la cuota, pero cuando quiero cobrar mis comisiones me dicen que han tenido problemas para entregar la tarjeta y ya no me pagan, aunque el sistema me indica que las tarjetas se entregaron sin problema. No reclamo porque a quienes lo han hecho de inmediato los despiden. Cada vez que nos depositan, corro al cajero esperando que esta vez si me lleguen mis comisiones.
“Cuando no hay tantas ventas se agudiza el acoso contra nosotros. Delante de todos mi supervisor me grita ‘¡te tardaste siete minutos en el baño!’, y me los descuenta cuando me toca el break. Una vez, según sus cálculos, sólo me quedaban dos minutos de descanso. ‘¿Qué crees?’, me dijo, ‘que sólo tienes dos minutos de break porque le debes tiempo de conexión a la compañía’. Si hay muchas llamadas en ruta aunque quieras no te dejan desconectarte ni para ir al baño, te dicen que hasta que ‘bajen’ las llamadas.
Así como les cronometran el tiempo de conexión que “le deben” a la empresa, les miden cada llamada: 300 segundos, un segundo extra detona en reprimenda, tocándoles el hombro el supervisor increpa: ‘¡Tu TDO (tiempo de llamada), ya perdiste el bono, ya no hay comisión’.
“Todo el tiempo nos ponen obstáculos para no darnos el bono de productividad: si no le insistes al cliente te penalizan. Si le insistes y no compra también te penalizan porque dicen que le insististe mucho. Si hablas pausado dicen que tu voz provoca flojera y te penalizan. Si hablas rápido también te penalizan. También te prohíben que seas muy propio porque no generas empatía con el cliente. Y hay palabras prohibidas: ‘okay’, ‘espéreme tantito’ o ‘un momentito’. Por cada una que uses te penalizan. De todos los bonos que he ganado no me han entregado ninguno, pero me dieron un diploma y un termo de Atento porque mi trabajo es muy bueno. Pero tampoco me confío. Un día te dicen que haces las cosas bien y al otro día pueden despedirte sin que sepas por qué”.
María Xelhuantzi López, catedrática de la Universidad Nacional Autónoma de México, quien ha dado un seguimiento histórico al sector de los telefonistas, dice que “parece que Francisco Gil Díaz tiene la necesidad de demostrar que hay un buen manejo financiero de la empresa, es decir, que se mantengan niveles altísimos de utilidad al menor costo posible, y desde luego, ello incluye el costo laboral, porque ése es parte de su compromiso para quedar bien con Telefónica: reducir costos a expensas de lo que sea”.
Y es que la clave de la economía de un centro de llamadas radica en su estructura de costos. De acuerdo con el estudio Regulación laboral en la industria de callcenter. Los casos de Atento y Tecmarketing, de los investigadores Jordy Micheli y Arnulfo Arteaga, el gasto laboral constituye más del 60 por ciento de los costos totales del callcenter, de allí que éstos se ubiquen “en países que tengan menores salarios pero que ofrezcan una fuerza de trabajo idónea para la operación de telemercadeo”.
En esta obcecación por ahorrar costos, la política de Gil Díaz es que todos los teleoperadores sean multifuncionales: que atiendan varias campañas simultáneamente, que produzcan en serie “el mismo trabajo que antes hacían tres personas”, dice José Antonio, quien tiene tres años en el callcenter de la colonia Roma.
Inestabilidad laboral
Entre los incesantes gritos de sus supervisores y las deficientes condiciones físicas de los centros (sillas y diademas rotas, insuficientes e insalubres baños de tres casetas para 500 empleados por turno, entre otras), los trabajadores enfrentan el terror de los frecuentes despidos masivos.
La incertidumbre laboral es uno de los principales factores que abonan al estrés permanente en que se desempeñan los 13 mil 500 empleados en Atento México. Comienzan y terminan la jornada pensando que quizá es su último día. “Por recorte de personal, por tu falta de disposición, porque no pones de tu parte, porque tu supervisor ya no te quiere, porque no estás a la altura de la compañía…”, son argumentos que escuchan los trabajadores al momento de su destitución.
Producto de los despidos masivos, Atento es una compañía que permanentemente contrata personal, sobre todo para sus centros en el Distrito Federal. Los requisitos y el reclutamiento son relativamente sencillos: “ser mayor de edad, facilidad de palabra y aptitudes para venta y cobranza”. Como se contrata particularmente a los jóvenes, la principal oferta de empleo se ubica en los portales de internet. Una vez dentro, la ilusión de incluirse en el mercado laboral choca con su realidad.
La mayoría de los jóvenes entrevistados por Contralínea que fueron despedidos tenían entre ocho y 11 meses en la empresa. Antes del despido casi a todos se les impuso lo que la compañía denomina PSG, es decir, permisos sin goce de sueldo. José Manuel Sánchez, extrabajador del callcenter en Plaza Inn, explica:
“Ese PSG que inventaron en Atento te lo anuncia el supervisor. De un día a otro, te dice: ‘mañana tienes PSG’, y no te pagan. Te consuelan con que no te van a poner la falta ‘para que en tu expediente no diga que eres faltista’. En cambio, cuando alguien se enferma no le hacen válidas las incapacidades médicas”.
Recientemente José Manuel demandó a Atento ante la Junta Local de Conciliación y Arbitraje del Distrito Federal por despido injustificado; recuerda que éste ocurrió minutos después de que sus jefes lo felicitaron por su alta productividad: “Me llamaron a recursos humanos, me dijeron ‘aquí está tu renuncia, fírmala’. Pregunté y me respondieron: ‘Entraste a una rifa y resultaste elegido para tu despido’”.
La antigüedad de César Ortega también alcanzó los ocho meses, todos en el callcenter de Dinamarca 51. El último día su supervisor lo felicitó, le recordó que “ya casi” llegaba su monedero electrónico de regalo. “Y ahora te vas a una capacitación en recursos humanos, ¡baja, allí te están esperando!”, le dijo. Pero lo que César se encontró fue su notificación de despido “por reestructuración de la empresa”. Se negó a firmar y demandó a Atento.
