martes, 18 de enero de 2011

MONTERREY, EL VUELCO

Jesús Cantú
PROCESO
MÉXICO, D.F., 17 de enero.- En 1999, la revista Fortune designó a Monterrey como la ciudad latinoamericana más atractiva para hacer negocios; en 2002, en vísperas de la visita del presidente estadunidense, The New York Times la catalogó como modelo; en 2005, la revista América Economía la ubicó como la urbe más segura, y todavía en 2007 quedó posicionada como la tercera mejor ciudad para hacer negocios en América Latina.

Apenas en marzo de 2001, el entonces gobernador del estado, Fernando Canales, declaró: “A mí el narco me hace los mandados”. Y en 2008, Luis Carlos Treviño Berchelmann, entonces procurador general de Justicia, y Aldo Fasci, a la sazón secretario de Seguridad Pública, le respondían a un enviado de un diario texano que Nuevo León estaba blindado, que jamás padecería la inseguridad y el clima de violencia que se vivían en Tamaulipas.

Todo eso se derrumbó en muy pocos meses, particularmente en 2010: En un informe, la Secretaría de la Defensa Nacional –según difundió en noviembre el diario regiomontano El Norte– identificó a Monterrey y a otros ocho municipios del estado entre los 19 de mayor riesgo para los militares (los otros 10 se encuentran en Tamaulipas). El hecho es que en esos 19 municipios las fuerzas castrenses recibieron 91 de los 128 ataques que sufrieron de enero a octubre de 2010.

En 2010, conforme a los datos de la Procuraduría de Justicia estatal, se cometieron 828 homicidios dolosos. El vocero estatal en materia de seguridad, Jorge Domene, declaró que 361 de ellos estuvieron vinculados a las luchas entre los distintos grupos del crimen organizado y que en los enfrentamientos habrían muerto 30 personas inocentes. Una estadística dada a conocer por El Norte estableció que en los tres años previos (de 2007 a 2009) se habrían cometido 813 homicidios, es decir, que el promedio anual durante ese trienio fue de 271 homicidios, mientras que en 2010 ese número se triplicó.

El vuelco es dramático, y eso se percibe en la ciudad. La vida nocturna ha disminuido notablemente. Zonas completas –como el denominado Barrio Antiguo, equivalente al centro histórico en otras ciudades– están desoladas, lo que contrasta con el continuo e intenso ajetreo que se observaba hace apenas unos meses, en los que la vida no se detenía un minuto del jueves por la noche al domingo por la mañana.

El 11 de abril de 2010, el rector del Sistema Tecnológico de Monterrey, Rafael Rangel Sostman, aventuraba algunas explicaciones a la comunidad congregada en el Estadio Tecnológico tras el asesinato de los dos estudiantes que cayeron abatidos dentro de las mismas instalaciones universitarias. Decía que Monterrey, como muchas otras ciudades a nivel mundial, había “logrado su desarrollo con base en valores y principios tales como el respeto a las personas y a los derechos humanos, la cultura del esfuerzo y la honestidad, la justicia, la integridad, la equidad, la cultura del trabajo y el ahorro, la superación de la persona a través de la educación, y la educación como camino para crecer y desarrollar una sociedad más equitativa, solidaria y democrática.

“Pero –contrastaba– hoy nos encontramos ante una sociedad en que, lamentablemente, se promueven y viven valores muy distintos a los anteriores: consideramos el éxito individual como única meta en la vida, queremos lograr nuestros objetivos a través del mínimo esfuerzo, tenemos los hábitos del dispendio y del consumismo, buscamos la riqueza como único fin, vemos la educación como vehícu lo para satisfacer exclusivamente necesidades personales, como lograr mayores ingresos monetarios.”

Y puntualizaba: “Nos hemos vuelto ciegos, sordos e indiferentes ante la pobreza, la injusticia, la falta de oportunidades, la desigualdad y el desempleo, y vemos todas estas anomalías como algo natural y normal en nuestra sociedad: nos hemos puesto un velo en los ojos”.

La autocrítica también pasó por las universidades, al señalar que los esfuerzos se centraron en “preparar a nuestros alumnos exclusivamente para que tengan una alta empleabilidad con fines monetarios y de éxito profesional, y muchas veces ni eso lo hacemos bien; pero lo más importante es que damos muy poca relevancia a nuestra misión de formar verdaderos ciudadanos que asuman su responsabilidad social y política para cambiar este país”.

Para concluir: “En otras palabras, la inseguridad que padecemos es el resultado de que hemos degradado nuestros valores y principios, y hemos aceptado esta degradación como algo natural”.

Se puede coincidir o no con su diagnóstico, pero lo cierto es que la inseguridad que asuela a la ciudad se gestó en transformaciones que iniciaron desde hace varias décadas. A finales de los años sesenta y principios de los setenta, Monterrey –como muchas ciudades en el mundo– vivió las turbulencias marcadas por las protestas estudiantiles que exigían cambios drásticos (la autonomía de la universidad estatal y los incidentes en el Tecnológico de Monterrey) y por la insurgencia de la guerrilla urbana, que incluyó el intento de secuestro y homicidio del empresario Eugenio Garza Sada.

Pero el giro fue drástico en la década de los ochenta –coincidente con la llegada del neoliberalismo–, pues no sólo se sofocaron esos movimientos, sino que se impuso la homogeneidad en el pensamiento citadino: Las pocas voces discordantes presentes en los movimientos sindicales de Cristalería, Fundidora Monterrey, Gamesa y la Universidad Autónoma de Nuevo León, entre otros, o en algunas de las facultades de la misma casa de estudios, fueron silenciadas por muy diversas vías, incluso el cierre de algunos centros de trabajo, como fue el caso de Fundidora.

Los otrora orgullosos empresarios regiomontanos empezaron a recurrir a los favores gubernamentales (el préstamo de 12 mil millones de pesos de Banobras al grupo Alfa) para sobrevivir en la crisis económica, o a vender sus empresas a los grupos trasnacionales (la familia Santos vendió Gamesa, la galletera, al grupo Pepsico).

En paralelo, la ciudad empezó a modificar su mezcla de actividades productivas: tras haber sido predominantemente industrial, comenzó a albergar a los grandes corporativos financieros –los grupos empresariales regiomontanos adquirieron seis de los bancos privatizados en los años noventa– y los grandes edificios de oficinas iniciaron su proliferación para albergar a los ejecutivos de las nuevas empresas de servicios y comercio que se asentaban en la localidad.

La transformación llegó inclusive a los centros de esparcimiento. Hasta hace muy pocos años, Monterrey era reconocida como una urbe dedicada al trabajo; poco tiempo había allí para las diversiones, y hasta la primera mitad de la década de los ochenta escaseaban los lugares de esparcimiento. Hoy Nuevo León es la entidad mexicana con mayor cantidad de casinos y, según otra información divulgada en agosto del año pasado por El Norte, dicho crecimiento explosivo es muy similar al de los índices delictivos, pues si en 2004 había 10 casas de juegos, en 2007 ya eran 23 y en 2010 llegaron a 49. En números absolutos de casinos, el Distrito Federal le sigue con 42, y en términos de casinos per capita, Nuevo León ocupa el segundo lugar, únicamente superado por Baja California.

La inmigración, particularmente de los estados circunvecinos –Zacatecas y San Luis Potosí–, se incrementó para satisfacer la demanda de mano de obra de las empresas, que exhibían por doquier mantas y carteles que solicitaban operadores, despachadores, etcétera.

La inmigración también incluyó a las familias de los capos de la droga, que a mediados de los noventa empezaron a establecerse en la ciudad. Ellos huían de la violencia desatada por sus disputas en Sinaloa y Jalisco (el coche-bomba en el estacionamiento de un reputado hotel y el asesinato del cardenal Posadas Ocampo en el aeropuerto de Guadalajara fueron dos de los episodios), pero además buscaban que sus hijos accedieran a buenos colegios y universidades. Particularmente los comercios regiomontanos se beneficiaron con su llegada, pues la derrama económica en la compra de bienes y servicios de inmediato se sintió. Quizá por ello la ciudad no padeció tan drásticamente la crisis del 95.

También aparecieron los primeros síntomas de la presencia de los capos: el 26 de febrero de 1995 detuvieron a Francisco Payán Quintero, tío de Rafael Caro Quintero, y el 14 de enero de 1996, a Juan García Ábrego, en una finca ubicada en el municipio conurbado de Juárez. Algunas balaceras sacudieron la apacible vida regiomontana, como la sucedida a mediados de 2000, cuando 10 sicarios irrumpieron en el Palenque de la Expo Guadalupe, en busca de los delatores de Gilberto García Mena, El June. Parecían hechos aislados y todavía controlados; los gobernantes los minimizaban.

Los empresarios regiomontanos, que tradicionalmente influían en las decisiones políticas a través del ejercicio de su poder económico, también decidieron incursionar activamente en la vida política estatal y nacional: primero ocuparon curules legislativas (como ejemplos: Alberto Santos y Benjamín Clariond, por el PRI, y Fernando Canales y Antonio Elosúa, por el PAN) y, posteriormente, puestos ejecutivos: Benjamín Clariond gobernó el estado de 1995 a 1997, y lo sucedió su primo Fernando Canales Clariond, de 1997 a 2003.

Y la desigualdad económica –esa que el entonces joven académico Jesús Puente Leyva mostró a través de un estudio realizado desde el Centro de Investigaciones Económicas de la Facultad de Economía de la UANL a principios de los setenta y que le costó su destierro de la ciudad– se ensanchó: conforme se enriquecían unos cuantos, otros muchos empobrecían; la ciudad mostraba dichos contrastes y nada o muy poco se hacía para enfrentar esas deficiencias estructurales.

Las primeras manifestaciones de los riesgos que tal fenómeno implicaba se materializaron en 2008, cuando encapuchados, contratados explícitamente para ello, bloquearon algunas de las principales avenidas de la ciudad y trastocaron el tráfico; hoy muchos jóvenes provenientes de esos barrios marginados manejan lujosas camionetas robadas y portan armas de grueso calibre.

Junto a estos cambios se mantuvieron algunas constantes: la corrupción e ineficacia policiacas y la impunidad que ha caracterizado al régimen mexicano.

Tal mezcla era letal y se conjugó con importantes modificaciones de los contex tos nacional e internacional: el cambio de estrategia de combate al narcotráfico en México, que condujo a la pulverización y enfrentamiento de los cárteles mexicanos –sobre todo del cártel del Golfo y Los Zetas, su otrora brazo armado, que aunque surgió en Tamaulipas, ya incluyó a Monterrey–; el cierre de las rutas marítimas de ingreso de droga a Estados Unidos, lo que desplazó su trasiego a los estados fronterizos mexicanos (no es ninguna casualidad que los seis estados mexicanos que conforman la frontera norte sean los que mayores índices de criminalidad presentan); y, desde luego, el empoderamiento de los cárteles mexicanos en la escena internacional.

En todo esto (y seguramente en algunos otros aspectos que escapan a este recuento) hay que hurgar para tratar de entender por qué Monterrey, otrora ciudad segura y apacible, es hoy un polvorín del que huyen los estudiantes nacionales y al que los ejecutivos extranjeros no quieren acudir.

LA HERMANA INCÓMODA DE CALDERÓN

Álvaro Delgado

MÉXICO, D.F., 17 de enero (apro).- En la placenta del gobierno de su hermano Felipe, que es nutriente de abundantes recursos --como las decenas de militares armados al servicio de su campaña--, se incuba el embrión de la candidatura de Luisa María Calderón a gobernadora de Michoacán, quien juró no participar en política en este sexenio para no ser la “hermana incómoda” que ya es.

Desde que regresó de Europa, en 2008, Luisa María Calderón, alias Cocoa, se hizo nombrar responsable de elecciones del Partido Acción Nacional (PAN) en Michoacán, para usarlo de plataforma de su candidatura a gobernadora, y como una virreina dispone desde entonces de todos los recursos federales, incluidos los funcionarios federales en calidad de sirvientes, para conseguirla.

Y hay que tener memoria: El 7 de diciembre de 2006, en una conferencia que impartió en Veracruz tras inaugurar las oficinas municipales del PAN en Xalapa, y que representó su último acto público antes de irse de “hippie” a España, hizo público su compromiso y el de su familia de no participar en política durante todo el sexenio para no ser tildados de “hermanos incómodos” por traficar con el poder presidencial.

“El presidente es uno solo y acordamos que estaríamos fuera del espacio político y público”, declaró Cocoa, y reveló que los hermanos Calderón Hinojosa hicieron ese pacto desde 2003, cuando Felipe decidió buscar la candidatura presidencial, en el contexto del escándalo de los hijos de Marta Sahagún, la mujer de Vicente Fox.

“El hoy presidente --añadió-- estaba pensando y trabajando en su proyecto como precandidato. Platicamos de este daño que estaba pasándole al presidente (Fox) y de que el Poder Ejecutivo es de una sola persona, y entonces acordamos los hermanos que estaríamos fuera del espacio político y público”.
Pero la incongruencia no es sólo de ella, sino del propio Felipe Calderón, quien no únicamente solapa el activismo de su hermana --que de suyo es tan repugnante como el propósito del gobernador con licencia Humberto Moreira, presidente electo priista, de dejar en la gubernatura de Coahuila a su hermano Rubén--, sino que se diseña desde el gobierno la estrategia para entronizarla.

Y no es sólo incongruencia, sino cinismo, porque a Felipe Calderón le parecía “muy sucio” el nepotismo en el sexenio de Fox por alentar las ambiciones presidenciales de Marta Sahagún y encubrir los negocios de los hijos de ésta, tal como está ocurriendo ahora con el propio clan michoacano.

En la edición 1702, correspondiente a noviembre de 2006, el semanario Zeta de Tijuana publicó una entrevista con Luisa María en la que citó a su hermano sobre el pacto entre hermanos de 2003:

“Estábamos delineando el camino a la presidencia y estaba en su auge el tema de Martha, porque ella quería ser presidenta. Entonces Felipe dijo: ‘Oigan, está como muy sucio el tema del nepotismo, a mí me gustaría que estuviéramos claros que si voy yo, ustedes no van a ningún lado.”

Dos meses antes, el 24 de septiembre de 2006, en el diario Reforma, Cocoa dio más detalles de ese pacto mediante el cual los hermanos Calderón decidieron apartarse de la esfera pública durante el sexenio. “Si yo voy a la presidencia, ¿tú qué onda?”, le preguntó Felipe a Luisa María, quien le respondió: “Si tú vas a la Presidencia, yo estoy fuera”.

A su vez, Juan Luis Calderón, otro hermano de Felipe dedicado a la política, declaró: “En términos personales estaremos ocupándonos, primero, de no influir de ninguna manera, de no tener nunca el mote de hermanos incómodos.”

Juan Luis, en efecto, ha sido muy discreto en su participación en la política y se ha dedicado sobre todo a los negocios --negocios, no tonterías, en materia de obras hidráulicas--, pero Luisa María está encaprichada en ser gobernadora de Michoacán, con la complicidad plena de su hermano desde Los Pinos.