César recuerda su trabajo con amargura: “La gente habla desesperada, no pueden solucionar sus problemas con las tarjetas, te dicen que los orienten, y si tratas de hacerlo, tienes al supervisor recordándote la política de la empresa: ‘Estamos para vender no para ayudar’”.
Cuando hay resistencia al despido, los telefonistas son literalmente expulsados por el cuerpo de seguridad de la empresa. Sus compañeros sólo saben que los corrieron porque los supervisores cuelgan sus diademas frente a la que fue su computadora, en espera de un nuevo operador. Si alguien pregunta, la respuesta siempre es la misma: “Salieron porque estaban atentando contra la empresa”.
El caso de Félix Ariel Carrillo no fue mejor: “A las 18:30, poco antes de terminar mi turno, llegó una mujer de recursos humanos a decirme que me buscaba un directivo de la empresa: era el encargado del trabajo sucio. ‘Estamos pasando por una etapa difícil, la compañía tiene problemas financieros y requiere de recorte de personal, ¡y te tocó a ti, Ariel!’. Le dije ¿problemas financieros? ¿A qué se refiere? ¡Especifique por favor! ¿Problemas financieros cuando todos los días se contrata a 15 o 20 personas y cuando nos pasamos el día vendiendo? ¿Por qué a mi? ¿Dónde está mi productividad, mis asistencias, mi calidad?…”. El hombre de traje, como le llama Ariel, no le dio respuesta.
O está el caso de Cecilia, despedida de uno de los callcenter de Pachuca cuando le solicitó al área contable sus hojas de retención de impuestos. “Pero es que estoy embarazada, no puede correrme”, suplicó. “Pues perfecto que estas embarazada, aprovecha tus dos meses de seguros social”, le respondió el jefe.
Discriminación, el epílogo
El desamparo laboral de los trabajadores de Atento los hace víctima de todo tipo de abusos. En el caso de las mujeres se suma la discriminación de género y el acoso sexual de supervisores y directivos, una práctica común, dicen las trabajadoras, en la mayoría de las sucursales. La presidencia de Telefónica impuso la prohibición de usar falda, escotes, zapatos abiertos, perforaciones y el cabello teñido “en colores extravagantes”, pues “las mujeres son las que provocan y luego se quejan de acoso”, recuerda Marta este argumento del personal de recursos humanos cuando le explicaron el reglamento de la compañía.
Ni el no usar el atuendo prohibido libró a Marta de ser acosada sexualmente en el callcenter de Sevilla, y como el acosador era su supervisor, el agravio no cesó sino hasta que concluyó la campaña y la enviaron a otro centro.
Otro fue el caso de Laura. Dice que como no cedió a la proposición de su supervisor de “ser más amable con él”, la asignó a cuatro campañas al mismo tiempo: de venta de tarjetas, de cobro y de puntos. “No te alcanza el tiempo ni para respirar, pero no quise ceder, me sentí muy ofendida”.
Las prácticas de esclavitud moderna impuestas por Gil Díaz en la compañía que presume de ser “socialmente responsable” detonaron los intentos de sindicalización. En Pachuca, el apremio fue el caso de una telefonista que tuvo un aborto en el callcenter: comenzó a sangrar y los directivos se negaron a que tuviera cualquier tipo de asistencia. Para sus compañeros fue el indicio de que tenían que organizarse; en los siguientes meses, uno a uno fue despedido. Hoy, más cautos, los jóvenes vencen su miedo a los capataces del exfiscal de hierro y hacen nuevos intentos de ejercer su derecho constitucional a la libre asociación y que la compañía respete la Ley Federal del Trabajo. “Tenemos hambre, pero también dignidad”, reflexiona Jaime, uno de los telefonistas.
Contralínea solicitó una entrevista con Francisco Gil Díaz a través del área de prensa del Grupo Telefónica. Luego de que se informó que se le preguntaría sobre la situación de los trabajadores de Atento, no hubo respuesta. Se buscó también a los directores de Bancomer, quienes, a través de su área de comunicación se negaron a hacer comentario alguno sobre las irregularidades que reportan los operadores de Atento; por parte del corporativo Master Card, hasta el cierre de esta edición no hubo respuesta.
Gil Díaz, antisindical
En 2001, Telefónica firmó un convenio con UNI Global Union, en el que se compromete a respetar los derechos laborales de sus trabajadores y a cumplir con los acuerdos internacionales de la Organización Internacional del Trabajo en todos y cada uno de sus países de operación, independientemente de las leyes locales. Al asumir el cargo como presidente de Telefónica para México y Centroamérica, Francisco Gil Díaz desconoció el acuerdo aun en contra de la presidencia del corporativo.
En entrevistada vía telefónica desde Panamá, Cenise Monteiro, directora regional de UNI América, asegura que hay instrucciones de España para que en México se haga efectivo el acuerdo marco, aunque la dirección local se ha negado a aplicarlo, e incluso, ha ido más allá: “Ha hecho acuerdos con sindicatos de protección, sindicatos amarillos que trabajan de acuerdo con las necesidades de la empresa y no con las necesidades de los trabajadores”.
Una de las partes medulares del convenio se refiere a la libertad sindical y al derecho a la negociación colectiva. El documento, suscrito por César Alierta Izuel, presidente de Telefónica, dice que en todas las compañías del consorcio, así como en sus subsidiarias, los trabajadores gozarán del derecho de formar sindicatos y afiliarse a ellos, y que Telefónica reconocerá las negociaciones colectivas en apego al Convenio 98 de la OIT. En países donde no exista sindicato, signa el documento, “la Compañía adoptará una postura neutral al objeto de no obstaculizar ni impedir a los trabajadores organizarse en el lugar de trabajo”.