Hay quienes dicen que los Calderón, ante el repudio de la candidatura de Cocoa, recapacitarán, que puede caber pudor. No, están encaprichados.

Por eso la “cabeza” ideada por los editores del semanario Proceso para el reportaje sobre este asunto, en el que el senador panista Marko Cortés censura la incongruencia de la familia Calderón, es precisa: “Cocoa, el otro michoacanazo”.

Pero, igual que el embate contra autoridades del estado, se perfila el fracaso. Porque, salvo la presidencia del PAN, Felipe Calderón nunca ha ganado nada...

Apuntes

Sólo la arrogancia y la estupidez pueden atribuir a la campaña “No más sangre” la censura al gobierno a combatir a los criminales, como es su obligación. No, sólo se le exige que lo haga de manera eficaz y sin incurrir en el asesinato de inocentes, incluidos niños, como justifican voces como las del porro Javier Lozano, el expriista que ahora habla de “mover almas”… Del mismo talante es su amiga Mariana Gómez del Campo, que agrede con telefonemas a deshoras en domicilios particulares para anunciar su informe de labores en su infecunda gestión como diputada local, igual como lo hizo en su campaña César Nava, el corrupto expresidentes del PAN... Joaquín El Chapo Guzmán festeja una década de haberse fugado del penal de Puente Grande y ser el capo del panismo...

Comentarios: delgado@proceso.com.mx

lunes, 17 de enero de 2011

MOREIRA, O LA BRAVUCONERÍA PRIISTA





























Miguel Ángel Granados Chapa

MÉXICO, D.F., 17 de enero.- Faltan casi dos meses para que la reemplace formalmente pero ya Humberto Moreira ha eclipsado a Beatriz Paredes. A diferencia de la tenacidad de la exgobernadora tlaxcalteca, que se afanó en dos ocasiones por llegar a la presidencia del PRI, Moreira recorrió un camino tan allanado que se le hace tarde para figurar a la cabeza de su partido, y por lo menos para fines escenográficos es ya el líder priista, mientras que la titular del cargo ha tenido que hacer mutis.

Se percibe ya, por esa anticipación, una mudanza en el estilo de dirección del partido. Beatriz Paredes no era precisamente silenciosa y cuando había que expresarse con rotundidad y aun dureza sobre el gobierno o el propio presidente Calderón, no vacilaba en hacerlo. Pero educada en la vieja política sabía contenerse, moderarse, quizá más de la cuenta en algunos momentos. En contraste, Moreira está imponiendo una locuacidad impregnada de bravuconería, ese estilo de habla populachera que confunde la sencillez y el lenguaje claro con la chabacanería y la insolencia. Se parece tanto en eso a Vicente Fox, que ha reproducido su anuncio sobre el exterminio de las tepocatas y las víboras prietas: filosofía política del más alambicado estilo, la más elevada alcurnia, la más profunda raíz.

Cada quien su habla, y cada partido su dirigente. Pero es de preguntarse si el estilo provocador de Moreira, al que los secretarios de estado carentes de obra que realizar contestan como si entablaran un debate y no protagonizaran simplemente una reyerta tabernaria, es el que conviene al partido que gobernó a México desde la Presidencia de la República durante siete décadas cuando está en aparente posibilidad de retornar a Los Pinos. Los ciudadanos que ven ese regreso como algo inexorable esperan, supongo, que vuelva al Poder Ejecutivo federal no el PRI de antaño, sino un nuevo partido, capaz de organizar el esfuerzo colectivo en un ambiente de competitividad electoral y legislativa, al que no estuvo acostumbrado durante esos setenta años.

Me inclino a pensar que no. Moreira representa el PRI autoritario del pasado, el habituado a imponer decisiones, el que no rendía cuentas porque no era permitido que nadie las demandara. No ha hecho más que política de campanario y ahora estará situado en un mirador más alto, desde el que contemplará horizontes más dilatados y en cuyo entorno deberá sostener diálogo con dirigentes de partidos no tan poderosos como el PRI de antaño o el de hoy (20 gubernaturas y la mayoría en la Cámara de Diputados, así como miles de ayuntamientos) pero no tan débiles como ayer.

El PRI requería un dirigente capaz de ejercer la fuerza que ha mantenido o recobrado pero con apego a reglas democráticas modernas. Un político que combinara capacidades para el pensamiento y para la acción. De lo contrario, se convertirá en un lastre de los empeños necesarios para el cambio o en un aval del conservadurismo partidario que niega la necesidad del cambio porque así como está el partido le va muy bien.

Pero quizá Moreira es ya el presidente del PRI, con sus bártulos localistas precisamente porque el grupo de poder que notoriamente maneja al partido lo necesita así, en apariencia autónomo pero en el fondo manejable, susceptible de ir de un lado a otro según convenga a los poderosos que, a falta de un presidente priista (por lo menos de aquí a diciembre de 2012), está tomando las decisiones en ese partido.

Según las apariencias, un día Moreira amaneció con la idea de ser presidente del PRI. Era un objetivo peregrino tomando en cuenta que la designación de la dirección nacional estaba ya resuelta, y que correspondería a Emilio Gamboa suceder a Paredes. Para ello se le había hecho volver de su breve ausencia, que no exilio, y detenerse en una estación de paso, la Confederación Nacional de Organizaciones Populares, esa CNOP que fue pilar del PRI junto con los sectores campesino y obrero. Como si ignorara ese designio, o le hubieran brotado aptitudes para desafiarlo, Moreira se presentó en el centro del escenario y se proclamó precandidato a la presidencia priista. Como por ensalmo, como antaño, cuando existía un poder que imponía la disciplina sin resquicios, todo el mundo se inclinó ante el propósito de Moreira. Nadie tomó a chunga su ocurrencia, nadie osó compararlo con Everardo Moreno, que pretendió contender con Roberto Madrazo por la candidatura presidencial una vez que el tabasqueño destrozó las aspiraciones de Arturo Montiel.

Sin oposición, sin siquiera extrañeza o curiosidad por la fuente de sus pretensiones, Moreira cubrió los trámites legales. Se inscribió junto con Cristina Díaz, diputada de Nuevo León; recibieron ambos su constancia de candidatos únicos y en unas horas se convirtieron en presidente y secretaria general electos. Él no ha esperado a quitarse el adjetivo y ejerce ya funciones, y está arreglando su entorno personal conforme a sus propósitos.

Tras pedir licencia para separarse del gobierno de Coahuila, hizo que la dócil legislatura que lo obedece sin chistar nombrara al valido que él designó como gobernador sustituto. Jorge Torres ocupa ese lugar, después de haber sido secretario de Finanzas y de Desarrollo Social del ahora líder nacional del PRI. No sólo cubrirá las espaldas de su antecesor, sino que contribuirá a que otro designio de Moreira se convierta en realidad como por arte de magia: que su hermano Rubén sea elegido en julio próximo gobernador constitucional. En una suerte de reelección, la historia coahuilense registrará 12 años de gobernantes del mismo apellido, de la misma índole, de la misma familia.

¿Cómo explicar esta facilidad de Moreira para sacar avante proyectos en apariencia extravagantes, por lo menos insólitos? Quizá la clave está en su amistad, o sometimiento, a dos personajes clave en la política priista de este momento. Una es Elba Esther Gordillo. No me equivoco al situarla dentro de la política priista. A pesar de su expulsión de ese partido, la lideresa magisterial es pieza infaltable en multitud de combinaciones del tricolor, a pesar de que con su partido, el Panal, juega a veces en contra de algunos intereses particulares priístas. Moreira es un delegado predilecto de la maestra, que le ha permitido ejercer otro rasgo de favoritismo apto para la construcción de un clan familiar dominante: Carlos Moreira, hermano menor de los gobernadores pretérito y futuro, ha sido, insólita y sucesivamente, líder de las dos secciones del sindicato magisterial en Coahuila.