Pero en México, “Gil Díaz ha llevado a Telefónica la posición abiertamente antisindical que lo caracterizó durante sus años como funcionario de gobierno”, dice la doctora en ciencia política María Xelhuantzi, autora del libro La libertad de asociación sindical y los contratos de protección en México. “Aunque –agrega– creo que él no ha informado cabalmente a la administración de España cuál es el fondo de los problemas, pues en diversas reuniones César Alierta nos ha dicho que ellos están cumplimiento con la ley. Esto tiene que ver con que Gil Díaz ofreció a Telefónica paz laboral. Les prometió todo tipo de garantías y particularmente las que se refieren a la cuestión laboral, es decir, que no va a haber conflictos, y para ello ha usado sindicatos de protección y tráfico de influencias, porque Gil Díaz tampoco es nuevo en ese oficio”.
En enero pasado, durante la reunión anual con altos directivos de Telefónica, cuenta Xelhuantzi, César Alierta “nos garantizó que ya había instruido al director (Gil Díaz) que debía cumplir el acuerdo, pero eso no ha ocurrido”. Así que durante la reunión directiva que tendrá lugar en Colombia, el desempeño de Gil Díaz será uno de los temas principales que discutirán con Alierta.
“UNI apela a Telefónica para que haga honor al compromiso que ha contraído en el acuerdo global, que otorga a todos los trabajadores de la empresa, sin excepción, que estén en Madrid o en ciudad de México, la libertad de negociar y de organizar con miras a obtener un trato justo sin interferencia de la dirección”, subraya Philip Jennings, secretario general de UNI. (ALP)
gil diaz, quien debiera estar en la cárcel, sigue haciendo daño a la humanidad gracias a la impunidad que reina en este pais

Por Nancy Flores Ciudad de México (México) 15 de marzo de 2007 Fortuna La oscura historia del fraude aduanero -estructurado y ejecutado desde las oficinas de la Secretaría de Hacienda- da un nuevo giro: con el “tiro de gracia” asesinan al director operativo de la empresa ISOSA. Esta compañía creada por Gil Díaz, al igual que los fideicomisos Aduanas I y II, ha sido involucrada en multimillonarios daños patrimoniales en contra del erario público.

Por Nancy Flores Ciudad de México (México) 15 de marzo de 2007 Fortuna La oscura historia del fraude aduanero -estructurado y ejecutado desde las oficinas de la Secretaría de Hacienda- da un nuevo giro: con el “tiro de gracia” asesinan al director operativo de la empresa ISOSA. Esta compañía creada por Gil Díaz, al igual que los fideicomisos Aduanas I y II, ha sido involucrada en multimillonarios daños patrimoniales en contra del erario público.
Avala Suprema Corte fraude aduanero
Al resolver la controversia constitucional 84/2004, la Suprema Corte exonera a la Secretaría de Hacienda de reintegrar 7 mil 682 millones de pesos al erario, de los 10 mil 182 millones que la dependencia que dirige Francisco Gil Díaz defraudó a las finanzas públicas por medio del Fideicomiso Aduanas I.
Al resolver la controversia constitucional 84/2004, la Suprema Corte exonera a la Secretaría de Hacienda de reintegrar 7 mil 682 millones de pesos al erario, de los 10 mil 182 millones que la dependencia que dirige Francisco Gil Díaz defraudó a las finanzas públicas por medio del Fideicomiso Aduanas I.
DÉCADA PERDIDA PARA EL PUEBLO, PERO EXCELENTE PARA LOS NEGOCIOS DE POLÍTICOS Y EMPRESARIOS

Pedro Echeverria V.
1. Los políticos y empresarios, así como los medios de información y sus “intelectuales” -con el presidente ilegítimo Calderón a la cabeza- salen siempre con la tontería de que ahora no hay que pensar en divisiones, en partidos y mucho menos, en lucha de clases. Dicen que ahora todos estamos obligados a olvidar rencores del pasado para salvar al país porque “si se hunde el barco todos moriremos”. Como en el juego de la perinola, dicen: todos deben poner para que ganen todos. Sin embargo, los datos duros dicen que esa clase dominante nunca pierde en las crisis; cuando más a algunos les va mal pero su dinero sigue circulando entre la misma clase multimillonaria. Los únicos que siempre han perdido son los pobres que se convierten en miserables y éstos que comienzan a morir de hambre. Cuando los ricos piden “salvar a México” es porque temen a grandes rebeliones.
2. Por eso es interesante la noticia que publicó hoy El Universal: “En materia económica, la primera década del siglo XXI, (México) exhibió la serie de problemas estructurales que colocan al país como el de menor dinamismo en América Latina, rebasado por naciones como Brasil, Chile e incluso Perú. De confirmarse el desplome de 7% en la producción interna bruta este 2009, la economía mexicana habría registrado un crecimiento anual promedio de apenas 1.6% en los últimos 10 años, el más bajo del que se tenga registro desde los años 20 del siglo pasado. De 2007 a la fecha México retrocedió 12 lugares en la materia al pasar del escaño 48 al 60 en 2009 de un total de 132 países considerados en el Reporte Anual sobre Competitividad del Foro Económico Mundial. En mejor posición quedaron Chile (30), Costa Rica (55), Brasil (56) y Panamá (59)”. ¿Importa que el 70% de los mexicanos viva en la pobreza?
3. Ya no sé de dónde debe sentirse orgulloso México y los mexicanos. ¿En su economía que se desploma o por su política cada vez más represiva? ¿Por sus servicios de salud y educación que ocupan los últimos lugares en calidad? ¿Por su pueblo cada vez más sin trabajo y tratando de cruzar la frontera hacia EEUU? ¿Por su cultura, sus tradiciones, que cada vez desaparecen para ser sustituidas por el modo yanqui de pensar? ¿Por sus medios de información que siempre buscan manipular a su favor? ¿Por sus mariachis, las canciones de José Alfredo, su artesanía y su folklore para turistas? ¿Por Teotihuacan, Chichén Itzá y demás monumentos prehispánicos saturados por centros comerciales como Wall Mark? Se que hay que superar los nacionalismos y chovinismos, pero si los poderosos países imperialistas imponen su poder económico y su cultura, ¿Qué nos queda como identidad regional?
4. ¿Qué tiene que ver el pueblo con las imbecilidades de sus gobernantes que sólo piensan en intereses propios? Durante la década en curso México obtuvo gigantescos ingresos extraordinarios por los elevados precios internacionales del petróleo y, como a fines de los setenta con López Portillo, el dinero no se usó para crear fuentes de empleo y la infraestructura productiva necesaria. Se dilapidó en gastos corrientes y llenó las bolsas de políticos y empresarios. El peso de los ingresos petroleros en el presupuesto (40%) y la falta de inversiones productivas, ha provocado en gran medida el desplome de la economía. Si México fue respetado y admirado como hermano mayor, muchas veces como líder en América Latina, hay es un país que cae en pedazos su economía y en política sólo es un cachorro de los EEUU. ¿En dónde quedó aquella “primera revolución del siglo XX”?
5. Calderón y sus secretarios de Hacienda en turno nos quieren ver, o nos ven, la cara tontos al gritar que la crisis es mundial y que México no tiene culpa, pero no dicen que “México es el país más afectado en Latinoamérica por la crisis económica, como publicó El Universal; que retrocede siempre desde hace un lustro en el índice mundial de competitividad, que su PIB crece menos que el promedio del continente, que se está quedando sin su principal fuente de ingresos: el petróleo y su peso en el escenario político internacional es cada vez más pequeño a la sombra de Brasil”. En lugar de aplicar una política diversificada –sobre todo interna y con América Latina- sigue atado en un 90 por ciento al comercio yanqui. Y, aunque acompañe a los EEUU en sus crisis y devaluaciones, no alcanza recuperarse con los EEUU. Por eso cuando a los EEUU le da un catarrito México sufre pulmonía.
6. El gobierno derechista de Calderón trata de esconder que México padece una mal crónico y degenerativo que ya no puede esconderse con paliativos disfrazados de reformas políticas para unir a los partidos oportunistas. Desde hace varios años se ha demostrado que China o India –con gigantes poblaciones- tienen cifras de pobreza muy graves, pero su perspectiva de crecimiento hacia las próximas décadas es tal que pueden asumir el problema como algo transitorio. Si bien no tienen nada de socialistas, sus políticas van hacia delante y se están colando en economías de punta. México, por el contrario, aparece a la baja en casi todos los indicadores sociales y económicos porque los problemas del país no son de coyuntura por la crisis, sino de estructura, es decir, de objetivos, proyectos y programas. Pero que no se olvide que no hay revocación de mandato y Calderón seguirá destruyendo el país.
7. ¿Algún mexicano podría creer que esta fue una década perdida cuando los empresarios Slim, Azcárraga, Zambrano, Arango, Salinas Pliego, Bailleres o Roberto Hernández? ¿O para los políticos: Fox y su familia, Calderón y Mouriño y sus familias, Peña Nieto, etcétera? La realidad es que no fue una década perdida sino sexenios tras sexenios perdidos para los trabajadores (indígenas, campesinos, obreros, empleados) que después de producir riquezas durante décadas ven desplomarse su economía y que su familia cada vez más viva en la desesperación. Lo publicado por El Universal hoy es interesante porque vuelve a subrayar el problema que se vive en México por lo menos desde que se implantó el neoliberalismo privatizador en 1982. Yo lo único que he hecho es recordar que estamos súper jodidos y que algo organizado tenemos que hacer: aunque sea una revolución.
pedroe@cablered.net.mx
1. Los políticos y empresarios, así como los medios de información y sus “intelectuales” -con el presidente ilegítimo Calderón a la cabeza- salen siempre con la tontería de que ahora no hay que pensar en divisiones, en partidos y mucho menos, en lucha de clases. Dicen que ahora todos estamos obligados a olvidar rencores del pasado para salvar al país porque “si se hunde el barco todos moriremos”. Como en el juego de la perinola, dicen: todos deben poner para que ganen todos. Sin embargo, los datos duros dicen que esa clase dominante nunca pierde en las crisis; cuando más a algunos les va mal pero su dinero sigue circulando entre la misma clase multimillonaria. Los únicos que siempre han perdido son los pobres que se convierten en miserables y éstos que comienzan a morir de hambre. Cuando los ricos piden “salvar a México” es porque temen a grandes rebeliones.
2. Por eso es interesante la noticia que publicó hoy El Universal: “En materia económica, la primera década del siglo XXI, (México) exhibió la serie de problemas estructurales que colocan al país como el de menor dinamismo en América Latina, rebasado por naciones como Brasil, Chile e incluso Perú. De confirmarse el desplome de 7% en la producción interna bruta este 2009, la economía mexicana habría registrado un crecimiento anual promedio de apenas 1.6% en los últimos 10 años, el más bajo del que se tenga registro desde los años 20 del siglo pasado. De 2007 a la fecha México retrocedió 12 lugares en la materia al pasar del escaño 48 al 60 en 2009 de un total de 132 países considerados en el Reporte Anual sobre Competitividad del Foro Económico Mundial. En mejor posición quedaron Chile (30), Costa Rica (55), Brasil (56) y Panamá (59)”. ¿Importa que el 70% de los mexicanos viva en la pobreza?