La otra piedra miliar sobre la que descansa la súbita proyección nacional de Moreira es el grupo que ha elegido a Peña Nieto como próximo presidente de la República. Un vigoroso núcleo de poder que busca combinar las atildadas formas de su candidato presidencial con la bravuconería rústica del líder partidario. A éste habría que llamarlo Beto el regañón, en recuerdo de otro norteño, ese presente en la radio de los años cincuenta. El actor Vidal Alcocer, en su papel de Pepe el regañón, empleaba como rúbrica de su programa de consejos, precursor de las fórmulas de autoayuda, una excusa falsa: Yo no critico, yo digo y nada más.


ADHESIÓN DE FRAY RAÚL VERA LÓPEZ, O.P.

,
A LAS EXIGENCIAS DE LAS Y LOS DEFENSORES DE LOS DERECHOS HUMANOS EN CHIHUAHUA,
AL MES DEL FEMINICIDIO DE MARISELA ESCOBEDO

CHIHUAHUA, CHIH. 16 DE ENERO DE 2011

De los 30 mil asesinatos de esta guerra impuesta, la tercera parte de las muertes se dieron en el estado de Chihuahua. DEL TOTAL DE MUERTES EN EL 2010, CASI LA MITAD ACAHECIERON EN ESTE ESTADO ( 5212 ).


ASUMO la exigencia de ustedes para que se ponga ALTO A LA MASACRE propiciada por la corrupción en los tres niveles de Gobierno: federal, estatal y municipal. Cuando dicen que “se están matando entre ellos”, esos muertos son producto de la corrupción que dejaron crecer y de la que son cómplices.

El acceso a la Justicia para las Mujeres víctimas de violencia está negado. En el 2010, hubo 442 asesinatos de mujeres en el estado de Chihuahua –sólo en Ciudad Juárez fueron 306- todos ellos producto de la impunidad en la que desde hace más de una década se mantienen los feminicidios. Por esta misma razón dio la vida Marisela Escobedo, POR EXIGIR JUSTICIA para su hija Rubí.


En estos días asesinaron a la activista Susana Chávez, porque para el Estado Mexicano las mujeres SON DESECHABLES, y a los asesinos de ellas los cobija LA IMPUNIDAD. Esta situación perpetúa las violaciones a sus Derechos Humanos: la violencia familiar, las desapariciones de niñas y mujeres víctimas del delito de TRATA que nadie investiga. (Esta misma impunidad prevalece ante las desapariciones de varones, en su mayoría jóvenes, sin que los familiares tengan respuesta de parte de autoridad alguna).


ME SUMO
a su exigencia de ALTO A LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES y que se establezca la ALERTA DE GÉNERO.
TAMBIÉN ME SUMO a su exigencia para que se frenen las violaciones a los derechos humanos por parte de los cuerpos policiacos y del Ejército Mexicano, con las desapariciones forzadas y el uso de la tortura como método para extraer información o arrancar confesiones. Que se ponga un hasta aquí a la impunidad en que se mantienen todas estas violaciones. Con ustedes me uno a la petición de NO AL FUERO MILITAR. Son los niños y las niñas, los y las jóvenes y las mujeres, las personas más vulnerables en esta guerra atroz e inútil.

Las mujeres son quienes llegan a las morgues a buscar a sus hijos e hijas, a sus esposos y hermanos. Ellas son testigos de cómo son torturados. Ellas son, al lado de sus hijos e hijas, huérfanos y huérfanas, quienes forman el caudal de centenares de viudas en Chihuahua y el resto del país.


CON USTEDES RECHAZO las MASACRES EN CREEL Y EN CIUDAD JUÁREZ, con los signos de limpieza social, realizada por medio de grupos paramilitares con la complacencia del estado. Y me uno a su solicitud de QUE SE IMPLEMENTE EN EL ESTADO DE CHIHUAHUA UN PROGRAMA ANTE LA EMERGENCIA HUMANITARIA, CON LA PARTICIPACION DE LA SOCIEDAD.

RECHAZO, JUNTO CON USTEDES que, ante la protesta social, la respuesta sea la criminalización de los luchadores y las luchadoras sociales, la represión, el hostigamiento, las amenazas y las campañas de desprestigio, argumentando que “ lucran con el dolor humano” .

CON USTEDES EXIJO protección y garantía para el ejercicio de la misión de las defensoras y los defensoras de los Derechos Humanos que trabajan en la restructuración social, por el camino de restablecimiento de la justicia, que nos conduce a la paz.

ME UNO A SU GRITO DE JUSTICIA PARA QUE EN ESTE ESTADO DE CHIHUAHUA Y EN TODO EL PAIS, GOCEMOS LOS MEXICANOS DEL DERECHO LA INTEGRIDAD DE LA VIDA, A LA SEGURIDAD, A LA LIBERTAD DE TRÁNSITO, Y POR ENCIMA DE TODO, AL RESPETO A NUESTRA DIGNIDAD.

FRAY RAÚL VERA LÓPEZ, O.P.

OBISPO DE SALTILLO

jueves, 13 de enero de 2011

MÉXICO: LA GUERRA DE CALDERÓN HA ASESINADO A 40 MIL PERSONAS, ¿SI EN 2010 HUBO 16 MIL, LLEGARÁN A 100 MIL EN 1012?

Pedro Echeverría V.

1. “Para qué preocuparse por los 40 mil muertos –dice en voz baja la clase dominante- si en México tenemos alrededor de 100 millones de pobres, que muchos ni estudian ni trabajan, que sólo desestabilizan a nuestro país y lo desprestigian ante el mundo. La muerte de 100 mil o 200 mil, es nada. Ya somos muchos, ya no cabemos; el gobierno de Calderón debe abrir de par en par las puertas de nuestro país al ejército de EEUU para que sus soldados nos enseñen cómo se gobierna y cómo se acaba con la delincuencia. Nosotros pusimos en el gobierno a Calderón, lo hemos apoyado, pero nos disgusta su tibieza al no querer decirle guerra a la guerra ni se decida a llevarla hasta acabar con los delincuentes que tanto nos aterrorizan. Y preguntamos: ¿No somos acaso los empresarios, los dueños de las fábricas, de los bancos, de todas las empresas los que hemos creado los empleos, los que hacemos posible que todo México tenga qué comer?”

2. Al decir la derecha que “ya somos muchos, ya no cabemos”, me recuerda a aquel economista de finales del XVIII, Malthus, que en su Ensayo planteaba que en la medida que se multiplicaba la población se hacían insuficientes los productos alimenticios y no alcanzarían la gran demanda. Por eso planteaba el teórico que había que crear más tierras productivas para garantizar que la población tuviera que comer o por el contrario había que evitar que siguiera creciendo. Malthus no pensó en eliminar a las gentes con las guerras pero las conclusiones de sus teorías sobre la población llevaban a pensar en ello. ¿Por qué atribuir al Darwin, en su teoría sobre la selección de las especies que también se parece a la de los burgueses modernos? Él tampoco sostuvo que “ya somos muchos o que ya no cabemos”, sino que entre los animales sólo viven los que mejor se adaptan y los que no, quedan eliminados. Los guerreristas de hoy piensan distinto.