3. Ya no sé de dónde debe sentirse orgulloso México y los mexicanos. ¿En su economía que se desploma o por su política cada vez más represiva? ¿Por sus servicios de salud y educación que ocupan los últimos lugares en calidad? ¿Por su pueblo cada vez más sin trabajo y tratando de cruzar la frontera hacia EEUU? ¿Por su cultura, sus tradiciones, que cada vez desaparecen para ser sustituidas por el modo yanqui de pensar? ¿Por sus medios de información que siempre buscan manipular a su favor? ¿Por sus mariachis, las canciones de José Alfredo, su artesanía y su folklore para turistas? ¿Por Teotihuacan, Chichén Itzá y demás monumentos prehispánicos saturados por centros comerciales como Wall Mark? Se que hay que superar los nacionalismos y chovinismos, pero si los poderosos países imperialistas imponen su poder económico y su cultura, ¿Qué nos queda como identidad regional?
4. ¿Qué tiene que ver el pueblo con las imbecilidades de sus gobernantes que sólo piensan en intereses propios? Durante la década en curso México obtuvo gigantescos ingresos extraordinarios por los elevados precios internacionales del petróleo y, como a fines de los setenta con López Portillo, el dinero no se usó para crear fuentes de empleo y la infraestructura productiva necesaria. Se dilapidó en gastos corrientes y llenó las bolsas de políticos y empresarios. El peso de los ingresos petroleros en el presupuesto (40%) y la falta de inversiones productivas, ha provocado en gran medida el desplome de la economía. Si México fue respetado y admirado como hermano mayor, muchas veces como líder en América Latina, hay es un país que cae en pedazos su economía y en política sólo es un cachorro de los EEUU. ¿En dónde quedó aquella “primera revolución del siglo XX”?
5. Calderón y sus secretarios de Hacienda en turno nos quieren ver, o nos ven, la cara tontos al gritar que la crisis es mundial y que México no tiene culpa, pero no dicen que “México es el país más afectado en Latinoamérica por la crisis económica, como publicó El Universal; que retrocede siempre desde hace un lustro en el índice mundial de competitividad, que su PIB crece menos que el promedio del continente, que se está quedando sin su principal fuente de ingresos: el petróleo y su peso en el escenario político internacional es cada vez más pequeño a la sombra de Brasil”. En lugar de aplicar una política diversificada –sobre todo interna y con América Latina- sigue atado en un 90 por ciento al comercio yanqui. Y, aunque acompañe a los EEUU en sus crisis y devaluaciones, no alcanza recuperarse con los EEUU. Por eso cuando a los EEUU le da un catarrito México sufre pulmonía.
6. El gobierno derechista de Calderón trata de esconder que México padece una mal crónico y degenerativo que ya no puede esconderse con paliativos disfrazados de reformas políticas para unir a los partidos oportunistas. Desde hace varios años se ha demostrado que China o India –con gigantes poblaciones- tienen cifras de pobreza muy graves, pero su perspectiva de crecimiento hacia las próximas décadas es tal que pueden asumir el problema como algo transitorio. Si bien no tienen nada de socialistas, sus políticas van hacia delante y se están colando en economías de punta. México, por el contrario, aparece a la baja en casi todos los indicadores sociales y económicos porque los problemas del país no son de coyuntura por la crisis, sino de estructura, es decir, de objetivos, proyectos y programas. Pero que no se olvide que no hay revocación de mandato y Calderón seguirá destruyendo el país.
7. ¿Algún mexicano podría creer que esta fue una década perdida cuando los empresarios Slim, Azcárraga, Zambrano, Arango, Salinas Pliego, Bailleres o Roberto Hernández? ¿O para los políticos: Fox y su familia, Calderón y Mouriño y sus familias, Peña Nieto, etcétera? La realidad es que no fue una década perdida sino sexenios tras sexenios perdidos para los trabajadores (indígenas, campesinos, obreros, empleados) que después de producir riquezas durante décadas ven desplomarse su economía y que su familia cada vez más viva en la desesperación. Lo publicado por El Universal hoy es interesante porque vuelve a subrayar el problema que se vive en México por lo menos desde que se implantó el neoliberalismo privatizador en 1982. Yo lo único que he hecho es recordar que estamos súper jodidos y que algo organizado tenemos que hacer: aunque sea una revolución.
pedroe@cablered.net.mx
¿QUE NOS DEPARA EL 2010?
Columna Asimetrías
Por Fausto Fernández Ponte
29 diciembre 2009
“Haremos cambios profundos en 2010”.
Felipe Calderón.
I
Los años tercero y cuarto de un sexenio, son, con arreglo a la tradición presidencialista mexicana, los años de consolidación de lo diseñado y emprendido en los primeros dos o, a fuer de exactos, los primeros cien días.
La experiencia histórica nos consigna que lo que no se haya hecho en esos primeros cien días –o, si se quiere, en los primeros dos años--, no suele hacerse ni el tercero ni cuarto, no obstante que éstos son los períodos de pináculo del poder de un Presidente.
Así, contra ese telón de fondo de la experiencia histórica lo que piense hacer e incluso emprenda Felipe Calderón lisa y llanamente no podrá hacerlo; cuando mucho, lo que sería dable, si acaso, es diseñar cambios, mas no tendrá tiempo para realizarlos.
Ante eso, las promesas –o amenazas, a nuestro ver— de “cambios profundos” proferidas por el señor Calderón antójanse falsas, es decir, demagógicas, ajenas a cualesquier nociones de posibilidad, probabilidad y verismo factual. Puro cuento.
Mas en el remoto caso de que don Felipe intentare realizar esos cambios, éstos, sábese, serán para consolidar un proyecto de país diseñado en 1982 por Carlos Salinas, a la sazón el secretario de despacho del enclenque de ánimo Miguel de la Madrid.
Dada esa factualidad histórica, fehaciente por documentada, el señor Salinas es el progenitor del neoliberalismo mexicano; es decir, es el padre y autor material de nuestra triste realidad omnipresente de debacle. No olvídese que don Carlos es priísta.
II
Don Carlos y su hermano mayor, Raúl, coquetearon alguna vez con la izquierda ideológica, primero, y luego, política, e incluso financiaron con propósitos de ejercer presión al poder, la creación de organizaciones campesinas de choque.
Para ello, el mayor de los hermanos se rodeó de ex guerrilleros de endeble condición vocativa y naturaleza inclinada a la molicie, con quienes organizó esos grupos de choque encendiendo teas de organizaciones para iluminar la mezquindad del personaje.
Esas organizaciones de choque y de presión política aún persisten, ocultando su origen artificial y ajenas a la inspiración raulista, pues el primogénito Salinas parece volcado hoy a su pasión original, la de los negocios al amparo del poder.
Cuando arribó a Los Pinos, don Carlos traía viada, pues como secretario secuestrador de la voluntad y el albedrío del débil de entereza don Miguel, vendió sus servicios a quien, desde estudiante en Stanford, lo había contratado como su agente en México.
Y como agente del imperialismo estadunidense instalado en la Presidencia de la República, don Carlos entregó México a consorcios trasnacionales y abrió las puertas a la privatización de las empresas sociales vía el TLCAN. Vendió Telmex. Y bancos.
III
Así, México se convirtió en provincia económica de EU, statu quo aun vigente y con consecuencias dramáticas por trágicas: gran desempleo, más pobreza, rampante inflación y alto costo de la vida, terrible inseguridad pública y social, e incertidumbre.
El Tratado de Libre Comercio de la América del Norte obliga a México a ser saqueado del todo; lo obliga a ser víctima cautiva pillaje, rapiña y despojo, en un contexto de capitalismo salvaje y, por tanto, brutal. Nos condena a la pobreza.
Nos obliga ese Tratado a la dependencia ignominiosa de la economía mexicana con respecto a la de EU y a la dependencia en la toma de decisiones estratégicas del Estado; nos obliga a ser comparsa de EU. A hacer guerras al narco. Y al pueblo mismo.
Nos obliga a mantener draconiamente un régimen de relaciones de producción y fuerzas productivas sin rectoría ni planificación del Estado, nada menos que financiado por nosotros mismos. Nos lleva a un statu quo opuesto a nuestros intereses.
En ese contexto,¿cuáles serían los “cambios profundos” que nos ofrece? ¿Nos liberará de seguir financiando nosotros nuestra propia victimización? ¿Que paguen impuestos los ricos? Nada de eso. Los cambios ofrecidos son para empeorar. Así será el 2010.
ffponte@gmail.com
Por Fausto Fernández Ponte
29 diciembre 2009
“Haremos cambios profundos en 2010”.
Felipe Calderón.
I
Los años tercero y cuarto de un sexenio, son, con arreglo a la tradición presidencialista mexicana, los años de consolidación de lo diseñado y emprendido en los primeros dos o, a fuer de exactos, los primeros cien días.
La experiencia histórica nos consigna que lo que no se haya hecho en esos primeros cien días –o, si se quiere, en los primeros dos años--, no suele hacerse ni el tercero ni cuarto, no obstante que éstos son los períodos de pináculo del poder de un Presidente.
Así, contra ese telón de fondo de la experiencia histórica lo que piense hacer e incluso emprenda Felipe Calderón lisa y llanamente no podrá hacerlo; cuando mucho, lo que sería dable, si acaso, es diseñar cambios, mas no tendrá tiempo para realizarlos.
Ante eso, las promesas –o amenazas, a nuestro ver— de “cambios profundos” proferidas por el señor Calderón antójanse falsas, es decir, demagógicas, ajenas a cualesquier nociones de posibilidad, probabilidad y verismo factual. Puro cuento.
Mas en el remoto caso de que don Felipe intentare realizar esos cambios, éstos, sábese, serán para consolidar un proyecto de país diseñado en 1982 por Carlos Salinas, a la sazón el secretario de despacho del enclenque de ánimo Miguel de la Madrid.
Dada esa factualidad histórica, fehaciente por documentada, el señor Salinas es el progenitor del neoliberalismo mexicano; es decir, es el padre y autor material de nuestra triste realidad omnipresente de debacle. No olvídese que don Carlos es priísta.
II
Don Carlos y su hermano mayor, Raúl, coquetearon alguna vez con la izquierda ideológica, primero, y luego, política, e incluso financiaron con propósitos de ejercer presión al poder, la creación de organizaciones campesinas de choque.
Para ello, el mayor de los hermanos se rodeó de ex guerrilleros de endeble condición vocativa y naturaleza inclinada a la molicie, con quienes organizó esos grupos de choque encendiendo teas de organizaciones para iluminar la mezquindad del personaje.
Esas organizaciones de choque y de presión política aún persisten, ocultando su origen artificial y ajenas a la inspiración raulista, pues el primogénito Salinas parece volcado hoy a su pasión original, la de los negocios al amparo del poder.
Cuando arribó a Los Pinos, don Carlos traía viada, pues como secretario secuestrador de la voluntad y el albedrío del débil de entereza don Miguel, vendió sus servicios a quien, desde estudiante en Stanford, lo había contratado como su agente en México.
Y como agente del imperialismo estadunidense instalado en la Presidencia de la República, don Carlos entregó México a consorcios trasnacionales y abrió las puertas a la privatización de las empresas sociales vía el TLCAN. Vendió Telmex. Y bancos.
III
Así, México se convirtió en provincia económica de EU, statu quo aun vigente y con consecuencias dramáticas por trágicas: gran desempleo, más pobreza, rampante inflación y alto costo de la vida, terrible inseguridad pública y social, e incertidumbre.
El Tratado de Libre Comercio de la América del Norte obliga a México a ser saqueado del todo; lo obliga a ser víctima cautiva pillaje, rapiña y despojo, en un contexto de capitalismo salvaje y, por tanto, brutal. Nos condena a la pobreza.