3. “México era antes una patria ordenada y generosa –conversan dirigentes destacados del PAN y del PRI más derechizado- porque los indios y los campesinos estaban en sus pueblos y nosotros en las ciudades más civilizadas. Gobernaba el PRI del “nacionalismo revolucionario” que no queremos recordar, sin embargo hasta 1970 se podía vivir bien en las ciudades porque a los indios y a los campesinos se les mantenía en sus pueblos con subsidios y un poco de trabajo; pero a partir de ese sexenio –según vemos en los censos- las ciudades fueron invadidas por los buscatrabajo que las hicieron cada vez más imposibles de vivirlas. Hoy las ciudades son un infierno infestado de droga, secuestros, desempleo, delincuencia, que ya nuestras familias no pueden soportar. Por eso el gobierno de Calderón se ha visto obligado en mantener al ejército en las calles y se busca que su sucesor continúe con esta política. No se ve otra salida”.

4. “Ha sido tan grande la delincuencia en los últimos 15 años que ya no podemos ir al cine, al teatro, a las conferencias y demás eventos culturales, se escucha en algunos cafés de “intelectuales” en la ciudad de México. ¿Estaremos condenados a encerrarnos en nuestras casas y sólo comunicarnos por teléfono? Ya incluso los mismos teléfonos están intervenidos por la policía y, como ésta es cómplice de los narcotraficantes, estamos condenados a aislarnos. También a “los creadores” no están obligando a rodearnos de “guaruras”, es decir, escoltas. ¿Cuándo se había visto algo así en México? Quizá la única salida se encuentre en la legalización de la droga, o en la firma de acuerdos entre las partes con el fin de frenar tanto asesinato que está desprestigiando más al país en el extranjero. ¿Si esto sucede con la cultura, qué tipo de país se está apuntando para el futuro? ¿Será la cultura de los de abajo, la de los sótanos?”

5. Entre tanto preguntamos en algunos mercados públicos a venteros de verduras, frutas y dulces, así como a compradores, si sabían quienes son el Chapo Guzmán, Peña Nieto y el presidente de la República, recibiendo sólo del uno por ciento en respuesta acertada. Preguntamos si sabía cuántos miles de muertos se habían registrado en el país en la guerra contra la delincuencia y si había oído hablar de secuestros; la respuesta fue similar. La realidad es que alrededor del la mitad de la población no tiene interés en saber nada de “política” y cuando ve los medios de información sólo se entera de los deportes, de sexo, de sucesos de policía y un poco de artistas. En Yucatán hay un diario especializado en estos temas que vende más o por lo menos igual –según mis investigaciones- que todos los otros periódicos juntos. Así que basta con ello para catalogar el tipo de información impresa que gusta a la gente. Pero Televisa sigue en primer lugar.

6. Sin embargo, aunque las gentes de izquierda nos consideremos críticos, pensemos que tenemos la razón y queramos transformar de raíz las cosas, Calderón –con el absoluto apoyo de los medios de información- es aplaudido por empresarios, clase política, intelectuales y amas de casa. Por eso acaba de repetir: “el ejército seguirá en las calles hasta el fin de mi gobierno”; sólo le faltó decir: La colaboración militar y el apoyo económico de los EEUU continuará siendo aceptado y podrá incrementarse lo más que quieran, hasta el fin de mi gobierno. Por cierto ha sido silenciado la llamada “Familia Michoacana” y el grupo –al parecer inexistente”- de “los misteriosos” secuestradores del delincuente Diego. ¿O es que de verdad fue un autosecuestro teatral? Pareciera que los 16 mil muertos sólo en 2010 y la promesa de Calderón de continuar con esta misma política de muertes en los siguientes dos años vale un carajo. ¿O no?

7. ¿Por qué Calderón no quiere hablar de guerra cuando es una guerra que ha producido casi 40 mil muertes? ¿Quiere esconder acaso que él, el ejército y la policía no están en guerra para decir que ellos lo único que han hecho es perseguir a “la delincuencia organizada” cumpliendo la ley? Lo que sea; Calderón no podrá esconder su desgobierno porque en todo el país surgen descontentos y protestas que, si tuvieran organización, hace mucho que lo hubieran obligado a renunciar y a ponerlo en la cárcel. 40 mil muertos, 16 mil sólo en 2010 es mucha gente, equivalen a los muertos de una guerra entre naciones o los que son muertos en una gran revolución. Pero la mayoría de los mexicanos parece ni siquiera enterarse. Los grandes medios de información esconden lo que se puede y deforman a su favor las noticias que dan a conocer. La guerra no ha terminado a pesar de los EEUU están interviniendo con el apoyo de la clase política.

http://pedroecheverriav.wordpress.com

LOS CAMINOS DEL VIENTO

Eduardo Galeano
(Palabras de agradecimiento, al recibir el Premio Stig Dagerman, en Suecia, el 12 de septiembre, 2010)

Querido Stig:

Ojalá seamos dignos de tu desesperada esperanza.

Ojalá podamos tener el coraje de estar solos y la valentía de arriesgarnos a estar juntos, porque de nada sirve un diente fuera de la boca, ni un dedo fuera de la mano.

Ojalá podamos ser desobedientes, cada vez que recibimos órdenes que humillan nuestra conciencia o violan nuestro sentido común.

Ojalá podamos merecer que nos llamen locos, como han sido llamadas locas las Madres de Plaza de Mayo, por cometer la locura de negarnos a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria.

Ojalá podamos ser tan porfiados para seguir creyendo, contra toda evidencia, que la condición humana vale la pena, porque hemos sido mal hechos, pero no estamos terminados.

Ojalá podamos ser capaces de seguir caminando los caminos del viento, a pesar de las caídas y las traiciones y las derrotas, porque la historia continúa, más allá de nosotros, y cuando ella dice adiós, está diciendo: hasta luego.

Ojalá podamos mantener viva la certeza de que es posible ser compatriota y contemporáneo de todo aquel que viva animado por la voluntad de justicia y la voluntad de belleza, nazca donde nazca y viva cuando viva, porque no tienen fronteras los mapas del alma ni del tiempo.

¡BASTA DE SANGRE!

José Gil Olmos
PROCESO
MÉXICO, D.F., 12 de enero (apro).- Apenas iniciado el año, durante la primera semana de 2011 había ya 57 muertos vinculados con el crimen organizado.

En diez años, el país ha sufrido su peor crisis de violencia, con más de mil enfrentamientos (uno diario), cerca de 40 mil muertos (9 mil con Vicente Fox y el resto con Felipe Calderón), 62 periodistas asesinados y 11 desaparecidos.

Ello sin contar que la Comisión Nacional de Derechos Humanos tiene registradas 5 mil 397 personas desaparecidas en sólo siete estados, más de 8 mil muertos sin identificar, más de 10 mil huérfanos y 3 mil 326 menores que han perdido la vida en la llamada guerra contra el crimen organizado.

La cuota de sangre que el país ha pagado sin deberla ha sido muy alta. De acuerdo con estimaciones de historiadores, en esta última década la guerra contra el narcotráfico ha costado más vidas que en las guerras de Independencia, de la Reforma y la invasión de Estados Unidos en 1847.

Los efectos sociales del desangramiento aún están por verse en el tiempo, porque si aún no cierra la herida social de la matanza de Tlatelolco en 1968, la de Aguas Blancas en 1996 y la de Acteal en 1997, la provocada por los miles de inocentes que han muerto en esta guerra contra el narcotráfico tardará mucho más, dejando secuelas en la sociedad mexicana.

Durante estos años ha habido expresiones de inconformidad social, entre ellas un par de marchas en las que miles de personas exigieron al gobierno federal mayor seguridad. Sin embargo, en ninguna de ellas se expresó el grito de inconformidad y de demanda para detener las matanzas que hoy vivimos, y la violencia cotidiana que se expande imparable por todo el país.

A diferencia de otros países como Italia y Colombia, donde la sociedad no sólo ha demandado parar la violencia, sino que participa en la lucha contra el crimen organizado, en México los ciudadanos hemos sido incapaces de expresar nuestra molestia, nuestro enojo y nuestro rechazo a las políticas oficiales en las calles, en las plazas o en los lugares públicos.

La desmovilización social de los últimos años, quizá desde 1994, cuando miles salieron a la calle a detener la guerra en Chiapas, ha sido un grave problema, porque la política gubernamental se ha instrumentado de manera impune sin que haya una oposición de ningún grupo.

Así hemos visto pasar ante nuestros ojos la aplicación de políticas públicas que lastiman nuestros salarios, decisiones de cierre de empresas sociales que por años prestaron servicios invaluables, acciones que merman nuestra economía y nuestros derechos más sagrados como la justicia, el bienestar y la libertad de expresión. Muchas cosas que nos conciernen han sido impuestas sin que digamos algo.

La sociedad civil mexicana se ha pulverizado y atomizado con el paso de los años, y las organizaciones de derechos humanos que sobreviven son atacadas por autoridades, políticos, gobernantes y ahora por el crimen organizado, situándolas en una situación tan precaria que organismos internacionales como la ONU ha solicitado al gobierno federal medidas de protección.

Frente a tal desamparo es necesario reaccionar, dejar de ver como algo cotidiano que mueran decenas de personas en las múltiples batallas que hay en el país, o que haya bombazos y ejecuciones producto de decapitaciones, mutilaciones o personas quemadas en ácido.

Hay que dejar de tomar como natural la impunidad y la incapacidad de quienes están a cargo de las instituciones de justicia y de seguridad pública. Debemos rechazar como una verdad absoluta lo que nos dicen los conductores de las televisoras que están al servicio de sus propios intereses o de los intereses de unos cuantos.

Y al mismo tiempo actuar porque tal vez hoy, más que nunca, necesitamos expresar nuestro sentir frente a esta guerra que no tiene sentido, ante esta violencia que está generando más violencia y muertes. Exigir, pues, de manera organizada, que los gobiernos federal, estatales y municipales asuman sus funciones y no las dejen en manos del crimen organizado, que tiene en su poder tres cuartas partes de los municipios de todo el país.

Pero para ello primero hay que vencer el miedo, la apatía y recuperar la capacidad de asombro, además de transformar la inconformidad en acciones sociales organizadas.

La iniciativa de un buen grupo de moneros, cartonistas políticos de diversos medios, en el sentido de convocar a la gente, a otros medios y a las organizaciones sociales a sumarse a la protesta denominada “¡Basta de Sangre!” o “No + sangre” puede ser el primer paso que necesitamos para empezar a caminar el camino de la acción ciudadana, de recuperar los espacios perdidos en esta guerra y de mostrar que es en la sociedad organizada donde puede haber una esperanza de un cambio y un mejor futuro.

miércoles, 12 de enero de 2011

AMLO EN COAHUILA



Si pretende Moreira dejar a su hermano en el gobierno de Coahuila sería una muestra más de la inmoralidad que hay en la sociedad política: AMLO

Torreón, Coahuila
Miércoles 12 de enero de 2011



* No vivimos en una monarquía, Juárez luchó por una República, los cargos no son hereditarios”, expone Andrés Manuel López Obrador

* Apoya la decisión de Jesús González Shmall de ser candidato del PRD, PT y Convergencia al gobierno de Coahuila


El presidente legítimo de México, Andrés Manuel López Obrador, denuncia que la pretensión del actual presidente electo del PRI, Humberto Moreira Valdés, de dejar a su hermano como gobernador de Coahuila es “una muestra más de la inmoralidad que hay en la llamada sociedad política” del país.

Durante un mitin de apoyo a coahuilense Jesús González Shmall para que sea el candidato del PRD, PT y Convergencia para participar en las elecciones gubernamentales en el estado, López Obrador aclaró que los mexicanos “no vivimos en una monarquía” para que Moreira Valdés tome la decisión de dejar a su hermano al frente de la administración estatal.

“Nunca se había visto en la historia del país que un gobernador quiera dejar a su hermano en su cargo, no vivimos en una monarquía, Juárez luchó por una República, los cargos no son hereditarios”, expuso en la Plaza de Armas de la entidad.

Desde la tierra de Francisco I. Madero, quien luchó en contra de la reelección y en contra del abuso del poder, el presidente legítimo de los mexicanos calificó como un insulto la intensión de Moreira Valdés de imponer a su pariente en el gobierno de Coahuila.

Mencionó que la llamada clase política de Coahuila se roba el presupuesto, que es dinero de todo el pueblo, para comprar lealtades, para comprar conciencias, y a los medios de comunicación los tienen apergollados y los utilizan para quemarles incienso a la familia Moreira.

Ahora quien está como presidente electo del PRI “fue un gobernador mediocre y ladrón”, sostuvo al recordar que hace poco dio una entrevista donde dijo que era el colmo que saliera un Moreira de gobernador y que entrara otro, eso dejaba muy mal parado al pueblo de Coahuila y que los coahuilenses no permitirán ese agravio.

Detalló que el gobierno del estado amenazó al periódico para que bajará del Internet la entrevista, sino que se atuviera a las consecuencias y eso es un ejemplo más de quienes son la familia Moreira, que sus integrantes son “unos corruptos y autoritarios”.

Al lanzar a los asistentes una pregunta qué si estaban a favor de la familia Moreira, la gente en una sola voz gritó: ¡no!.

Llamó al pueblo de Coahuila a no votar ni por el PRI ni por el PAN en las próximas elecciones estatales, porque son dos partidos iguales que han afectado y llevaron a la ruina al pueblo de México.

Y por ello, recalcó, “nosotros no queremos ninguna alianza ni con el PRI ni con el PAN, porque es lo mismo Vicente Fox que Salinas de Gortari, es lo mismo Felipe Calderón que Enrique Peña Nieto, es lo mismo Moreira que Elba Esther Gordillo”.

Acompañado por el coahuilense Jesús González Shmall, el presidente legítimo pidió al pueblo de Coahuila a buscar un camino nuevo, que haya un cambio en lo político y haya autoridades y dirigentes que realmente defiendan al pueblo, a la gente más pobre y humilde.

Presentó a González Shmall como la propuesta del Movimiento Regeneración Nacional(MORENA) para que sea el abanderado del PRD, PT y Convergencia en las elecciones del estado.

“Jesús González Shmall ofrece dos cosas: un profundo y sincero amor al pueblo, porque los demás abrazan al pueblo solo cuando hay elecciones; y el segundo punto que ofrece es que es un hombre honesto y un hombre de fe, es una opción distinta”, puntualizó.

López Obrador se comprometió a regresar a otros municipios de la entidad para apoyar a González Shmall.

Al conceder una entrevista a los reporteros Andrés Manuel López Obrador asentó que ni en Coahuila ni en el estado de México ni en el país habrá una alianza del PRD, PT y Convergencia con el PAN.

Señaló que si Jesús González Shmall es el candidato de las fuerzas progresista y de la izquieda en la entidad, los coahuilenses tendrán un nuevo camino, una opción nueva y distinta.