Nos obliga ese Tratado a la dependencia ignominiosa de la economía mexicana con respecto a la de EU y a la dependencia en la toma de decisiones estratégicas del Estado; nos obliga a ser comparsa de EU. A hacer guerras al narco. Y al pueblo mismo.
Nos obliga a mantener draconiamente un régimen de relaciones de producción y fuerzas productivas sin rectoría ni planificación del Estado, nada menos que financiado por nosotros mismos. Nos lleva a un statu quo opuesto a nuestros intereses.
En ese contexto,¿cuáles serían los “cambios profundos” que nos ofrece? ¿Nos liberará de seguir financiando nosotros nuestra propia victimización? ¿Que paguen impuestos los ricos? Nada de eso. Los cambios ofrecidos son para empeorar. Así será el 2010.
ffponte@gmail.com
domingo, 27 de diciembre de 2009
Ni un detenido ya, por muertes en la guardería ABC
Esta semana excarcelaron a dos personas implicadas; 21 enfrentarán procesos en libertad
Ulises Gutiérrez Ruelas
Corresponsal
Periódico La Jornada
Domingo 27 de diciembre de 2009, p. 21
Hermosillo, Son., 26 de diciembre. Con la excarcelación bajo fianza –el pasado viernes– de Irma Crescencia Díaz, ex coordinadora de guarderías del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en Hermosillo, ya no hay detenidos ni presos como parte del proceso federal por las múltiples acciones y omisiones puestas al descubierto tras el incendio del pasado 5 de junio, que costó la vida de 49 niños y lesionó a decenas.
Antes de ella, la noche del miércoles también fue liberado Roberto Copado Gutiérrez, director de Protección Civil Municipal de Hermosillo al momento de la tragedia, quien sólo estuvo encarcelado cinco días luego de perder efecto el amparo que solicitó en junio; y junto a ellos dos, otras 21 personas estarán sujetas a proceso, sin privación de la libertad, además de los cinco dueños de la Guardería ABC que hasta la fecha han eludido la pena corporal.
Crescencia Díaz estuvo presa poco más de seis meses y es quien “más sufrió”, dado el prolongado encierro, pero salió libre tras el pago de fianza de más de 2.4 millones de pesos que se cubrió con un edificio propiedad de la familia, dado que ella no contaba con recursos económicos ni podía sufragar la cantidad de amparos que otros acusados obtuvieron, comentó Alberto Arellano, uno de sus allegados.
Sin embargo, según los padres de las víctimas integrados al Movimiento Ciudadano 5 de Junio por la Justicia, el proceso federal debe replantearse y la acción punitiva alcanzar a los dueños de la guardería subrogada por el IMSS y a los funcionarios federales y del anterior gobierno priísta sonorense de Eduardo Bours Castelo que resultan responsables.
“El homicidio imprudencial debe reclasificarse como doloso para que los acusados no logren la libertad bajo fianza; y los cinco socios de la guardería, Alfonso Escalante Hoeffer, Sandra Lucía Téllez, Antonio Salido Pavlovich, Gildardo Urquidez Serrano y Marcia Matilde Altagracia Gómez del Campo, prima de la esposa del presidente Felipe Calderón Hinojosa, no pueden ser eximidos de culpa”, señalan los padres de las víctimas.
No obstante, y aun cuando la Procuraduría General de la República (PGR) informó en agosto que había emitido una ficha roja para la búsqueda internacional y detención de los cinco socios, ellos aparecían en fiestas de alta sociedad en Hermosillo y enfrentarán amparados el inocuo proceso judicial, denunció Julio César Márquez, uno de los voceros del movimiento.
En su más reciente comunicado, el Movimiento 5 de Junio dijo el pasado 11 de diciembre que los padres de las víctimas reiteran su interés en dialogar con el presidente Calderón, a quien intentaron contactar al menos ocho veces, una de ellas por conducto del gobernador panista Guillermo Padrés Elías y otra durante su visita a Puerto Peñasco en noviembre, pero siempre sin éxito.
Los agraviados quieren plantear a Calderón que en el proceso judicial también se persiga el presunto tráfico de influencias y la corrupción que permitieron a los dueños habilitar un bodegón como guardería y operar sin las medidas de seguridad adecuadas, pese a los documentos donde constan las llamadas de atención sobre los riesgos en caso de incendio.
Ulises Gutiérrez Ruelas
Corresponsal
Periódico La Jornada
Domingo 27 de diciembre de 2009, p. 21
Hermosillo, Son., 26 de diciembre. Con la excarcelación bajo fianza –el pasado viernes– de Irma Crescencia Díaz, ex coordinadora de guarderías del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en Hermosillo, ya no hay detenidos ni presos como parte del proceso federal por las múltiples acciones y omisiones puestas al descubierto tras el incendio del pasado 5 de junio, que costó la vida de 49 niños y lesionó a decenas.
Antes de ella, la noche del miércoles también fue liberado Roberto Copado Gutiérrez, director de Protección Civil Municipal de Hermosillo al momento de la tragedia, quien sólo estuvo encarcelado cinco días luego de perder efecto el amparo que solicitó en junio; y junto a ellos dos, otras 21 personas estarán sujetas a proceso, sin privación de la libertad, además de los cinco dueños de la Guardería ABC que hasta la fecha han eludido la pena corporal.
Crescencia Díaz estuvo presa poco más de seis meses y es quien “más sufrió”, dado el prolongado encierro, pero salió libre tras el pago de fianza de más de 2.4 millones de pesos que se cubrió con un edificio propiedad de la familia, dado que ella no contaba con recursos económicos ni podía sufragar la cantidad de amparos que otros acusados obtuvieron, comentó Alberto Arellano, uno de sus allegados.
Sin embargo, según los padres de las víctimas integrados al Movimiento Ciudadano 5 de Junio por la Justicia, el proceso federal debe replantearse y la acción punitiva alcanzar a los dueños de la guardería subrogada por el IMSS y a los funcionarios federales y del anterior gobierno priísta sonorense de Eduardo Bours Castelo que resultan responsables.