Para mañana, López Obrador inicia la segunda semana de gira por municipios del estado de México: Teoloyucan,

lunes, 10 de enero de 2011

EL "LOOK" DE DIEGO

Javier Sicilia
MÉXICO, D.F, 10 de enero.- Hacia el final de su vida, Iván Illich definió nuestra época como “la era del show”. Nada, bajo la mirada de los medios, escapa a él y, en consecuencia, nada escapa al look. Show y look van de la mano en un mundo económico. Si quieres ser consumido, si quieres tener éxito, fabrícate una imagen y monta un espectáculo, sobre todo en televisión. No en vano este aparato, puesto en circulación por Estados Unidos durante la depresión económica de los años treinta, tenía y continúa teniendo la función de aumentar el consumo. La vida política, como alguna vez lo escribí (El fetiche político), se ha vuelto eso. De allí la proliferación en ese terreno de la industria de la imagen. Se trata –como en los table-dance, donde las mujeres, ataviadas con todo tipo de fetiches, manifiestan un poder fálico– de capturar la mirada, de excitar el interés y provocar el deseo.

Cada vez que se acerca el proceso electoral esta maquinaria se pone en marcha para exaltar el fetiche del poder. Allí está Peña Nieto, prototipo del look y del show político: la sonrisa afable y seductora, el traje impecable, el peinado exquisito, la palabra exacta –siempre una promesa– y la mirada lejana, dominadora que, al igual que las bailarinas del table-dance, no se posa sobre nada, como una afirmación encubierta de la castración del espectador al mismo tiempo que ofrenda amorosa del hombre que domina todo: una mirada vacía de Medusa que quiere seducir sin mirar a nadie y sin abrirse sobre nada, y que se exalta con su propia fascinación y con la seducción de su onanismo: el hombre perfecto cuya fuerza fálica, que ha conquistado a una estrella de TV, quiere mostrarse desprovista de terror y capaz de llenar el profundo hueco de nuestro deseo de completud, de nuestra profunda castración social.

Sin embargo, la reciente aparición de Diego Fernández de Cevallos –de la que todos nos alegramos: siempre hay que alegrarse de una vida salvada por más siniestra que sea y condenar en todos los sentidos el secuestro– ha impuesto en medio del desastre que vivimos un nuevo look político, acorde con la miseria de los tiempos y poblado de todas las suspicacias que un PAN en plena debacle y necesitado de una imagen puede provocar: Diego, el bronco, el atrabiliario, el violentador de las leyes para su provecho, secuestrado el viernes 14 de mayo por un grupo de izquierda radical, reaparece frente a los medios de comunicación unos días antes de Navidad y unas horas después de ser liberado.

Su look no ha cambiado; se ha dinamizado. El hombre que días antes de su secuestro parecía, con su barba recortada, un encomendero moderno, resurge repentinamente de entre las densas sombras del país como un profeta que, llevado contra su voluntad –como todo profeta– al desierto, se ha enfrentado con los demonios más terribles del país –cierta izquierda radical que, en el uso del secuestro, se acerca al crimen organizado– y ha vuelto, vencedor, para traer una buena nueva: “Sólo quiero decirles que me encuentro bien, gracias a Dios, y que estoy fuerte (…) Uno de los temas que será capital, y lo hablé con mis plagiarios (en las muchas y fuertes discusiones que dijo haber sostenido con ellos), está el compromiso con ellos de pensar y de luchar por grandes causas que reclama México, su pobreza, su injusticia y su impunidad. Creo que tenemos que hacer de México un país de leyes, de instituciones, no de secuestradores, de asesinos, de ningún nivel, ni de ricos ni de pobres (…) Como hombre de fe, ya perdoné; y como ciudadano creo que las autoridades tienen una tarea pendiente, pero sin abuso, sin atropello, sin flagelaciones” (Proceso 1782).

Sus palabras son conmovedoras –quien, atacado por el alzheimer social, olvidó al anterior Diego, sucumbe–, también su look, la barba larga de profeta pero –acorde con el show mediático que lo preserva del terror bíblico– bien peinada y con el cabello recortado, la mirada severa, dominante, una chamarra y unos pants luidos, zarrapastrosos –ropa que le dieron sus plagiarios y que recuerda el atuendo de piel de camello del precursor de Cristo–. No lleva báculo. Trae, en cambio, un signo moderno de la realeza que lo sostiene, un Mercedes. Todo en el “nuevo” Diego, trabajado por los poderes del Espíritu en el desierto aciago que rodea al país, respira una humilde grandeza. Los fetiches de su nuevo look nos hablan de una perfección moral acrisolada bajo siete meses de sufrimiento. Un hombre fuerte que ha cargado con los pecados de su pueblo y ha vuelto triunfante del mal.

Con su aparición, el show de la política ha tomado un nuevo giro. Hay que crear nuevos looks y nuevos espectáculos, un gigantesco trabajo de simulación fálica que permita levantar el deseo castrado del país. Contra el look hollywoodense de Peña Nieto, contra el de hombre de izquierda europeo de Ebrard, contra el juarista de AMLO, contra el de Mario Puzzo del crimen organizado, contra el indefinido de la izquierda radical, surge el del profeta hebreo trasplantado a tierras mexicas que, habiendo cargado el sufrimiento del pueblo, ha vuelto del desierto y sus demonios para señalarnos el camino; y tras ellos, una vez más, la puesta en escena de la castración y la inmadurez de nuestra sociedad.

Además opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, liberar a todos los zapatistas presos, derruir el Costco-CM del Casino de la Selva, esclarecer los crímenes de las asesinadas de Juárez, sacar a la Minera San Xavier del Cerro de San Pedro, liberar todos los presos de la APPO y hacerle juicio político a Ulises Ruiz.

NO MÁS SANGRE!

Álvaro Delgado

MÉXICO, D.F., 10 de enero (apro).- Después de cuatro años completos de haberla decretado, y luego de más de 30 mil muertos, se puede concluir que la “guerra” de Felipe Calderón que desangra a la República no fue motivada sólo por un cálculo político para lograr la legitimidad que le negó el voto y para ponerse el disfraz de valiente. Hay, también, un elemento patológico.

La indiferencia de los altos funcionarios del gobierno federal ante los miles de cadáveres que pueblan el territorio nacional y la inverosímil violencia que no deja de escalar indica que los posee algo más que una auténtica lucha contra la delincuencia o la entendible simpatía de la derecha por la mano dura. Es algo más identificado con una obsesión enfermiza, una demencia.

La estrategia oficial de anteponer las balas a la inteligencia, el belicismo al ataque a las finanzas y las acciones de propaganda a las complicidades gubernamental y privada, al más alto nivel, ha sido un fracaso total desde hace tiempo, cuya obstinación en mantenerla sólo ratifica el carácter enfermizo de quien la tramó.

El tamaño del fracaso es elocuente hasta en cifras y voces oficiales, como la del secretario ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, Juan Miguel Alcántara Soria, quien admitió que, sólo el año pasado, los homicidios dolosos aumentaron 12% y 7% los secuestros, pero además advirtió que los tres órdenes de gobierno no han puesto énfasis en la prevención social de la violencia.

Y tamaña aberración no puede contar con el respaldo, así sea pasivo, de los mexicanos, a riesgo de volverse tan cínicos como Calderón y los suyos.

Es preciso exclamar que no es admisible legitimar tal “guerra”, tramada a nuestras espaldas, sino repudiarla con toda la fuerza de muestra indignación para conjurar el “importamadrismo”, como define Rius el peligroso silencio que se impone entre los mexicanos.

En efecto, Eduardo del Río, el gran monero Rius, ha convocado junto con otros mexicanos a manifestar, pacíficamente, el descontento y frustración ante la “guerra” que Calderón inició, en diciembre de 2006, contra la delincuencia organizada y que ha cobrado la vida no sólo de delincuentes, sino de centenares de personas --incluidos niños--, llamadas, con toda desvergüenza, “daños colaterales”.

Para asombro de la población, sobre todo la que padece la violencia en su entorno, la cifra de muertos crece día a día, pero también la impotencia y el desdén: “Nos están llevando a un estado de importamadrismo”, lamenta Rius.

Y sí: El ejecutómetro provoca eso, pero por eso se convoca a una campaña de “no más sangre” para convertir el silencio de millones de mexicanos en un sonoro grito que, si no hace desistir a Calderón, al menos que le haga manifiesto el hartazgo de su “guerra”.

Nacida del talento de los moneros, que en la historia de México han mostrado un incorruptible compromiso social, la campaña ciudadana comenzó este lunes 10 con un diseño del joven Alejandro Magallanes, quien a un “No” en mayúsculas colocó el signo de más y enseguida una mancha escarlata que simboliza la sangre.

El dibujo es un clamor: ¡No más sangre!

Apuntes

La incorporación de Juan Molinar Horcasitas a la estructura del PAN y la virtual candidatura de Luis Felipe Bravo Mena al gobierno del Estado de México, como aquí se anticipó, confirman la degradación a que ha llegado ese partido por capricho de Calderón, porque se premia a quienes tienen las manos manchadas de sangre: Molinar, responsable de la muerte de los niños de la guardería ABC de Hermosillo, Sonora, y Cecilia Romero, ascendida a secretaria general tras el asesinato de 72 indocumentados centroamericanos.

Comentarios: delgado@proceso.com.mx

domingo, 9 de enero de 2011

ENCINAS Y LA JUSTICIA ELECTORAL

Miguel Ángel Granados Chapa

MÉXICO, D.F., 9 de enero.- Como corresponde a un hombre que ha hecho de la militancia congruente una forma de vida, la probable candidatura de Alejandro Encinas al gobierno mexiquense ha suscitado un gran entusiasmo político, como se vio en el pequeño círculo dirigente de los partidos que lo apoyarían, el miércoles, y al día siguiente en los mítines mexiquenses en que compartió ovaciones con Andrés Manuel López Obrador.

Está por establecerse el modo en que será candidato Encinas, cuya inclusión en el proceso local de ese estado, idea inicial de su exjefe, dio al traste con la alianza del PAN y del PRD, puesto que la hizo imposible para el perredismo. Habrá una coalición, la de los partidos que postularon a López Obrador a la Presidencia de la República, que en esa entidad obtuvo en 2006 más de 1 millón 800 mil votos, pero es poco probable que a esa alianza se agregue el PAN. Tenía sentido forjarla con el partido que gobierna el país para derrotar al PRI, pero ello no se conseguiría ni remotamente con candidaturas divididas de los partidos llamados de izquierda. De su actitud inicial en que dividía a sus partidos, la sagacidad política de López Obrador lo ha llevado a promover su unidad, en torno a un candidato de su confianza y la de todos.

Para cuando se recorra el camino político para su postulación, es probable que Encinas tenga ya plena seguridad sobre el cumplimiento de los requisitos que lo hagan elegible. Pondría en riesgo la gobernabilidad del estado el que el desempeño del jefe de los diputados perredistas y sus variados apoyos le consiguieran la victoria y ésta no pudiera legalmente consumarse porque el candidato no satisfizo la condición de residencia que la Constitución local establece.

Salvo que ese documento fijara en 1993 requisitos diversos de los que actualmente rigen, el registro de la candidatura de Encinas en aquel año podría constituir un inequívoco antecedente, una prueba plena de que cumplió entonces esa condición legal, y puede sustentarse que la cumple también ahora. Y es que el haber residido durante cinco años en el Estado de México para ser candidato a gobernador es requisito cumplible en cualquier tiempo, no inmediatamente antes del día de la elección. Encinas ya probó haber sido residente y, por lo tanto, ciudadano mexiquense, y no ha incurrido en ninguna de las causas por las que tal condición se pierde.

Claro que las circunstancias de la competencia electoral hace 17 años eran en esa entidad muy otras de las vigentes hoy, y acaso por ese motivo no se consideró necesario exigir de modo estricto cumplir los requisitos de elegibilidad. En aquel tiempo el gobierno mexiquense apenas comenzaba a abrirse a la presencia opositora, especialmente la de Acción Nacional. Los candidatos antagónicos carecían de la mínima probabilidad de triunfar, y al cinismo legal del gobierno le daba lo mismo si esos apóstoles eran elegibles o no.

Apenas en 1981, y con tintas pálidas, comenzó a trazarse el panorama electoral competitivo mexiquense. Alfredo del Mazo González obtuvo 62% de los votos, contra 6.1% del aspirante panista y sólo 3.1% del candidato comunista. Seis años después la votación panista casi se duplicó, para llegar a 11.3%, pero la maquinaria priista asignó el 72.9% a Mario Ramón Beteta (quien incumplió el requisito de residencia). El actor y activista Carlos Bracho, candidato de la izquierda, avanzó a 8.8%, que en números absolutos daba una cifra inimaginable para un partido marginal: 175 mil votos.

En 1993 el joven (no llegaba todavía a los 40 años) diputado federal Encinas superó en cien mil votos la cifra de Bracho, aunque se quedó en el mismo nivel porcentual. Contendió contra Luis Felipe Bravo Mena, quien obtuvo más de medio millón, y con Emilio Chuayffet, quien se aproximó a los 2 millones de votos.

Chuayffet dejaría a medio camino su gubernatura y luego sería secretario de Gobernación, de donde fue depuesto y sometido a un breve ostracismo del que se repuso con sendas curules en 2003 y 2009. Bravo Mena encabezó el partido que arrebató al PRI la Presidencia, y luego de ser embajador ahora es secretario privado de Felipe Calderón.

La vida política de Encinas fue más rica y sorprendente si se considera que todavía a mediados de los años 90 las posibilidades de gobernar estaban vedadas para la izquierda. Pero con el triunfo de Cuauhtémoc Cárdenas en el DF en 1997 muchos militantes empezaron a cursar una carrera gubernativa. Con ese jefe de Gobierno, Encinas fue secretario del Medio Ambiente. Con López Obrador sería después secretario de Desarrollo Económico y subsecretario y secretario de Gobierno, hasta suplirlo en la jefatura de la administración capitalina en julio de 2005.

Cinco años antes, sin embargo, había sucumbido de nuevo a la tentación electoral, esta vez con perspectivas halagüeñas. Apoyado por el mayor número posible de partidos (más que los que postulaban a López Obrador) buscó ser jefe delegacional en Álvaro Obregón. Como se sabría después por confesión propia, el empresario argentino Carlos Ahumada apoyó financieramente la campaña de Luis Eduardo Zuno, el candidato panista que trampeó y logró que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación ratificara su triunfo, aunque apenas le reconociera poco más de 500 votos de diferencia.

Toparía Encinas de nuevo con ese tribunal en 2008. Luego de su satisfactorio desempeño como jefe de Gobierno, y su sagaz combinación de autoridad de todos y militante de la causa de López Obrador, adquirió una gran presencia y sólida reputación dentro del PRD, que lo llevó a disputar la presidencia del partido. Lo hizo contra Jesús Ortega, quien por enésima vez buscaba esa posición y no se paró en barras para obtenerla esta vez. Al cabo de un sucio proceso electoral, que debió ser anulado dadas las trapacerías que lo caracterizaron, los magistrados de la Sala Superior del Tribunal Electoral ungieron jefe del partido a Ortega, con lo que la fractura perredista, visible durante las campañas internas, se ahondó hasta casi partir en dos a ese partido.

Asegúrese pues Encinas, y estén seguros también sus postulantes, de que su elegibilidad no ofrecerá un flanco débil que lo prive de un triunfo claramente obtenido, como ocurrió en los dos momentos recordados. No se expongan a perder en oscuras oficinas lo que acaso obtengan en la transparencia de las urnas.

¡Ya basta de sangre!