“El homicidio imprudencial debe reclasificarse como doloso para que los acusados no logren la libertad bajo fianza; y los cinco socios de la guardería, Alfonso Escalante Hoeffer, Sandra Lucía Téllez, Antonio Salido Pavlovich, Gildardo Urquidez Serrano y Marcia Matilde Altagracia Gómez del Campo, prima de la esposa del presidente Felipe Calderón Hinojosa, no pueden ser eximidos de culpa”, señalan los padres de las víctimas.
No obstante, y aun cuando la Procuraduría General de la República (PGR) informó en agosto que había emitido una ficha roja para la búsqueda internacional y detención de los cinco socios, ellos aparecían en fiestas de alta sociedad en Hermosillo y enfrentarán amparados el inocuo proceso judicial, denunció Julio César Márquez, uno de los voceros del movimiento.
En su más reciente comunicado, el Movimiento 5 de Junio dijo el pasado 11 de diciembre que los padres de las víctimas reiteran su interés en dialogar con el presidente Calderón, a quien intentaron contactar al menos ocho veces, una de ellas por conducto del gobernador panista Guillermo Padrés Elías y otra durante su visita a Puerto Peñasco en noviembre, pero siempre sin éxito.
Los agraviados quieren plantear a Calderón que en el proceso judicial también se persiga el presunto tráfico de influencias y la corrupción que permitieron a los dueños habilitar un bodegón como guardería y operar sin las medidas de seguridad adecuadas, pese a los documentos donde constan las llamadas de atención sobre los riesgos en caso de incendio.
Aumento al transporte: No queda más que aguantarse
Para los saltillenses, el aumento al transporte aprobado por el Cabildo es un duro golpe al bolsillo de los usuarios y reprocharon a los regidores el visto bueno al incremento.
En un recorrido por algunas paradas de combis, se constató que la mayoría de los ciudadanos vio con malos ojos el que a partir del 2010 tendrán que pagar más por el uso del transporte público.
VANGUARDIA publicó los aumentos que a partir del próximo año tendrá el transporte urbano en Saltillo.
Las nuevas tarifas que se comenzarán a aplicar a partir del 7 de enero de 2010 serán: en la tarifa general se pasará de 5.50 a 6.00 pesos y la preferencial de 4.00 a 4.50 pesos, lo que implica un ajuste por el orden del 9 y 11 por ciento, respectivamente.
En este sentido, Francisco Esparza Quijano comentó que los transportistas ya se habían tardado en aumentar el pasaje.
“Ya se me hacía raro porque tenía bastantito tiempo de que no subían los pasajes, ahora pues nos queda más que ‘apechugar’; nosotros los ciudadanos somos siempre los que venimos pagando el ‘pato’, como se dice vulgarmente”, aseveró.
Idalia Vázquez, usuaria de la ruta 10, calificó de injusta la medida que la obligará a pagar 50 centavos más por cada combi que tome.
“Pues sí, es injusto que nuevamente estos señores nos cobren más, se supone que ellos deberían primero ofrecer un mejor servicio, pero ya ve, los muebles siguen igual de viejos”, opinó.
Ernesto Sosa dijo que, considerando que los transportistas tenían tiempo de no aumentar, es entendible el incremento.
“Es entendible, alguna vez tenían que aumentar de nuevo ¿no?; son medidas que a nadie agradan pero se tienen que dar queramos o no, aunque eso sí, espero que no sean muy seguido”, apuntó el saltillense. Sosa comentó que en su caso usa cuatro combis diariamente, lo que ya implica dos pesos más.
“Son dos pesos que al mes se hacen más y al año, imagínese cuánto vamos a tener que pagar más, mejor ahí le paramos”, dijo.
¿COMO QUE NO QUEDA MAS QUE AGUANTARSE? COMO?
En un recorrido por algunas paradas de combis, se constató que la mayoría de los ciudadanos vio con malos ojos el que a partir del 2010 tendrán que pagar más por el uso del transporte público.
VANGUARDIA publicó los aumentos que a partir del próximo año tendrá el transporte urbano en Saltillo.
Las nuevas tarifas que se comenzarán a aplicar a partir del 7 de enero de 2010 serán: en la tarifa general se pasará de 5.50 a 6.00 pesos y la preferencial de 4.00 a 4.50 pesos, lo que implica un ajuste por el orden del 9 y 11 por ciento, respectivamente.
En este sentido, Francisco Esparza Quijano comentó que los transportistas ya se habían tardado en aumentar el pasaje.
“Ya se me hacía raro porque tenía bastantito tiempo de que no subían los pasajes, ahora pues nos queda más que ‘apechugar’; nosotros los ciudadanos somos siempre los que venimos pagando el ‘pato’, como se dice vulgarmente”, aseveró.
Idalia Vázquez, usuaria de la ruta 10, calificó de injusta la medida que la obligará a pagar 50 centavos más por cada combi que tome.
“Pues sí, es injusto que nuevamente estos señores nos cobren más, se supone que ellos deberían primero ofrecer un mejor servicio, pero ya ve, los muebles siguen igual de viejos”, opinó.
Ernesto Sosa dijo que, considerando que los transportistas tenían tiempo de no aumentar, es entendible el incremento.
“Es entendible, alguna vez tenían que aumentar de nuevo ¿no?; son medidas que a nadie agradan pero se tienen que dar queramos o no, aunque eso sí, espero que no sean muy seguido”, apuntó el saltillense. Sosa comentó que en su caso usa cuatro combis diariamente, lo que ya implica dos pesos más.
“Son dos pesos que al mes se hacen más y al año, imagínese cuánto vamos a tener que pagar más, mejor ahí le paramos”, dijo.
¿COMO QUE NO QUEDA MAS QUE AGUANTARSE? COMO?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)